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Denunciar la corrupción del robo de bebés y menores en España tiene un precio muy alto
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Denunciar la corrupción del robo de bebés y menores en España tiene un precio muy alto

Consuelo García Cid, denunciante del robo de bebés del franquismo y acusada de calumnias por denunciar que el hurto continua hoy en los centros de menores tutelados con el amparo de jueces y de los propios servicios sociales

lunes 21 de septiembre de 2020, 14:14h

Desde que el pasado 22 de junio Consuelo García Cid se sentó en el Juzgado de lo Penal nº1 de Madrid como acusada por la Fiscalía de haber calumniado en una conferencia que dio en el Senado al presidente de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Tarragona, Antonio Carril Pan, no las tenía todas consigo de salir impune.

La autora del libro «El desmadre de los servicios sociales» y denunciante del robo de bebés durante el franquismo dijo el 28 de mayo de 2017 durante su intervención que "magistrados octogenarios aplican el derecho de una manera autárquica y parcial en casos de menores tutelados en España”.

Allí señalaba al juez signado en varias investigaciones como numerario del Opus Dei, y muy cercano a la Iglesia Católica, por «evitar de forma inconstitucional el traslado de dichas causas al Tribunal Supremo y debido a que la falta de competencias es un derecho de gravedad y trascendencia jurídica por ser un claro indicio de prevaricación”.

El latido de Consuelo García Cid no le ha fallado. La sentencia la obliga a pagar una multa de 3600 euros más las costas (de los 8000 que se le pedía en su día), por calumniar al magistrado al decir que “estaba entorpeciendo una investigación en profundidad sobre el robo de bebés”.

Según la resolución, "no deja lugar a duda" la "clara voluntad" de la escritora de "poner en entredicho" el "prestigio profesional" del juez "imputándole de forma directa la comisión de un delito cuya realidad o veracidad no ha sido probado". Por ello la condena por un delito de calumnias a una pena de 12 meses de multa a razón de una cuota diaria de 10 euros.

Cuando claudicar no es posible

Pero la reconocida activista no piensa tirar la toalla. Ya ha recurrido la decisión y ha abierto una petición en change.org para pedir el indulto al gobierno. “Nunca pensé encontrarme en esta situación por una conferencia y un libro. Pase lo que pase, seguiré luchando. Voy a llegar al final de todo este sistema deshumanizado que vulnera los derechos humanos más elementales. Esta sentencia supone que tendré antecedentes penales por decir la verdad y contar la realidad actual del sistema de retirada de tutelas y es algo contra lo que voy a luchar con todas mis fuerzas”.

Consuelo García Cid, quien reconoce no ser más “que una escritora inmersa en el activismo social”, describe cómo hasta que ha salido el juicio ha vivido “tres años un puro infierno”, que ahora continúan con la sentencia. “He vivido en mis carnes una realidad que desconocía: la persecución judicial”. Por eso pide públicamente perdón a aquellas personas que la avisaron de que esta realidad existía. “Denunciar la corrupción del robo actual de bebés y menores en España tiene un precio muy, muy alto. A quienes en su momento negué que esto pudiera existir, tengo que pedirles perdón”.

Para esta denunciante encerrada de niña, sin haber cometido delito alguno, en un reformatorio de las Adoratrices (cárcel que pertenecía al Patronato de Protección a la Mujer, la institución franquista que se creó en 1941 y donde se cuidaba por las mujeres consideradas como descarriadas), la libertad de expresión no existe en España. “Han ido a mi yugular. A matar a la mensajera. No soy una criminal y como tal se me trata con esta sentencia”.

Una sentencia que tal y como reconoce la activista “no es nada fácil de llevar” ya que se convierte “en un proceso de humillación personal demoledor. No soy una heroína ni aspiro a reconocimiento alguno, pero tampoco a cargar con antecedentes penales”.

El robo franquista que continua en democracia

También añade que si ella se ha metido “hasta las trancas en esta lucha” es porque su pasado en reformatorios franquistas por desgracia no se ha cerrado. “He comprobado que estamos ante la extensión de lo que he vivido. Conmigo se ha cometido una enorme injustica por denunciar un sistema que por desgracia sigue siendo actual. He aprendido que por más que se hable de la memoria histórica si se toca y se une a la actualidad, estamos muertas”, subraya.

Y es que la reconocida feminista relata -tanto en su libro como que en la exposición que hizo en su día en el Senado- que lo único que hace es destapar lo que no se quiere destapar. “Expongo la realidad actual del sistema de menores tal y como es. Un sistema que parte de un contexto de memoria reciente en el que llevo trabajando sin descanso desde el año 2012. Han cambiado las formas, pero no el fondo”.

Para la entrevistada su sentencia tiene mucho que ver con que la Iglesia sigue metiendo las manos en la felicidad de bebés, niñas y niños en los centros de menores. “Las congregaciones del pasado auspiciadas por el patronato de protección a la mujer gestionan ahora los centros de menores, se reconvirtieron en ONGs y cobran subvenciones. En los centros de acogida deciden quién puede ser madre y quién no. Ahora no es necesario mentir a las madres con aquello de que "tu hijo ha muerto", simplemente se lo quitan a pie de hospital delante de sus narices”, destaca.

García Cid también destapa el negocio que hay detrás y por el que cuenta se paga “por cada menor tutelado de 3.000 a 9.000 euros mensuales dependiendo de la comunidad autónoma. Inicialmente se pagan 3.000 euros, pero la cantidad aumenta con la problematización del niño o la niña tutelada. En un centro de reforma la cantidad sube, y en un terapéutico llega a 9.000 al mes. Nadie atiende el llanto de los niños, que quieren volver a casa. Nadie ayuda a las madres, destrozadas, inmersas en un sistema que inicialmente desconocen y no saben cómo defenderse”.

Por todo ello la activista tiene claro que le cueste lo que le cueste, no va a claudicar en su batalla. “Hacerlo no solo sería fallarme a mí misma sino también a todas esas niñas y niños a los que se les sigue robando la infancia, pero también su vida futura. Pararme sería también fallar a las madres a las que se les sigue arrancando de sus brazos a quienes son sangre de su sangre. Madres que en muchos casos no aguantan tanto dolor y acaban suicidándose”, finaliza.

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