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La furia de las mexicanas que quieren romper el patriarcado

La furia de las mexicanas que quieren romper el patriarcado

miércoles 16 de septiembre de 2020, 15:16h

Andan con la rabia a flor de piel y con las heridas supurando sin curación posible. La culpa de su estado no la tienen ellas, por más que se la echen. La tiene el patriarcado. Un sistema que permite que en México cada día 10 hombres asesinen a 10 mujeres y no pase nada y que ha hecho que el pasado 2 de septiembre la impotencia de las mexicanas se convirtiera en proclama.

Ese día Marcela Alemán (madre de una niña violada con solo cuatro años en 2017), se ató a una silla en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, entidad gubernamental que “supuestamente” protege los derechos humanos, y que en el caso de su hija dicha organización no hizo nada. Junto a ella estaba Ni una Menos, el colectivo de víctimas -entre el que se encontraba Yesenia Zamudio- o la hija de Erika Martínez que tenía 7 años cuando el hermano de su padrastro la violó y tras denunciarlo se quedó sin vivienda (tres años después el agresor sigue libre y Erika y su hija sin casa).

La niña (hoy con 10 años) pintó el cuadro de Francisco I. Madero (líder de la revolución mexicana de 1910) que estaba al interior de la Comisión. El presidente mexicano López Obrador calificó la acción de puro "vandalismo" a lo que la madre respondió frente a la imagen: "Quiero decirle a ese presidente que tanto se indigna por este cuadro, ¿por qué no se indigna cuando abusaron de mi hija?”.

Autodefensa ante la ofensa impune

Desde entonces el movimiento feminista es el grano en el culo del gobierno mexicano ya que la toma de centros se ha extendido por todo el país y le exige, entre otras cosas, reconocer la gravedad de los feminicidios, que se emita una alerta nacional contra la violencia de género y se implementen políticas públicas para eliminar el discurso patriarcal de la clase política.

Y es que como explica a La Hora Digital, Arussi Unda portavoz del colectivo feminista de Veracruz Las Brujas del Mar, cuando no se respeta a la mitad de la población hay que sacar la rabia y convertirla en estrategia de defensa. “La rabia sin camino no llega a ningún lado. Para nosotras, la rabia es lo que nos hace aguantar la tristeza, lo que da empuje, pero debe ser gasolina para la cabeza. Estrategia, templanza, paciencia. Son cosas que hemos debemos aprender en el camino para darle fondo a la forma”.

Un aprendizaje que les está haciendo vivir en primera línea el acoso del propio gobierno que pretende hacer caer su protesta con la brutalidad policial y con la complicidad naturalizada que tiene en la propia violencia contra la mujer. “No hablamos sólo de los nexos directos entre el crimen y el Estado, sino también de la omisión, la impunidad y la corrupción que colaboran dando permisividad a las violencias feminicidas. Los casi nulos presupuestos para combatir la inequidad, el desmantelamiento de los programas dirigidos a las mujeres, la criminalización del movimiento feminista, el que no se reconozca siquiera esta crisis... todo, los hace cómplices”, destaca Arussi Unda.

Es más, cuando estas feministas ven que sus autoridades se sienten más ofendidas por cuadros, que, por las vomitivas e innumerables violaciones y feminicidios, responden que el machismo y la misoginia en México las ubica como objeto y no como sujeto. “Y aún dentro de esa categoría en la que se nos ha puesto, hay objetos más valiosos que la vida y la dignidad de las mujeres. El consumismo, el capitalismo, donde los bienes representan más valor que las personas. Lo acostumbradas que estamos a no poder imaginar otra realidad, una donde no tengamos la bota en el cuello, donde no nos asuste la lucha por nuestra libertad. La desconfianza que ha sido sembrada desde hace tanto que cuando vemos a personas levantarse por una causa justa, lo asociamos con el discurso del “cambio” que se ha vuelto el slogan de campaña política más gastado y no es fácil creerlo. La sociedad mexicana está muy lastimada y muy viciada, sostenida por el patriarcado”.

Una opinión que también comparte la activista Sheccid Guadalupe Gómez Mendoza cuyo hilo en su perfil de Twitter sobre la toma de la Comisión Nacional de Derechos Humanos dio la vuelta al mundo. Es lo peor que podemos sentir, que se esté armando una revolución y a la gente le importe más un monumento o un cuadro que una vida, diciéndonos que esas no son “las formas” y pidiéndonos el respeto que claramente las mujeres no recibimos en el país. En el país se romantiza mucho la historia mexicana, que sabemos fue violenta, pero no se logra aceptar esto, es muy doble moral y triste”, relata.

De la capital a los pueblos

Mientras los días pasan cada vez son más las tomas que las feministas están haciendo en todo México. Sin embargo, el resultado no está siendo el mismo en la capital que en otros lugares. “Allí se tiene un desarrollo muy diferente al de todas las demás ciudades, tiene un entendimiento distinto sobre las luchas sociales, tiene incluso una cultura de la manifestación. En Veracruz es muy extraño ver marchas, todavía más extraño que estas marchas superen ochenta, a lo mucho cien personas. Nosotras vivimos en un estado muy partidista, muy pobre y con mucha presencia religiosa, con escuelas para señoritas, con tradiciones conservadoras. Salir a tomar las calles por el aborto, por ejemplo, no junta a más de 50 mujeres que recibimos gritos e insultos de las personas que transitan en nuestro recorrido. Vivimos también en uno de los estados más peligrosos para ser mujer en México, primer lugar en feminicidios en 2019 y segundo en lo que va del 2020. No nos parece que sea casualidad esto ante esa suma de factores”, recalcan desde Las Brujas del Mar.

Es más en la cruzada contra el patriarcado está sonando mucho la proclama de Yesenia Zamudio de “la que quiera romper que rompa y la que no, que no estorbe”, ya que dichas feministas se encuentran con la resistencia de muchas mujeres. “Hay muchísimas que dicen no ser representadas por los colectivos que han estado en marchas y tomas. Es triste que no vean el cambio que se quiere lograr y que no es con un fin negativo y jamás lo será, por eso siempre les dicen que, si les llega a pasar algo, las representen o no, ellas serán las primeras en pedir justicia por ti. Hay muchas que son feministas y no quieren romper o quemar y se respeta, pero tampoco deben meter con las que sí, cada quien puede llamar la atención como mejor le parezca (obvio unas tendrán más impacto que otras), ya sea con un grafiti en un movimiento o un hilo el Twitter, ambas formas son maneras y se deben aceptar a mi parecer”, reclama Sheccid Guadalupe Gómez Mendoza.

Por su parte desde Veracruz añaden que están en medio “de una batalla muy dura con un patriarcado conservador cimentado y difícil de extirpar y un nuevo patriarcado llegando con mucha fuerza haciendo mímica de discursos que nos parecen conocidos desde el feminismo, desarticulando desde adentro. En un país feminicida y con un Estado ausente, las prioridades de la lucha cambian cada día, los recursos se agotan, y no queda más que resistir y seguir. Andrea Dworkin decía que entre más cerca estemos del núcleo del patriarcado más fuertes serían sus embestidas. Esperamos sea verdad, pues de ser así estaríamos muy cerca”.

“Solo nos tenemos a nosotras”

Sea como fuere lo que todas ellas tienen claro es que esta toma simbólica es diferente en todo a otras acciones previas del movimiento feminista mexicano. “Queremos convertir la Comisión Nacional de Derechos Humanos en un refugio, llenando una ausencia. La valentía de tomar lo que se supone es nuestro casi arrancándoselo de las manos al Estado, lo disruptivo, lo humanizante, lo difícil que es ignorarlo, la desesperación, la colectividad, las madres, las víctimas, las mujeres. El mensaje es fuerte y claro. Sin embargo, lo ocurrido en Ecatepec también dio un mensaje importante, lo que comentábamos sobre la diferencia entre las periferias y la capital. El peligro que habita en las mujeres que vivimos en otros contextos”, cuenta Arussi Unda.

Preguntadas sobre cómo se cambia un país que maltrata a sus mujeres desde Veracruz nos responden que a veces creen que pelean por algo imposible. “El machismo está muy arraigado en nuestra historia, costumbres y tradiciones. Las redes de mujeres son las que están salvando vidas, solo nos tenemos a nosotras por ahora, es por esto que nuestra esperanza está puesta en el despertar de consciencia colectiva entre mujeres y en la organización conjunta. Accionar como una masa homogénea y reconocernos. Educarnos y cuestionarnos, dar con las respuestas para elaborar estrategias que abonen a nuestra emancipación”.

Por su parte Sheccid Guadalupe Gómez Mendoza cree que responder a esta pregunta es lo más difícil. “Yo creo que ya va de raíz, esto será cosa de como nuestra generación vaya cambiando su forma de pensar y así eduque a sus hijos, para que después estos hijos eduquen a los suyos y así vaya cambiando la educación machista y misógina que se da en México, porque al final de todo también el problema es también como se están educando a los niños, normalmente se enseña más a la niña a cuidarse que a los niños a respetar y eso jamás debería ser así”.

Mientras todo esto llega las entrevistadas tienen claro que no van a rendirse, que viven y protestan como canta la canción sin miedo, para hacer caer con fuerza a los feminicidas y para hacer que paguen las cuentas los victimarios. “Vamos a llegar hasta donde se tenga que llegar. Hasta donde sea necesario, hasta que se haga justicia. La lucha sin agenda, sin entendimiento de las raíces de las violencias que nos atraviesan, sin información, sin organización, sin redes, sin teoría, sin pensamiento crítico, sin colectividad, esencialista, relativista e individualista no responde a la lucha por la liberación de las mujeres. Armémonos con todo lo que el patriarcado nos ha negado históricamente, y encontraremos juntas un camino más claro que seguir en esta lucha”, finalizan.

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