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Casado hoy, también se ha vuelto rehén de la corrupción
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Casado hoy, también se ha vuelto rehén de la corrupción

sábado 12 de septiembre de 2020, 18:24h
Casado lleva dos años siendo rehén de la extrema derecha y a día de hoy, también se ha vuelto rehén de la corrupción de su partido. Hace unos pocos años, algunos politólogos, opinadores y comunicadores a sueldo, afirmaban taxativamente, que la histórica división ideológica entre izquierdas y derechas había pasado a mejor vida en nuestro panorama político. "Nuevos líderes” como Pablo Iglesias y Albert Rivera, que intentaban por cualquier medio hacerse un hueco entre los dos formaciones que se alternaron en el Gobierno de España desde 1982, abrazaron por puro tacticismo este nuevo dogma político que negaba la existencia de esos dos bandos opuestos. Hoy sin embargo, tenemos dos grandes bloques y Vox. Y hoy, también sabemos que España necesita una Oposición leal y responsable para reconstruirse tras la pandemia. Pero el líder del principal partido de la Oposición, Pablo Casado, ya no sólo es rehén de la ultraderecha, también lo es de la corrupción de su partido. No en vano fue jefe de Gabinete de Aznar y estaba en primera línea del partido durante los casos de Gürtel, Bárcenas, Púnica, Rato, y ahora Kitchen, entre otros.

En la actualidad, de los dos grandes bloques deológicos, la derecha política defiende ciertos valores como son la autoridad, la identidad nacional, el orden, la seguridad, cierto militarismo, la tradición, la religión, el conservadurismo y la libertad económica, entre otros. Mientras las izquierdas, por contra, dan prioridad a otro tipo de valores como pueden ser, el progreso, la igualdad jurídica, el respeto de las minorías, el respeto a lo nacional e internacional, anteponer el bien común al bien individual, la solidaridad y la justicia social

Unos seis años después de irrumpir UP y Cs, hemos observado que para dar cierta estabilidad económica y de gobernabilidad en España se necesita más que nunca, unos partidos políticos fuertes, coherentes con sus propios votantes, con espíritu de Estado y que sean leales al Gobierno legítimo de España. Necesitamos más que nunca una Oposición -con mayúsculas- leal y responsable para ayudar a la reconstrucción nacional que España necesita, urgentemente, para revertir los efectos negativos producidos por la pandemia sanitaria.

¿Y con qué nos encontramos?

Tenemos un Gobierno legítimo pero relativamente frágil puesto que no dispone de las mayorías legislativas necesarias para poder sacar adelante su programa de gobierno, PGE incluidos, de forma rápida que es lo que se necesita en la coyuntura actual.

Una oposición radicalizada cuyos partidos mayoritarios son, una organización como el Partido Popular, que a mi entender, tiene como único fin el enriquecimiento por cualquier medio de sus dirigentes, y un partido filo franquista y de ultraderecha como es VOX.

En este momento ambos partidos se comportan como organizaciones anti sistema. Les gusta mucho hablar de la Constitución, pero no respetarla. Su enfermedad de radicalidad y odio, les impide soportar cualquier sistema político en donde la tan odiada y temida izquierda pueda detentar el poder Ejecutivo.

Por no hacer de un pequeño artículo de opinión un ensayo político, voy a dejar fuera la referencia al resto de partidos minoritarios de derechas, izquierdas, nacionalistas e independentistas de todo signo, que con toda legitimidad, casi siempre, defienden las ideas por las cuales millones de ciudadanos les votaron.

De Vox tampoco quiero añadir nada, puesto que estoy plenamiente convencido que nunca se les tenía que haber dado tanta visibilidad en muchos medios de comunicación que solo buscaban ruido y audiencias sin pensar en las consecuencias de sus acciones. Sigo pensando, y cada vez más, que VOX es un partido fascista y franquista y que no debería de existir pese a que le voten muchos ciudadanos. También se les votaba a los nazis.

Bien, pues hablemos de la formación política que por ser el segundo partido en representatividad en nuestro país, debe de asumir el rol de una leal Oposición -con mayúsculas-. Hablemos del Partido Popular, de ese partido que durante varias legislaturas ha ejercido el poder en España.

Hablemos de ese partido cuyas siglas van unidas, desde hace unos 15 años, a casos flagrantes y probados de corrupción y podredumbre como son el Caso Andratx, el Caso Arena, el Caso Baltar, el Caso Bankia, el Caso Biblioteca, el Caso Bitel, el Caso Blesa, el Caso Bomsai, el Caso Bon Sosec, el Caso Brugal, el Caso Barcenas, el Caso Caballo de Troya, el Caso CAM, el Caso Camps, el Caso Campeón, el Caso Carioca, el Caso Cementerio, el Caso Conde Roa, el Caso de la Construcción de Burgos, el Caso Cooperación, el Caso Ciudad del Golf, el Caso Lino, el Caso Roblecillo, el Caso Emarsa, el Caso Fabra, el Caso Faican, el Caso Funeraria, el Caso Guateque, el Caso Gúrtel, el Caso Hugel, el Caso Ibatur, el Caso Lasarte, el Caso Liber, el Caso LifeBlood, el Caso Madeja, el Caso Naseiro, el Caso Noos, el Caso Orquesta, el Caso Over Marqueting, el Caso Palma Arena, el Caso Parques Eolicos, el Caso Patos, el Caso Piscina, el Caso Pitusa, el Caso Plan Territorial, el Caso Pokemon, el Caso Porto, el Caso Punica, el Caso Rasputin, el Caso Rato, el Caso Salmon, el Caso Scala, el Caso Terra Natura, el Caso Torres de Calatrava, el Caso Tótem, el Caso Troya, el Caso Turismo Joven, el Caso Túnel del Soller, el Caso Undangarín, el Caso Umbra, el Caso Zamora, el Caso Zeta... y que ahora con el caso Kitchen vuelve a estar en el candelero mediático y no es precisamente para bien, sino más bien al contrario. Hablemos del primer partido de la Oposición, que actualmente tiene abiertas 11 causas en sede judicial por corrupción.

Es verdad que siendo objetivo, el resto de formaciones políticas tienen también pendientes casos de corrupción y de corruptelas varias. ¡El que esté libre de culpa que tire la primera piedra! Pero una cosa es que como en cualquier organización formada por seres humanos haya personas que cometan delitos, y de esto nadie se libra, ni las organizaciones sindicales y patronales, ni los clubs deportivos, ni las ONG, ni las diferentes organizaciones religiosas, ni las empresas, ni las comunidades de vecinos…Ni siquiera las familias de sangre pueden presumir de no de tener en su seno personas corruptas y delictivas. Es la naturaleza humana.

Pero convengamos en que hay un gran diferencia en que un individuo perteneciente a una organización cualesquiera, delinca y utilice dicha organización para sus fines ilegales, que constituir desde el principio una organización cuyo fin último sea el enriquecimiento de sus líderes, por cualquier medio, incluyendo tantas prácticas ilegales como sean necesarias. Es lo que a mi entender ocurre con el Partido Popular a tenor del historial delictivo que se extrae de tantos sumarios y diligencias judiciales abiertas, tanto como partido, como instituciones lideradas por sus dirigentes y que resultan esquilmadas y saqueadas, como ejemplo pongamos la Sanidad Pública madrileña, cuyas consecuencias tan nefastas están siendo a la hora de contener la pandemia del Covid.

Sé que es una afirmación dura, pero, insisto, el PP debería de ser ilegalizado. Son demasiados años cometiendo delitos de forma impune, utilizando las instituciones del Estado para, presuntamente, acometer ilegalidades en contra de sus adversarios políticos. Es algo de extrema gravedad, que hoy, de nuevo, los medios estemos hablando de la “policía política” , del caso Kitchen, que se dedicaba a mantener engrasadas las cloacas del Estado. Los dirigentes populares no sólo es que hayan utilizado las cloacas del Estado, sino que a tenor de los Sumarios judiciales que se están filtrando a la prensa estos días, en sus años al frente del Gobierno, han intentado hacer del propio Estado una gran y fétida cloaca en donde han chapoteado libremente durante varios lustros, como alimañas de todo tipo sin consecuencia ninguna.

No podemos esperar más, necesitamos un partido democrático limpio que defienda las legítimas ideas conservadoras y liberales de muchos de mis conciudadanos, y que cuando acceda al Gobierno no utilice las instituciones del Estado como si España fuera un cortijo de su propiedad , y que cuando se encuentre en la Oposición -con mayúsculas- sea capaz de estar a la altura y lidere con responsabilidad un legítimo control de forma leal al Gobierno de turno.

Por desgracia, estoy convencido, que en realidad nunca hemos tenido desde hace casi 40 años, un verdadero partido democrático de derechas español. El legado de cuarenta años de dictadura franquista, y muchos de los añejos apellidos de la época que siguen en la política, pesan demasiado en esta sufrida España nuestra que desea formar parte del progreso y del futuro pero que los grilletes franquistas le pesan demasiado.

Mientras tanto, el jefe de la Oposición tiene mucho que ocultar, no olvidemos que fue jefe de gabinete de Aznar, cuando llegó a la dirección del PP y fue portavoz, en 2015 ya llevaba diez años en primera línea del PP, durante los años de la corrupción de Gürtel, Bárcenas, Púnica, Rato, y ahora Kitchen, entre otros muchos asuntos judiciales que salpicaron de corrupción a su partido. Llegó a la presidencia del PP gracias a los votos de su mentora, Maria Dolores de Cospedal, hoy en la cuerda floja, junto a Rajoy el ex ministro de Interior Fernández Díez y una serie de cargos del partido. Con estos mimbres ¿qué podemos esperar de la oposición conservadora?. Pues eso, que ni siquiera les ha importado, a diferencia de su familia popular europea, abrazarse a la extrema derecha y meterla en las instituciones. Una extrema derecha, de la que hoy Casado es rehén.

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