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“Contar que tienes cáncer es salvarte la vida a ti y a las demás”
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“Contar que tienes cáncer es salvarte la vida a ti y a las demás”

Entrevista a Maria Martín Romero, presidenta de La Volaera

jueves 13 de agosto de 2020, 12:38h

“Poder para poder”. Ese es el lema de la asociación granadina feminista que preside Maria Martín Romero, reconocida voz que lucha por la emancipación de la mujer desde hace décadas. Tres palabras que, como la mejor semilla, han de brotar siempre de dentro para fuera. Ahora, la maestra y también cantante de “La Marea Granada”, lleva esa frase más grabada aun en su alma. Su batalla como superviviente de violencia de género tiene abierto un nuevo frente: un cáncer de mama. Pero en lugar de temerle se enfrenta a él como una experiencia que no solo le enseñará algo a ella, “sino también a todas las mujeres que puedan verse reflejadas en mi”.

Hay quien como Maria Martín Romero, vive siempre de pie ante la vida. Y es que la presidenta de La Volaera, abre cada día su ropero para vestirse con una sonrisa y calzarse con sabiduría. Ella, hormiguita incansable por la consecución de la igualdad real desde la cultura y la formación, se come la vida por momentos. Y lo hace porque antes la vida se la intentó comer a ella. “Conocí la dura y triste realidad de ser maltratada”, nos cuenta. “En 1994 me casé con mi marido, un médico de alto rango que también lo tenía de maltratador”.

Un victimario al que ella llama “el difunto” y que le hizo pasar lo que no está escrito. “Hubo episodios terribles de violencia física y sexual. Eso me marcó mucho psicológicamente”, recuerda. Tras recoger los pedazos rotos de su vida y pegarlos como pudo, decidió dar el paso de separarse. “Entonces llegó otro calvario. Me dijo que tendría que estar toda la vida trabajando para pagar abogados ya que su intención era hundirme como fuera”.

El calvario de una mujer

Y así fue. Esta reconocida feminista, se afanó como pudo durante años para pagar cada juicio en el que se veía denunciada y sacar adelante a su hija y su hijo que hoy ya tienen 24 y 22 años. “Me pasé años trabajando para pagar abogados”. Tras ese infierno, llegó otro. “El de la violencia institucional. Tuve que rehacerme célula a célula. Hacerme una mujer fuerte y dejar de ser la mujer que se descomponía por el miedo de pensar en la decisión de separarse o que era incapaz de tomar cualquier decisión”.

Decidió que sola no podría salir a flote, acudió a la unidad de ayuda para la mujer del Ayuntamiento de Granada y así descubrió el feminismo. “Lo que una víctima necesita cuando sale del maltrato es volver a sentirse bien, saberse eficaz y capaz de retomar las riendas de su vida. En definitiva, poder tomar decisiones. Y para eso lo básico es tener un trabajo y recibir una asistencia integral. No puedes estar yendo a cuarenta mostradores, recibir un montón de información que no sabes cómo gestionar. No estás preparada para ello”.

Cuando dio este paso, se topó con grandes profesionales que le abrieron los ojos. “Ahí entendí todo lo que me había sucedido. Empecé a meterme en grupos de trabajo para ayudar a otras mujeres. No había sido yo la que había fracasado”. Y desde hace veinte años sigue en la brecha de ayudar a todas las mujeres maltratadas por el terrorismo machista. “Así surgió La Volaera. Me lancé a crear una asociación que hiciera fuertes a las mujeres y sus criaturas ante la violencia machista”. Y eligió una fecha bien representativa. “El 14 de abril del 2014 porque quería coincidiese con la fecha de la constitución de la República. Inscribirse ese día era una declaración directa de mi posicionamiento político y personal”, recalca.

Y así. Día tras día, ha perdido la cuenta de los cientos de mujeres que han pasado por su humilde asociación “que vive de las cuotas de las socias, de donaciones que recibe y del esfuerzo desinteresado de todas las personas que colaboran conmigo. No hemos recibido ni un euro de dinero público porque no quiero depender de ningún color político, solo de mi coherencia feminista”.

La Volaera trabaja con varios grupos: “el de las guerreras que son supervivientes junto a sus hijos. El grupo de los adolescentes que están totalmente olvidados y que viven la violencia de género con angustia y apenas reciben atención. Pasan por una edad en la que no piden asistencia y la necesitan como beber agua e incluso se dan casos muy tristes como que maltratan a su madre y se te encoge el corazón cuando una madre además de haber ido a denunciar a su padre maltratador tiene que denunciar a su hijo”, se lamenta.

Cuando el cáncer aporrea tu puerta

Y como la vida aprieta y también es capaz de ahogar le ha deparado a María una nueva batalla más con la que bregar. La del cáncer. “Lo descubrí al notarme un bulto en el pecho y un cardenal. A mi la muerte no me da miedo. He estado tres veces a punto de morir por embolias pulmonares y otros problemas muy graves. Mi padre me enseñó que en la vida hay que afrontar todo con humor. Él era muy sabio, les dieron siete anginas de pecho, así que yo sigo su ejemplo”.

Y con ese mismo humor ella afronta su diagnóstico. “Ahora estoy venga a ver vídeos de youtube para ver cómo ponerme mejor el turbante”, ríe. “Tras saber lo que tenía y enfadarme porque se me podía haber diagnosticado antes, me puse a pensar en cómo podía ayudar a otras mujeres que como yo estuvieran pasando por lo mismo. Vi el miedo que se tiene a la palabra cáncer y decidí que quería que no se identificara con la muerte sino con un proceso jodido que hay que pasar, pero que, en un tanto por ciento muy elevado, significa la victoria”, recalca.

Una victoria que se logra a pequeños pasos. “Cada quimio que me doy la visualizo como una oportunidad de vida. El veneno que te meten por vena lo siento como la guerrera que mata a las células cancerígenas. El veneno es jodido, pero te da vida”, resalta María. “¡Si se cae el pelo, ya saldrá! Hay que verse guapa sin pelo, porque las mujeres no solo somos pelo. La belleza nace de dentro y tiene que ver con momentos de adaptación a las circunstancias de la nueva vida. Por eso mi cáncer es aprendizaje personal y ayuda colectiva”.

Preguntada qué tiene en común la lucha de una superviviente de violencia machista con su actual batalla, la presidenta de La Volaera no se lo piensa ni un poquito. “Una superviviente es una guerrera. Las mujeres nunca podemos quedarnos estancadas. La la lucha no es solo por mí. El deterioro emocional de una mujer maltratada se supera denunciando, visibilizando. Hay que salir del ostracismo. Hay que contar lo que te pasa, señalar lo que no funciona del sistema. Con el cáncer pasa igual. Contar es salvarte la vida a ti y a las demás”.

Entre quimio y quimio, María Martín no para ni un poquito. “En cuanto me recupero de los mareos y del malestar me pongo a seguir siendo yo. Estoy con mi música, componiendo un disco, escribiendo un libro que se llama Tú mujer. Sigo creando y aportando al mundo. Venimos para dejar huella y la mejor herencia son los recuerdos que puedas dejar. Todo es energía y tú puedes decidir si la usas para destruir o construir. Yo he elegido lo segundo”, finaliza.


Nuria Coronado Sopeña es periodista, conferenciante, organizadora de eventos y formadora en comunicación con perspectiva de género. Autora de Mujeres de Frente y Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste); Comunicar en Igualdad (ICI). @NuriaCSopena
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