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Graffiti de la película de Mabel Lozano
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Graffiti de la película de Mabel Lozano (Foto: Movie)

Contra la "trata", abolición de la prostitución

jueves 30 de julio de 2020, 13:52h
España es un país pionero en leyes antidiscriminatorias por razón de sexo; hemos sido ejemplo para otros muchos países con nuestra Ley de Igualdad, nuestra Ley integral contra la Violencia de Género y otras más. Sin embargo, contradictoriamente, somos un país en el que la demanda de sexo de pago tiene unas dimensiones enormes, superando los porcentajes de hombres de países del entorno que acuden al sistema prostitucional. El feminismo tiene en su agenda la abolición de la prostitución...

El feminismo tiene en su agenda la abolición de la prostitución porque las feministas entendemos que es una forma de ejercer violencia sexual sobre las mujeres y un país que lo consiente, profundiza en la desigualdad entre mujeres y hombres.

La violencia sexual es considerada una forma de violencia de género por el Convenio de Estambul, ratificado por España en el mes de junio de 2014. Como consecuencia de la ratificación del Convenio, tenemos la obligación de legislar al respecto, obligación que se cumplimentará al menos en parte cuando se apruebe la anunciada ley de Libertad sexual, que mejor debería llamarse ley contra la violencia sexual, porque eso es lo que debe afrontar, la lucha contra toda violencia sexual.

La violencia sexual se ejerce fundamentalmente sobre las mujeres y se ejecuta por los hombres, nada menos que en un 97% cuando se trata de violencia sexual sobre menores. A su vez, no todos los menores la sufren en la misma medida: el 75% de las víctimas de abusos sexuales son niñas.

Las víctimas raramente denuncian; según la ONG Save the Children, en el estudio titulado “Los ojos que no quieren ver”, en España se denuncia solo el 15% de los casos y que el 70% de las denuncias no supera la fase de investigación. Este dato requeriría un análisis detallado, porque es la prueba de la incredibilidad del relato de las mujeres en sede judicial, pero excede del objetivo de este artículo.

Vivimos en una sociedad en la que el capitalismo neoliberal se ha propuesto obtener de la industria del sexo, la prostitución, la trata de seres humanos y la pornografía, grandes beneficios. Las víctimas de esta política patriarcal y cruel son las mujeres y las niñas. Y desde hace unos años venimos observando cómo se realizan campañas en medios de comunicación e incluso en ámbitos intelectuales como son las universidades, en las que se trata de extender la idea de que la prostitución es un trabajo y que lo mejor para las mujeres prostituidas es que se regule.

La prostitución es violencia sexual. No es posible tener en un lugar principal de la agenda feminista la lucha contra la violencia sexual, las manadas etc., y no estar en contra de la prostitución. Es lo mismo en ambos casos: el acceso al cuerpo de las mujeres se lleva a cabo como un derecho del hombre, con pago o sin él. En la prostitución, el deseo masculino se impone mediante un precio entre personas desiguales, y fuera de la prostitución, se impone mediante el empleo de la fuerza o la intimidación.

El consentimiento está viciado cuando hay necesidad. Como señala Amelia Valcárcel: “No siempre el consentimiento legitima una práctica, ni mucho menos la convierte en un trabajo.” Y a ello se puede añadir que tampoco el consentimiento de las partes es razón suficiente para legitimar una conducta en una sociedad democrática.

Hay quien dice: La prostitución es un trabajo y por eso hay que regularlo. NO. También lo es el trabajo infantil, pero eso no significa que haya que regularlo, sino que se abolió, se prohibió. Esa no es la cuestión, por tanto. La prostitución es una actividad que genera grandes ingresos a la industria del sexo por medio de la explotación de mujeres y niñas. Para el abolicionismo, la prostitución no se puede comparar a ningún trabajo, porque es el núcleo de la dominación masculina: elijo, pago y puedo hacer lo que quiero.

Estamos ante una institución patriarcal que es puramente masculina. Es antigua, ciertamente, como antigua es la discriminación de las mujeres, y en la actualidad el capitalismo la ha convertido en una gran industria transnacional a costa de la explotación sexual de mujeres y niñas. Y esto es violencia sexual.

Para la mayor parte de las mujeres inmersas en el sistema prostitucional, es economía de supervivencia, es una forma de conseguir ingresos dentro de los circuitos de la economía informal. Cuando aumenta el bienestar en la sociedad, disminuye el número de mujeres autóctonas prostituidas y aumentan las mujeres extranjeras. Por tanto, hay que sancionar a los puteros y a los proxenetas y hay que establecer recursos suficientes que permitan a las mujeres que lo deseen salir con seguridad de las redes de prostitución.

El proxenetismo es el tercer negocio ilícito que más beneficios proporciona después del narcotráfico y de la venta de armas. Por eso el negocio de la prostitución tiene que crear cuanta más demanda de sexo mejor. Por ello muchos de nuestros adolescentes que ni tan siquiera llegan a jóvenes, que acceden sin control a pornografía violenta en las redes, se inician en el sexo acudiendo a prostíbulos. Aprenden mala sexualidad sí, pero sobre todo aprenden que en las relaciones sexuales el que paga, manda y la que cobra, obedece. ¿Cómo conciliamos esto con nuestra Ley de Igualdad, si estamos permitiendo que se desarrollen relaciones de poder y de dominación de nuestros chicos con las chicas, de los hombres con las mujeres?

El capitalismo ha creado las condiciones para convertir determinados deseos en derechos. En este caso los deseos de placer se han trasformado en derecho a tener sexo pagado. Yo pago y tú me das lo que quiero. Y así, muchos hombres acceden por precio al cuerpo de mujeres y niñas, que muchas veces son menores y muchas veces proceden de la trata de personas. Pero eso no interesa mirarlo.

En la prostitución convergen todas las manifestaciones de violencia que sufren las mujeres: violencia física, psicológica, sexual, verbal, económica e institucional. Cuando decimos que es un trabajo que se debe regular, estamos condenando a las mujeres de las clases sociales más bajas y más vulnerables a optar por una salida que no queremos para nosotras ni para nuestras hijas.

La Abolición de la prostitución es una antigua reivindicación del feminismo, como lo fue la igualdad de derechos, el divorcio o el aborto. Aunque es cierto que hay algunos sectores del feminismo que no se declaran abiertamente abolicionistas, sin embargo, todo el movimiento feminista está en contra del proxenetismo. El Abolicionismo nació en Gran Bretaña a mediados del S XIX, en el seno del movimiento feminista. Josephine Butler fue su principal promotora, que lo extendió por Europa. En España lo difundieron Concepción Arenal y Margarita Nelken, lo mismo que Clara Campoamor y otros diputados que en los años 20 fundaron la Sociedad Española del Abolicionismo, que cuajó finalmente en el Decreto de 28 de junio de 1935, que, como todas las leyes de la República, fueron derogadas por los insurrectos.

Estamos en vísperas de discutir una ley de garantía de libertad sexual de las personas, una ley que tendrá como objetivo la libertad sexual. Es el momento de abordar en ella medidas dirigidas a conseguir la abolición de la prostitución, porque es otra situación. Por ejemplo, en Suecia la prostitución era legal, y tras la ley de 1999 ha disminuido notablemente la cifra de mujeres dedicadas a la prostitución y es mínima la cantidad de mujeres extranjeras que están siendo traficadas a ese país para tráfico sexual. La ley sueca que se aprobó en ese año considera la prostitución como una forma de explotación de mujeres y niñas y pivota sobre tres ejes:

-penaliza la compra de sexo

-despenaliza la venta de dichos servicios.

- prevé fondos importantes para servicios sociales.

El 80% de la población sueca respalda hoy esta política.

Finlandia y Noruega siguieron los pasos de Suecia; Escocia puede ser que también lo haga y Francia los ha seguido aprobando la Ley de 13 de abril de 2016 sobre prostitución, que pivota sobre ejes similares a los de la ley sueca y está fundamentada en tres principios: 1) la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres, 2) es un obstáculo para alcanzar la igualdad y 3) es una violación de la dignidad humana.

Tenemos que seguir esos pasos. Además de abordar campañas públicas de desincentivación de la compra de sexo; además de asegurar a nuestra gente adolescente y joven una educación afectivo sexual que les permita desarrollar una sexualidad libre y respetuosa con todas las personas, además de prohibir el acceso a la pornografía a todas las personas menores de edad, es el momento ya de penalizar la demanda de sexo de pago y de arbitrar recursos suficientes para todas las mujeres que decidan salir del sistema prostitucional.

El abolicionismo es un proceso para la extinción de la prostitución y adoptar medidas sancionadoras, incluso penales, contra quien demanda sexo de pago, es uno de los medios de disuasión que se han adoptado en otros países del entorno con resultados muy positivos. El proxenetismo debería ser siempre un delito, como también debería ser un delito alquilar o destinar inmuebles para la prostitución.

Porque a las mujeres que tenemos cierta edad nos costaba creer que veríamos reconocido el derecho de las mujeres al aborto, pero lo conseguimos, porque hicimos comprender que solo nosotras debíamos decidir cuándo y cómo queríamos ser madres; de la misma manera vamos a conseguir abolir el sistema prostitucional, porque está basado en la explotación sexual de mujeres y niñas, conculcando gravemente su dignidad y sus derechos humanos. Por ello, no habrá una ley de libertad sexual que no afronte la abolición de la principal forma de violencia sexual, como es la prostitución.

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