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Entrevista a Alicia Díaz Sánchez, educadora social, presidenta y fundadora de FemNosotras y co-secretaria de organización de Rojos España

“Lo queer es la resignación al género y al modelo económico capitalista”
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“Lo queer es la resignación al género y al modelo económico capitalista”

lunes 20 de julio de 2020, 13:53h

La agenda feminista española está agarrando a marchas forzadas y por los cuernos un asunto nada baladí: la abolición del género. Lo hace sin olvidar las luchas básicas contra las violencias machistas por las que se alza cada día, pero a sabiendas de que tiene que contrarrestar con pedagogía tanto el poder internacional del lobbie transactivista como la situación tan especial que se vive en España con el empeño del borrado de las mujeres a raíz de que Podemos esté en Ministerio de Igualdad impulsando el anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual que confunde jurídicamente sexo y género.

Cada vez son más las feministas que preocupadas y ocupadas por las consecuencias de todo ello, alzan la voz contra la opresión. La de la experta y educadora social, Alicia Díaz Sánchez, es una de ellas. Esta profesional especializada en sensibilización en igualdad de oportunidades, presidenta y fundadora de FemNosotras y cosecretaria de organización de Rojos España, sabe lo que conlleva alertar de lo queer y hacerlo dando la cara con nombre y apellidos.

La difamación y el miedo como estrategia

De hecho, su primera denuncia por sufrir amenazas por parte del transactivismo y por publicar sus datos personales data de 2017. El funcionario que redactó su denuncia tardó tres horas en hacerlo porque no entendía nada. “Fue una experiencia bastante surrealista, pero a la vez clarificadora. Llegué a la comisaría con una carpeta de unos cuarenta folios llenos de insultos y amenazas explícitas vertidas a través de las redes sociales. La mayoría de aquellos perfiles se servían del anonimato para vomitar todo su odio e intolerancia de una manera vil y cobarde, hasta el punto de llegar a localizar mi domicilio. Me atendió el responsable policial relacionado con delitos telemáticos y, tras mi primer relato, entendí la situación ridícula que se estaba produciendo. El trabajador me preguntó en varias ocasiones por el significado de la terminología queer. No entendía nada. Intenté explicarle qué era ser no binario y las identidades fluidas unidas al concepto cis y heteropatriarcado, lo que produjo que la denuncia se alargara en demasía. Por mi mente paseaban los famosos relojes blandos de Dalí. Aquello sí que me pareció una performance en toda regla. Finalmente se admitió a trámite y terminé retirando la denuncia. Además de sentirme muy sola en aquel momento, me pareció una pérdida de tiempo para el juzgado. Hoy la llevaría a cabo hasta el final”, explica.

Aquel episodio no fue el único que le puso frente a la evidencia del poder de lo queer. En julio de 2019, El Diario, medio digital con el que llevaba colaborando de forma gratuita desde hacía un año con una columna semanal, la censuró. “Siempre he rechazado el ánimo de lucro individual en las cuestiones relacionadas con feminismo entendiendo que hay mujeres mucho más preparadas que sí emplean su fuerza de trabajo intelectual diariamente para repensar el movimiento”, recalca. Su director Ignacio Escolar aludió que su artículo denunciando la teoría queer “no era línea editorial de su medio”.

  • La censura que sufriste ¿te sorprendió? ¿te dolió? ¿cuál es la lectura que haces desde el presente?

No puedo negar mi sorpresa en aquel momento. El debate estaba emergiendo en la esfera popular en España y se encontraba en un estado de maduración progresiva. Enseguida pude percatarme de la trascendencia social y política que supondría el tema, algo que veníamos analizando muchas feministas en espacios privados desde hacía tiempo a la espera de que estallara. Durante todo ese proceso investigué y fui profundizando en las propuestas de las mencionadas teorías hasta que llegó el momento de dar a luz un artículo que despertó un odio espeluznante dando lugar a un acoso extremo y delirante. Supe que iba a ser censurada en el momento que Ignacio Escolar se pronunció públicamente desvinculándose bajo la justificación de que el artículo “no pertenecía a línea editorial del diario”. En ese momento tomé conciencia del poder del transactivismo y los movimientos queer y supe que se abría un abismo que ponía en jaque la libertad de expresión.

La corrección política de muchos diarios llamados “progresistas” ha contribuido a la anulación del pensamiento crítico y a la censura de las voces disidentes. Se han instalado es una zona de confort que en el fondo es bastante conservadora. De repente comenzaron a dar espacio en las páginas de los diarios a mujeres feministas porque el movimiento comenzó a viralizarse gracias a las redes sociales y a la intervención de la cultura de masas. La última consideración sería larga de desarrollar, pero es importante someter esta cuestión a crítica y pensar en ella. Lo cierto es que esas intervenciones feministas eran un mero espejismo que justificaba la implicación de los diarios nacionales con las “cuestiones de la mujer”. Siempre y cuando no fuera muy molesto.

  • ¿Cuáles son los derechos de las personas trans que se supone no tienen?

Uno de los problemas del activismo en general, es la creación de eslóganes sin un desarrollo político y teórico claro detrás; es entonces cuando termina convirtiéndose en algo vacío y hueco que se repite como un mantra al ser fácil de memorizar. La consigna de los denominados derechos trans, es algo completamente abstracto. Una cosa son los derechos, otra muy distinta la construcción política que se crea alrededor de los deseos y de las interpretaciones subjetivas. Esto no quiere decir que las personas transexuales no los tengan, pero hay que explicar muy bien en qué consisten esos derechos y qué repercusión podrían tener sobre terceros.

Las leyes no dejan de ser parte de un contrato social y el mecanismo utilizado en última instancia cuando se produce un conflicto irresoluble entre las partes. Hay un abismo entre el derecho y la justicia. La aplicación de una ley no siempre genera de facto una situación justa. El derecho también está abierto a interpretaciones y puede resultar rocambolesco legislar abstracciones indeterminadas. También se da la paradoja de que un grupo puede estar privado de derechos políticos, mientras que en la práctica tiene un inmenso poder para ejercer e influir políticamente.

  • ¿Qué es ser mujer?

Es una realidad empírica y material con una carga histórica, política y social creada sobre su condición de hembra humana.

  • ¿La teoría queer se parece a la prostitución en que es la maquinaria perfecta de producción capitalista?

El capitalismo es un sistema social y económico devastador que arrasa con todo lo que pasa por su lado. La prostitución no es una situación inherente y exclusiva en el capitalismo, pero el capitalismo sí es inherente a la prostitución. A mayor acumulación capitalista, más se empobrece la clase trabajadora y mayor es el impacto sobre las mujeres que terminan abocadas a una situación de pobreza extrema debido a la posición disimétrica estructural de la que parten; primero por ser mujeres y luego por ser pobres.

Ser mujer está penalizado y ser mujer pobre te convierte en presa fácil a ojos del capitalismo. El capitalismo es, ante todo, un generador de riqueza y las mujeres son la mano de obra asalariada —y no asalariada— que más riqueza produce en beneficio del capital. Se ha hablado en muchas ocasiones de la prostitución como institución; las instituciones vigilan, castigan, disciplinan, recompensan, moldean y tienen el fin de homogeneizar.

Yo afirmo que la cultura queer es una institución: la Institución Queer. Lo queer, por el contrario, a la prostitución, sí es inherente al capitalismo neoliberal y no podría sobrevivir sin él. Por eso los posestructuralistas denominan “microfísica” a la violencia, y “técnica” a los mecanismos de violencia que se dan en las instituciones. De esta manera el poder queda capilarizado y diseminado enmascarando las superestructuras de poder creadas bajo el capitalismo. Cuando una institución no puede sobrevivir sin el sistema económico de turno, tiene que adaptarse a él. Lo queer es la resignación al género y al modelo económico capitalista.

  • ¿Por qué no se cuenta cómo Teresa De Lauretis, la primera académica en acuñar el término Teoría Queer, no quiere saber nada de una teoría que se ha tornado en mercadológica?

Teresa De Lauretis es una mujer muy interesante con la que no concuerdo políticamente, pero de obligada lectura para cualquiera que quiera bucear en las profundidades de las teorías queer. La autora parte de una visión determinante a través del lenguaje visual y el estudio de las representaciones y estructuras lingüísticas cinematográficas, unido a una lectura psicoanalítica enmarcada en los estudios de la sexualidade queer en esta área.

De Lauretis afirma que con el nacimiento de los movimientos contraculturales que exigían el paso a las estructuras académicas, las universidades estatales, que seguían el patrón del marcado capitalista, acogieron los estudios lésbicos y gais que dieron paso a los estudios queer hasta mercantilizarlo. Ella incorporó también, el concepto de “técnica del sexo” influenciada por el pensamiento foucaultiano. Sus estudios queer estaban encaminados a una vertiente crítica de los estudios de género que se estaban originando en las instituciones, precisamente para luchar contra la homogeneización de las sexualidades.

Esa homogeneización era incompatible con la realidad de las experiencias sexuales de hombres y mujeres, ya que las prácticas sexuales no eran las mismas. Se desfiguró por completo a la finalidad de los estudios queer en manos del capitalismo, por lo que ya no tenía sentido. De Lauretis es olvidada porque es la confirmación de la necesidad del capitalismo para que sobrevivan los postulados queer actuales.

  • La nueva vocera de lo queer es Butler quien es capaz de no negar la biología y mezclar género y sexo sin distinción. ¿No les explota la cabeza?

A lo largo del primer capítulo de El género en disputa (1990), Judith Butler desarrolla su teoría de sujetos de sexo, género y deseo. No creo que los mezcle, sino que pone en cuestión la categoría “mujer” como sujeto jurídico y para ello somete dicha categoría a exploración a través de los campos de “representación” lingüística y política. No es nueva la voz de Butler, puesto que el ejemplar al que hago mención tiene ya treinta años desde su publicación. Las voceras están en YouTube, en Twitter, Telecinco y en algunos partidos políticos.

Las teorías queer tienen la misión de hacer explotar las cabezas y, en mi caso, no estoy dispuesta a darles ese gusto. Por suerte el feminismo cuenta con grandes teóricas capaces de desactivar todo ese análisis en una sola frase. Me estoy acordando de Amelia Valcárcel recordando que el feminismo es un internacionalismo, que la libertad de las mujeres no está planetariamente conseguida y que nacer mujer en muchas zonas del mundo significa estar condenada al infierno.

  • Hace poco hablabas cómo lo queer desnaturaliza el disfrute sexual para promover nuevos centros del placer. Cuándo aun la mujer no ha disfrutado de su clítoris como centro sexual, ¿Lo queer es otra manera de quitarnos ese disfrute?

Las tecnologías sexuales queer tratan de desnaturalizar cualquier práctica sexual normativa. Algunas propuestas, como las de Paul. B Preciado, pretenden democratizar los puntos que hemos naturalizado como placenteros pero que, según su visión, están determinados por una construcción heteronormativa hegemónica conectada con la reproducción más que con el goce. Por eso inscribe nuevas zonas de placer ocultas e invisibles proponiendo la dildopráctica en sustitución del pene y el anocentrismo como núcleo principal. Para mí no deja de ser una provocación, pero también un reflejo de una incipiente inercia hacia la deshumanización y la consolidación de la llegada del cyborg al que hacía referencia Donna Haraway.

  • El transactivismo es cruel hasta con la discapacidad tildándola de estado mental. ¿Qué va a ser lo próximo?

Los postulados queer ven en la discapacidad una construcción propia de los aparatos disciplinarios. Desde el posestructuralismo, y especialmente desde los estudios de Foucault sobre las formas disciplinarias del poder institucional y la naturalización de la marginalidad, se ha ido instalando la idea de despatologizar. La raíz de este pensamiento viene dada por la idea de que no son las superestructuras las que determinan las condiciones de los sujetos, sino las instituciones a través de mecanismos del micropoder.

De esta manera, los gobiernos se desentienden de la relación estructural señalando a la institución como si no dependiera de un poder más elevado. Segregación existe entre los pacientes de una UCI con respecto a los de planta; en los enfermos oncológicos con relación a los de traumatología; entre la educación infantil y primaria y un listado enorme de segregaciones que permiten una proyección positiva a los individuos y grupos. La segregación puede ser negativa y positiva, pero en el imaginario colectivo se ha instalado la negativa. Es curioso, consideran que los centros de salud mental son instituciones de poder, pero no apuestan por la abolición del sistema educativo, ni tampoco de los juzgados de familia, ni del sistema sanitario en general.

En la década de los 70 comenzaron a emerger los movimientos abolicionistas de prisiones, en los que ahora es influyente Ángela Davis, que ve en la institución carcelaria una tecnología represiva del poder a abolir, pero, sin embargo, apuesta por la regulación de la prostitución que es también otra institución. Me preguntabas por lo siguiente, y mucho me temo que podría ser la edad.

  • ¿El movimiento LGTB ha traicionado al feminismo y se ha vendido a una teoría sobre la Tecnología de poder?

El movimiento LGTB, me refiero al hegemónico e institucional, es acrítico y afín al mercado capitalista, tal y como denunció Teresa De Lauretis en relación a la Universidad, pero trasladado a la esfera del hiperconsumo y la cultura de masas. El capitalismo está estrechamente unido al individualismo —de ahí la ebullición de las identidades— y a la dictadura del deseo. No se han vendido a la Tecnología del poder, más bien han sucumbido al poder.

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