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Sa?nchez se hace oir en Europa a pesar del boicot del PP
Sa?nchez se hace oir en Europa a pesar del boicot del PP (Foto: Fondeo Europeo)

Europa será solidaria o no será

sábado 11 de julio de 2020, 21:41h

El rapto de Europa: antes de final de mes podremos ver quien gana esta partida, los países insolidarios del centro y norte o los países que verdaderamente creen el proyecto de una Europa unida y solidaria. Veremos, si Europa sigue raptada y con síndrome de Estocolmo o, por fin se ha liberado de sus raptores insolidarios seguidores del neoliberalismo económico más ortodoxo.

Incluso cuando España aún no formaba parte de la Comunidad Económica Europea (CEE) ya que no se adhirió hasta 1986, estuve seguro de que el futuro de nuestro país siempre iría irremediablemente unido al de la construcción de la Unión Europea. Siempre he sido europeista, desde que tengo uso de razón política. Ya han transcurrido 63 años desde que en 1957, Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo, conocidos como “los seis” firmaron los llamados “Tratados de Roma” en donde se pusieron las bases para la creación de la posteriormente denominada “Comunidad Económica Europea (CEE)” que fue la primera entidad internacional, de tipo supranacional, dotada de una capacidad autónoma de financiación institucionalizada por ese tratado.

Sesenta y tres años de tiras y aflojas, de avances y de retrocesos, de adhesiones y de abandonos. Durante este periodo a caballo entre dos siglos diferentes, se ha creado incluso una moneda propia (Zona Euro) y se estableció la libertad de movimientos de capitales e incluso de las personas entre diferentes países que suprimieron sus fronteras interiores (El Acuerdo de Schengen).

Ha sido el periodo más largo de paz en Europa occidental, en el que, salvo por la guerra de los Balcanes y demás conflictos en algunos países del este, antiguos enemigos irreconciliables como Francia, Reino Unido y Alemania han tejido entre ellos lazos de hermandad y cooperación. La Unión Europea en general ha aportado estabilidad, avances sociales y económicos a los ciudadanos europeos. Es una realidad irrefutable.

Sí, pero siempre hay un pero. Esta construcción ha ido demasiado lenta, y además se ha hecho desde un principio, con una perspectiva únicamente económica. Dejando los valores sociales y humanistas en el vagón de cola de la integración y de la construcción de un futuro supra-estado europeo en el que los Estados miembros cedan aún más soberanía para poder ejecutar políticas comunes y únicas en los ámbitos de política exterior, de defensa- unas fuerzas armadas europeas independientes-, de cohesión y de integración fiscal y social.

Desde hace ya demasiados años la dirección y control de la mayoría de las instituciones que conforman la UE, el Parlamento Europeo, el Consejo Europeo, el Consejo, la Comisión Europea, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el Tribunal de Cuentas y el Banco Central Europeo están en manos de los seguidores más acérrimos de la ortodoxia neoliberal.

Además, aquel proyecto del visionario Altiero Spinelli, que logró que se aprobase una Constitución Europea por completa unanimidad en el Parlamento, que hubiera transformado la Unión en un verdadero Estado federal, sigue cogiendo el polvo del olvido en los cajones del Consejo. Siempre los Estados miembros han sido reticentes a ceder parte de su soberanía en pos de una mayor integración, y casi siempre han sido los políticos de sensibilidad liberal-conservadora los que han impedido una verdadera integración fiscal y social. La losa que ha impedido una Europa Unida siempre ha sido las derechas políticas del continente.

Últimamente se están viendo las costuras del proyecto europeo. Ni siquiera en épocas de crisis económicas como la de 2008, los diferentes dirigentes europeos han sido capaces de generar políticas solidarias para ayudar a los miembros de la Unión que más sufrieron los efectos del retroceso económico y social. No se mutualizó la deuda soberana, pero se instrumentalizaron unos planes de rescate financieros que alargaron sin necesidad el periodo de salida de esa crisis y que aumentaron la pobreza y la desigualdad entre los europeos.

Esperemos no tener que dar la razón al refranero español cuando afirma que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” puesto que en breves fechas se tendrá que decidir cómo se acomete el plan de ayuda a los países más afectados por el retroceso económico debido a la pandemia. Otra vez los halcones quieren proponer una condicionalidad a las ayudas financieras que nos volverían a meter, de lleno, en un círculo pernicioso socio-económico como en años anteriores.

Europa será solidaria o no lo será, limitándose a una mera unión aduanera y un mercado común en el segundo de los casos. El futuro de La gran Europa que podría hacer frente a potencias globales como Estados Unidos, China o Rusia, está, me temo, en manos da algunos dirigentes nacionalistas y conservadores de países del Norte de Europa que, aunque su peso demográfico y económico sea muy inferior a los de Francia, España, Italia o Portugal, pueden ser los causantes de la desintegración del verdadero proyecto europeo. A veces, como en el llamado Brexit del Reino Unido, es mejor pertenecer a un club más reducido si eso permite avances más importantes en la integración y cohesión europea. A Países como Austria, Holanda o Suecia-los famosos halcones- les viene muy bien apoyarse en la toma de decisiones, en otros miembros como los últimos adheridos en 2004: Tal que Polonia, República Checa, Malta etc que pese a no ser contribuyente netos al presupuesto europeo (reciben más ayudas financieras de las que aportan) y tener un peso demográfico y político limitado en la Unión, pueden influir en las diversas políticas y medidas de ayudas a Estados con mucha más relevancia política y social como España o Italia.

En resumen, antes de final de mes podremos ver quien se lleva finalmente el gato al agua, los países insolidarios o los países que verdaderamente creen el proyecto de una Europa unida. Veremos, si Europa sigue raptada y con síndrome de Estocolmo o, por fin se ha liberado de sus raptores insolidarios seguidores del neoliberalismo económico más ortodoxo.

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