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Caminando por el bunker de La Moncloa
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Caminando por el bunker de La Moncloa

lunes 06 de julio de 2020, 12:06h

Hay un escenario, del Palacio de la Moncloa, que se ha hecho familiar en estos días de pandemia: una sala forrada de madera, con una mesa circular, grandes pantallas de televisión y presidida por varias banderas. Esta sala se ubica en lo que se denominó Centro Nacional para Seguimiento y Control de Situaciones de Crisis, más conocido como el Búnker de la Moncloa.

Unos pequeños detalles de este edificio subterráneo de casi 3.000 m2 y gruesos muros de hormigón armado, en tres plantas y media. Contiene numerosas salas, espacios de trabajo de configuración variable y usos múltiples (comunicación, TV, informática, etc.) Tiene también una amplia zona de hostelería: cocina, comedor, y habitaciones, algunas de ellas reservadas para las altas autoridades del Estado.

Un largo pasillo comunica este singular edificio con el denominado Semillas Selectas, nombre que procede de cuando la zona albergaba el Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias (INIA). Este largo pasadizo, flanqueado a izquierda y derecha por multitud de puertas metálicas que no conducen a ninguna parte, termina en un amplio espacio de entrada al Bunker con una impresionante puerta de acero reforzado capaz de resistir “casi todo”.

El Centro no fue una construcción capricho de ningún gobernante, fue el requerimiento de la Alianza Atlántica, tras nuestro ingreso efectivo en dicha Organización. La OTAN exigía que España, como sus aliados, dispusiera de un centro C3 (Command, Control and Communications) con la misión de asegurar la continuidad de la acción de gobierno ante cualquier situación de grave riesgo de origen militar, civil, tecnológico o natural. Es el lugar habitual de trabajo del Departamento de Seguridad Nacional, anteriormente denominado Dirección General para Control y Conducción de Situaciones de Crisis (DISSC), con sus funcionarios que combinan personal civil con militar y una unidad de la Guardia Civil que tiene encomendada la seguridad de las instalaciones.

Este organismo tiene la misión de prevenir, por su análisis diario, lo que está pasando, las potenciales situaciones de crisis, de proponer medidas y coordinar los diferentes organismos de la Administración para hacer frente a cualquier tipo de situaciones.

La construcción se inició en 1986 mediante la solicitud al Ayuntamiento de una “Licencia de Construcción de un Aparcamiento”. El edificio estuvo en pleno funcionamiento para la coordinación de la EXPO 92 y los Juegos Olímpicos de Barcelona. Era, en definitiva, el baluarte de los equipos: metodología, procedimientos y estructuras para la gestión de crisis. En un país descreído como el nuestro, poco dado a la planificación, a la anticipación y a la colaboración, a la hora de hacer frente cualquier problema grave, emprender la tarea de poner en marcha un sistema previsional de estas características y naturaleza, y más en aquella época, requería una voluntad titánica y una capacidad de mirar a largo plazo encomiable.

Roberto Dorado fue aquel visionario y gestor que puso en marcha este sistema en el cual cifraba una prueba de la modernización de España. De esto hace más de 35 años. Recuerdo la fecha para aquellos que piensa, en su ignorancia, que todo empezó antes de ayer, cuando ellos llegaron al mundo.

Dorado fue el verdadero introductor de la prospectiva política práctica en España de la cual, el Sistema de prevención de crisis, era una pieza más. La labor de este químico, nacido en la cárcel de Valencia donde la madre cumplía condena por republicana, nunca se ha reconocido, por aquello de los éxitos y los muchos padres… y la flojera memorística…, o quizás por lo mismo que a Napoleón le reconoce todo el mundo sus éxitos militares y a su jefe de Estado Mayor muy pocos; por cierto, fue Berthier, Príncipe de Neuchâtel.

Dorado no solo fue el diseñador del sistema de gestión de crisis. Lo realizó no pensando en el requerimiento de nadie, sino porque un Estado moderno tiene la obligación de garantizar, bajo cualquier circunstancia por adversa que sea, la libertad y el bienestar de los ciudadanos. En el Gabinete de la Presidencia estableció todo un modelo de gestión política que permitiera prever los escenarios en los cuales tenía que desarrollarse la acción política y cómo debía hacerlo, poniendo gran énfasis en la selección de los equipos más capaces para ejecutarla. Impulsó la introducción de las Nuevas Tecnologías en la Administración Pública pues consideraba que el sector público debía ser punta de lanza en lo que hoy denominaríamos digitalización social y económica; en este campo proyectó el desarrollo de una cartografía digital de información de uso público-privado, o la necesidad de una movilidad sostenible en España basada en el ferrocarril y el posible desarrollo de las Grandes Ciudades, y un largo etcétera de iniciativas de las cuales unas cuajaron y otras no. Para él lo importante es que, ninguna que tuviera valor para el país, se quedara en el estante por falta de iniciativa política. Un estratega que reconocía no saber de todo, pero tenía a gala rodearse de gente que sí supiera.

Sin duda, la puesta en marcha del sistema de gestión de crisis fue el que más sin sabores le produjo por la incomprensión de algunos, que sí sabían de todo y consideraban que no merecía la pena gastar tiempo ni dinero en cosas que nunca sucederían.

Incansable en sus discusiones nunca lo hacía falto de argumentos, curiosamente el propio nombre del sistema de crisis, ante el empeño puesto por los militares en denominarlo de Seguridad Nacional, lo cual rechazó con el sólido argumento de que en aquel momento la Seguridad Nacional fue el principio utilizado por la Escuela de las Américas, montada por la CIA[1] para justificar los golpes de Estado antidemocráticos en Iberoamérica.

La verdad es que a un político al final se le piden varias cosas: telegenia, oratoria, don de gentes, una gran resistencia física y la capacidad para hacer muchas renuncias personales. A un estratega solo se le pide una cosa acertar en el camino marcado, sabedor de que nadie recordará que él paseó por esa difícil senda.

In memoriam de mi amigo y maestro.


[1] La CIA es esa organización que algunos les vale para denostarla los lunes y valerse de ella los martes para dar credito a informaciones proveniente de sus oscuros archivos.
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