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Nadia Calvino defiende en la UE las ayudas para Madrid que el PP de Casado boicotea
Nadia Calvino defiende en la UE las ayudas para Madrid que el PP de Casado boicotea (Foto: Fuente: Fondo Europeo)

Quién va a pagar la cuenta del Covid-19, los que más tienen o todos a escote, esa es la cuestión que se dirime en Europa

domingo 05 de julio de 2020, 13:14h

La mayoría de los economistas y políticos han llegado a la conclusión de que para salir cuanto antes de la crisis económica y social generada por la pandemia, no solo a nivel español y europeo, sino mundial, es imprescindible implementar a corto plazo medidas de gasto e inversiones. Es la lección que esta vez han aprendido los organismos económicos europeos, el Eurogrupo o el Banco Central Europeo y que está fuertemente impulsada por las peticiones de España, Francia e Italia, y apoyada por Alemania. Europa reconoce que la salida de la crisis del 2008, y la famosa reforma laboral austericida de Rajoy, no solo no sirvió para sanear la economía española, sino que agigantó la franja entre ricos y pobres, dejando una oleada de paro, miseria y empobrecimiento en España. Ahora Casado boicotea estas ayudas, que se lo explique a los españoles.

Todos lo entienden así, salvo el patriota Partido Popular, que no sólo no se suma a estas medidas para la reconstrucción, en la que están de acuerdo Patronal, Sindicatos y agentes sociales con el Gobierno, convertidas en agua celestial para España, sino que se ponen a la contra y piden a Europa que afloje los préstamos y subvenciones y no se fie de nuestro Gobierno.

Que se lo explique Casado a los españoles, trabajadores, empresarios y autónomos, devastados por el Covid19. Que les explique por qué no quiere que Europa nos ayude. Después de la experiencia que tuvimos en cuanto a los efectos negativos de las diferentes medidas de “ajuste” para reactivar la economía en la crisis de 2008, siguiendo la más estricta ortodoxia neoliberal y que consistieron básicamente en medidas de ajuste y reformas estructurales, pero que en realidad fueron recortes a la inversión y al gasto público, la mayoría de economistas y políticos han llegado a la conclusión, menos mal, que en esta ocasión, para salir cuanto antes de la crisis económica generada por la pandemia a nivel mundial, lo tendremos que hacer de forma diametralmente opuesta: esta vez, como dice Sánchez, pensando en la gente y "no dejando a nadie atrás", en lugar del "sálvese quien pueda" del PP y la derecha.

Algo es algo, esta vez, aunque sea en el corto plazo puede que nos libremos de los famoso recortes que tanto gustan a los líderes del PP y de Cs. Bueno, ya sabemos que van a ser las instituciones públicas las que fundamentalmente van a tener que aportar los cientos de miles de millones de euros necesarios para poder “rescatar” a los millones de ciudadanos que pueden perder su empleo, a los decenas de miles de autónomos y a las pequeñas y medianas empresas que van a necesitar de ayudas públicas para no desaparecer. Como ya he comentado en artículos anteriores, Papa Estado tendrá que venir al rescate. Esto parece que todo el mundo lo tiene claro.

En donde ya empiezan a surgir algunas diferencias es en como ejecutar estas ayudas, pudiéndose efectuar a fondo perdido, o como préstamos blandos o avales. De cualquier manera tanto en la Unión Europea como en España, se están implementando ya estas diversas modalidades financieras para ayudar a todos los componentes de la sociedad y de nuestro tejido productivo que necesiten coyunturalmente financiación a corto plazo para subsistir. En resumen, para sacarnos del agujero, las instituciones públicas tendrán que gastar mucho más de lo que se pueda recaudar en este periodo temporal en el que vivimos actualmente, para ampliar el llamado escudo social ante la crisis para ayudar a las personas, y incrementando la inversión pública para inyectar liquidez al sector privado de la economía.

Una vez establecidos estos hechos debemos de tener claro cuáles son los canales más importantes de los que, el Gobierno de España, puede disponer para obtener esa ingente cantidad de dinero. Y aquí solo me voy a centrar en los mecanismos de financiación de los que dispone el Estado Español y que son tres:
-Los fondos provenientes de la UE, en los que las modalidades de devolución aún están por decidir (transferencias o préstamos a devolver con o sin condiciones)
-Aumentar la recaudación vía impuestos directos, indirectos y tasas.
-Incrementar la Deuda Pública.

Con respecto a las ayudas europeas, todo depende del acuerdo al que puedan llegar en próximas fechas, los estado miembros de la UE, entre los halcones del norte de Europa y los países más afectados por la pandemia, afortunadamente parece ser que el Gobierno alemán en esta ocasión es más favorable a las tesis hispano-italo-francesas que en otros momentos. Antes de final de mes sabremos de que partidas, en que cuantías y de las diferentes condiciones a cumplir para acceder a ellas y, si a lugar, los plazos y formas de devolución.

Si de lo que hablamos es de intentar a medio/largo plazo aumentar la recaudación del sector público, es donde volvemos a ver diferencias abismales entre los llamados partidos políticos progresistas y los partidos del centro derecha. Los primeros, cosa que yo apoyo al 100%, preconizan el aumentar la presión fiscal sobre todo a las personas físicas con rentas más altas, a las grandes corporaciones internacionales con beneficios mil millonarios que casi no aportan riqueza al tesoro público, incrementar o crear el impuesto a la riqueza, potenciar los denominados impuestos y tasas ecológicas, diversas tasas a las transacciones financieras etc.

Los segundos, la derecha, solo solicitan bajar los tipos impositivos, normalmente a las rentas más altas del trabajo, a las empresas y propietarios de las grandes fortunas pero mantienen la presión fiscal a las sufridas y cada vez más reducidas clases medias. Esta forma de pensar no tiene mucho más recorrido que el de un populismo a corto plazo puesto que no hace falta ser licenciado en económicas para saber que difícilmente se puede aumentar el gasto público sin aumentar a la vez la recaudación fiscal o el endeudamiento delas administraciones públicas. (Lo de la curva de Laffer solo funciona a nivel teórico, el ejemplo lo tenemos en los efectos de masivo endeudamiento público que generó la política económica aplicada por la administración pública de Reagan en los años 80)

¿Quién evitará el desastre total?

Por María Mir-Rocafort

Si apostamos por aumentar nuestra deuda soberana, también aquí existen diferentes sensibilidades al respecto. El neoliberalismo no cree en el endeudamiento de los Estados, aunque sí en el de las personas, es curioso observar que cuando en un país roza el 100% de deuda pública (debe tanto como la riqueza que produce en un año) les parece un pecado imperdonable y sin embargo no tienen inconveniente alguno en que tanto empresas como ciudadanos nos endeudemos por mucho más de lo que podamos obtener como rentas en un solo año. Muchas hipotecas que solicitan los ciudadanos para adquirir viviendas son equivalentes a sus salarios completos de 3, 4 o más años. Además, las personas solo disponen de un periodo temporal acotado para devolver las deudas. Las personas tenemos la mala costumbre de no vivir eternamente. Por el contrario, sobre todo en el caso de los Estados que persisten en el tiempo indefinidamente, las empresas disponen de más tiempo para amortizar sus deudas.

En fin, a lo que vamos, que ya podemos ir pidiendo la cuenta, y que depende de quien gobierne, que esa factura la pagaremos todos los españoles a escote, o como siempre en los años de gobiernos de la derecha, la pagaremos exclusivamente los ciudadanos de a pie mientras los grandes detentores de riqueza, las empresas multinacionales y entidades financieras recibirán ayudas pero no pagarán la factura en proporción a las ayudas recibidas, vamos, lo de siempre. Una pena que nuestro Gobierno de coalición no disponga de una mayoría más amplia, porque todas estas medidas se tendrán que negociar en los próximos PGE, es de eso de lo que estamos hablando, de quienes vamos a pagar la factura de la crisis y durante cuánto tiempo, ni más ni menos.

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