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La teoría Queer perjudica claramente los derechos de las mujeres
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La teoría Queer perjudica claramente los derechos de las mujeres (Foto: TW)

La teoría "queer" o como desviar al feminismo de su ruta

domingo 21 de junio de 2020, 20:11h

Asistimos estos días a un intenso debate en las filas feministas, y en algunas no feministas también, motivado por la irrupción de la teoría queer, que se ha manifestado en el articulado de varios proyectos de ley impulsadas por Unidas Podemos, como son la Ley de protección a la Infancia y la Ley de Libertad sexual y otras leyes que se tendrán que debatir en esta legislatura, como son la Ley de Igualdad de Trato, la Ley LGTBI, la Ley Trans e incluso la Ley de Delitos de odio.

El debate se suscita por la redacción de parte del articulado de algunas de las leyes mencionadas que ya han entrado en el Congreso, en las que prácticamente desaparece la referencia al sexo biológico como cuestión determinante para el lugar que ocupamos las personas, mujeres u hombres, en el mundo, y se sustituye por el género, la identidad de género o la identidad sexual de las personas.

Este matiz afecta al núcleo mismo del feminismo y está dando lugar a un enriquecedor debate en el seno del mismo y también está motivando el posicionamiento político al respecto de asociaciones, organizaciones feministas y algún partido político, como el PSOE.

Esta discusión del movimiento feminista con el movimiento queer, que es quien propugna esas tesis, tenía lugar desde hace un tiempo en el seno de la Academia, pero la discusión de algunas de las leyes indicadas ha sacado el debate de las universidades a las asociaciones, produciéndose un debate muy interesante y como digo, enriquecedor, aunque debo decir que hacía tiempo que no percibíamos tanta hostilidad y tanta dureza e incluso insultos por parte de algunas personas trans, no de todo el movimiento trans, deseo dejar claro.

Borrar el sexo biológico de las leyes tiene graves consecuencias jurídicas. Sustituir el sujeto político de la lucha feminista, que somos las mujeres, por el género, es ir en contra de los postulados feministas. Para el feminismo el género es el compendio de obligaciones que el poder patriarcal impone a las mujeres, obligaciones que se convierten en derechos o privilegios de los hombres. Por eso el fin de la lucha feminista, al menos de mi lucha desde que fui consciente de la discriminación que sufría por el solo hecho de ser mujer, es terminar con el género, que es sinónimo de poner fin al patriarcado.

Por ello yo no reivindico la identidad de género, como sí lo hace la teoría queer, porque sería lo mismo que reafirmarme en la causa de la opresión de las mujeres en el mundo, que es el patriarcado. Tampoco pongo en el centro de la lucha feminista la identidad sexual, porque el feminismo es mucho más: es lucha contra la opresión sexual, sí, pero también y quizá, sobre todo, es lucha contra la opresión económica, social y política. Es la lucha por el pleno empoderamiento de las mujeres, a nivel individual y como proceso político. Esto es el feminismo, al menos para mí.

Las reivindicaciones del movimiento feminista han ido siempre dirigidas a la desaparición del género como construcción social de la dominación de los hombres sobre las mujeres, de un sexo sobre otro. Las sufragistas lucharon por el derecho al voto de las mujeres, porque mientras que los hombres, todos los mayores de edad podían votar, las mujeres no podían hacerlo la inmensa mayoría. Esa facultad de votar era un rol del género masculino. Cuando el movimiento feminista ha luchado por el derecho a la igualdad dentro el matrimonio, luchaba contra los privilegios de los hombres casados sobre las mujeres casadas. Cuando luchamos por el derecho al aborto, luchamos por controlar y decidir nosotras sobre nuestra maternidad. Cuando luchamos por la igualdad salarial o contra cualquier brecha de género, luchamos precisamente contra todas y cada una de las manifestaciones del género asignado por el patriarcado. Nuestra lucha durante tres siglos nos ha demostrado que el género no es inevitable; que el género es un invento patriarcal para someter a las mujeres y que nuestra movilización y lucha ha conseguido el reconocimiento de muchas reivindicaciones, la conquista de muchos derechos, de forma tal que las desigualdades entre mujeres y hombres se han reducido en todos estos años en muchos ámbitos de la vida. Nada tiene que ver la situación social, económica y política de las mujeres en España ahora y la que existía en el año 1978, el cambio ha sido radical, aunque haya sido sobre todo formal, y la forma de conseguirlo ha sido la lucha feminista, a la que se han unido algunos hombres demócratas.

No hay causa más justa que esta lucha feminista, porque aspira a igualar en el sentido de tener las mismas posibilidades reales y los mismos derechos todas las personas, seamos mujeres u hombres.

El feminismo, movimiento político que dirige y orienta la lucha feminista, tiene una ruta establecida para conseguir esa igualdad real. Porque aún estamos a mitad del camino en los países más desarrollados. Tenemos una agenda preparada y necesitamos tiempo para cumplimentarla. La violencia de género ampliamente entendida, las brechas salariales, los techos de cristal, los matrimonios forzados, la mutilación genital, las violaciones como arma de guerra, la pobreza de las mujeres y niñas y niños. Tenemos mucho que hacer; necesitamos seguir con nuestro movimiento emancipador, porque tenemos mucho aún por conseguir.

Cuando la desigualdad, cuando todas estas y otras muchas más discriminaciones que sufrimos todas las mujeres por el solo hecho de serlo desaparezcan, podremos decir que mujeres y hombres somos iguales efectivamente y en ese momento, nos dará exactamente igual quien se denomine mujer u hombre, o que desaparezca el binarismo, porque todos y todas, en ese momento ideal, seremos iguales en derechos y oportunidades.

Es en este momento social, de avances y de retrocesos en la lucha feminista, cuando de manera silente primero y abiertamente más tarde se plantean algunos posicionamientos de la teoría queer, que atentan abiertamente a las mujeres y, por ende, al feminismo, ya que, al reivindicar el género, fortalecen al patriarcado, porque el patriarcado es el creador y el beneficiario del género, asestando un golpe al feminismo en la línea de flotación.

La teoría queer reivindica el género y esto favorece los intereses del patriarcado. Si comprendemos esto, tendremos clara nuestra postura frente a algunos contenidos de las leyes cuya discusión se avecina. Porque las alusiones al género fluido y al género o al sexo sentido que defienden algunos postulados de la teoría queer y se insertan en algún artículo de dichas leyes, pueden conducir a algunos automatismos contrarios a los intereses de las mujeres. Admitir el género o el sexo sentido y permitir transitar de uno a otro género solo sobre la base del deseo, no es admisible.

El movimiento feminista ha sido siempre aliado de las personas transexuales. El movimiento feminista es solidario con todo movimiento que lucha contra las opresiones, pero no se confunde con ellos. El movimiento feminista es uno y tiene un fin: la liberación de las mujeres de la opresión patriarcal, o si se prefiere, el fin del patriarcado.

El argumentarlo realizado por el PSOE posicionándose claramente contra las teorías que niegan la realidad de las mujeres, es de todo punto correcto y es oportuna su realización, pues pone los puntos sobre las ies en este debate y sobre todo llama la atención sobre las consecuencias jurídicas que tendría aceptar estos postulados de la teoría (mejor religión, como denominan algunas compañeras feministas) queer.

El PSOE nunca ha dejado atrás a las personas transexuales. No entiendo la batalla que solo desde algunos sectores de transexuales se ha planteado contra el PSOE; no es justa, no tienen razón. Buena prueba de ello fue la propuesta hecha por este partido y la aprobación en el Congreso de la Ley 3/2007, de 15 de marzo, sobre la rectificación registral de la mención relativa al sexo, que fue la más avanzada en ese momento de todos los países del entorno, lo mismo que la ley Integral fue la más avanzada en la lucha contra la violencia machista. Y buena prueba es también el compromiso de llevar adelante la reforma de esta ley, como consta en la Proposición de ley para la reforma de la Ley 3/2007, con el fin de permitir la rectificación registral del sexo para las personas menores de edad.

De manera que las críticas que se han vertido desde algún sector trans, son injustificadas. Cuestión diferente son los requisitos que hayan de exigirse para transitar de un sexo a otro. No me refiero a requisitos quirúrgicos, que ya fueron suprimidos por la ley de 2007, ni a los requisitos farmacológicos y médicos, que también desaparecen. Me refiero a la necesidad de establecer requisitos de estabilidad o de durabilidad debidamente acreditados de periodos no cortos, apuntaría a periodos de cinco años, que deberán exigirse, por razones de seguridad jurídica para pasar de un sexo a otro con plenas consecuencias jurídicas. De la misma forma que deberán establecerse en dicha ley requisitos sobre el tiempo de permanencia para la reversión al sexo anterior.

Porque mi derecho a cambiar de sexo no puede ser absoluto, porque no lo es ningún derecho. Mi derecho llega hasta donde perjudique los derechos de otra u otras personas. Y a mí, como mujer, me perjudica que, en un momento dado, si no no se exige ningún requisito más que la mera declaración de voluntad, se conviertan en mujeres, supongamos 10.000 hombres en mi Comunidad Autónoma. Todas las estadísticas desagregadas por sexo que son la que miden la discriminación que aún sufrimos las mujeres, carecen de credibilidad, porque el número de mujeres será el que determinadas personas quieran que sea. Y eso no es admisible en un Estado de Derecho. No es serio. No podremos saber si hay paridad o no, si hay techos de cristal o no, si las mujeres piden más excedencias que los hombres, las listas cremallera dejan de tener interés cuando aún no hemos llegado a nuestro justo 50%.

El neoliberalismo está detrás de algunas de estas tesis que reivindican el derecho de cada persona a hacer lo que desee en cada momento y que para tratar de taparnos la boca lo revisten de Derechos Humanos. Está detrás de la permisividad con el negocio del sexo a costa de la explotación sexual de muchas mujeres, está detrás de los negocios con los vientres de alquiler, y está también detrás de permitir el cambio de sexo bajo la única condición del deseo. El neoliberalismo junta sus manos con el neopatriarcado para seguir dominando a las mujeres.

Las feministas tendremos que estar muy atentas a los debates de las leyes que tendrán lugar en los próximos meses, porque nuestra lucha, nuestro interés es deconstruir el género, hacerlo desaparecer y con él, que desaparezca el patriarcado.

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