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“La pornografía educa manadas y puteros”
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“La pornografía educa manadas y puteros”

viernes 12 de junio de 2020, 11:57h

“Denunciar lo que nos hacen a las mujeres” y describir “con toda su crudeza de qué hablamos cuando hablamos de pornografía”. Esas son las razones por las que las Towanda Rebels, el tándem de feministas abolicionistas conformado por Teresa Lozano y Zúa Méndez, pone en marcha #HablemosDeNopor, la campaña de concienciación que pretende mostrar a la industria “que gana millones a costa de cosificar y mercantilizar los cuerpos de las mujeres y la sexualidad. Nos dicen que el porno es ficción, que es cine, que es una expresión cultural… pero no es cierto”, explican. Por ello las activistas lanzarán 12 vídeos y harán 5 directos con reputadas expertas para mostrar la misoginia de dicha industria y hacer pedagogía feminista.

Horas y horas visionando el horror y comprobando que, aunque la pornografía “nos vende la idea de que lo que vemos en ella es sexo”, lo que de verdad hay son contenidos “que buscan erotizar, normalizar la violencia contra las mujeres y juegan con transgredir todos los límites posibles: pederastia, incesto, contenidos abiertamente racistas y xenófobos, y multitud de prácticas de riesgo”, comenta Zúa Méndez.

Y es que en el catálogo de espantos que las creadoras de #HablemosDeNopor lo más light que han visto en cualquier página web (sin tener que ir a la deep web), es “la falta de higiene, no usar condón, penetraciones anales y vaginales alternas con desgarros y prolapsos que incluso se enseñan a cámara o heces y orina dentro de la escena. También eyaculaciones grupales en la cara de la mujer e incluso practicas con animales”, recalca Méndez.

Dejarse hacer

En el trabajo de documentación para #HablemosDeNoPor -sea cual sea la plataforma pornográfica-, han encontrado que “todos y cada uno de los contenidos ponen de manifiesto una jerarquía de poder en el ámbito sexual en el que el lugar de las mujeres es el de sujeto pasivo, cuya función es dejarse hacer y complacer al macho”.

El motivo de tal patrón para Méndez es lanzar un poderoso mensaje: “que el deseo sexual de las mujeres no importa, y que, de hecho, se construye en base a ser humilladas y sometidas. Y lo que es aún más peligroso, la pornografía les enseña a los niños y adolescentes a construir su deseo en base a imágenes violentas en las que las mujeres somos tratadas como objetos con los que hacer lo que se quiera. Es, al igual que la prostitución, una gran escuela de desigualdad y violencia sexual. La pornografía educa manadas y puteros”, añade la activista.

El nombre de su campaña no es casual. “Nopor es la manera en la que la propia industria se nombra a sí misma “para saltarse la censura (hipócrita, porque alojan contenidos pornográficos) de las redes sociales”, explica Teresa Lozano.

Una escuela machista que hace caja etiquetando los contenidos con categorías racistas, clasificando a las mujeres como mera mercancía y siendo una apología constante de la violación. “Te encuentras con clasificaciones como “negras”, “asiáticas”, “latinas” … o de cualquier nacionalidad. También hay multitud de etiquetas que tienen que ver con vernos por trozos, como “tetas grandes”, “culos”, “pies”; categorías que juegan a ser contenido con menores (o casi) como “adolescente”, “colegialas”, “18”.

Y ahí no acaba todo. También hay sitio para el incesto con categorías como padres e hijas, sobrinas o hermana. Además, también se pueden ver otras con violencia física explícita. “En este caso las etiquetas es la de abusadas, humillación pública, sexo extremadamente duro o expresiones que les parecen interesantes como borracha, desmayada, drogada y en las que aparecen vídeos amateurs en los que se ve cómo hombres abusan de mujeres inconscientes. En concreto, la categoría amateur, la que más visualizaciones tiene en España y en todo el mundo, es el coladero para que estas páginas alojen contenidos que han sido denunciados como violaciones reales, e incluso vídeos de abusos a menores”.

Para Teresa Lozano, la pornografía no es más que el contrato sexual que instaura la ley del derecho sexual de los hombres sobre las mujeres. “Como argumenta Carole Pateman, el pacto original es el contrato sexual, que consiste en un pacto entre varones – no entre varones y mujeres- para distribuirse el acceso al cuerpo de las mujeres. Y la pornografía, al igual que la prostitución, forma parte de este contrato sexual que aún está vigente y es la base de nuestra opresión y nos enseña que nuestros cuerpos son mercancía, y que los hombres tienen derecho a acceder a ellos cómo, cuándo y dónde quieran”, recalca la actriz.

Acabar con la violencia, no con el sexo

Por eso con #HablemosDeNopor las Towanda pretenden abrir los ojos a la sociedad y hacer un ejercicio de pedagogía.Ahora, en el siglo XXI, el patriarcado ruinoso necesita más que nunca a la pornografía como instrumento de propaganda de sus valores de dominación y jerarquía. Acabar con la pornografía, no porque sea obscena y atente a la moral, sino porque es una práctica política de dominio y viola los derechos civiles de las mujeres”, expresa Lozano.

Una batalla que se hace difícil ya que como comenta Lozano el problema es que las personas pro pornografía o pro prostitución “se han erigido como las abanderadas del sexo; de hecho, se autodenominan pro sexo. A las feministas, sin embargo, nos colgaron hace mucho el sambenito – y nunca mejor dicho- de ser unas puritanas, mojigatas, de ser anti sexo… Una estrategia patriarcal muy antigua, un clásico que perdura a pesar de lo absurdo. Las feministas estamos completamente a favor del sexo. El tema aquí es lo que entendemos por sexo o lo que nos muestra la pornografía como sexo”, dice.

Y es que a Lozano le resulta bastante paradójico que las feministas sean tildadas de puritanas cuando en realidad “los mojigatos, acomplejados y puritanos son ellos; los que han hecho del sexo algo sucio son ellos. Son ellos los que lo han convertido en pecado, los que lo han relacionado con la vergüenza y la culpa a través de sus religiones y su cultura masculina, no nosotras. En realidad, nadie es más pro sexo que una feminista. No queremos acabar con el sexo, sino con la violencia”.

Además, Lozano recalca cómo la industria pornografíca de nuestros días es cada vez más insaciable tanto en su contenido como en su monetización. “La pornografía ha sido creada dentro de un sistema patriarcal y capitalista y tanto el patriarcado como el capitalismo llevan muy mal los límites. La pornografía crea yonkis cuya demanda es insaciable porque su deseo parte de la insatisfacción, el vacío, el tabú… Y este hecho desgraciado es aprovechado por el capitalismo, que siempre gana más cuanto más infelices somos. Nunca tendrán suficientes escenas de tortura ni ceros en sus cuentas corrientes: es hora de actuar y frenar esto”.

Un artículo de Nuria Coronado

Un caso evidente de esta maquinaria es el de Nacho Vidal, a quien la sociedad le ha tratado como un icono en lugar de un violador y maltratador. “Podemos decirte que ha sido de las cosas más duras a las que nos hemos enfrentado. Ser conscientes de cómo los medios blanquean la industria y a sus “estrellas” es terrorífico. Para saber de qué estábamos hablando, hemos tenido que visualizar escenas en las que ese señor noqueaba, abofeteaba, asfixiaba, sodomizaba brutalmente, insultaba, escupía a mujeres… Y cosas peores. Verle después en programas de máxima audiencia como tertuliano, o descubrir cómo desde ciertas cadenas se publicitaba su canal de Youtube, en el que da consejos sobre el amor ha sido más que vomitivo, terrorífico”.

Para acabar con esto las Towanda animan a la gente, en especial periodistas que después le dan cancha en sus programas, como Susana Griso, a que entren en PornHub y pongan en el buscador el nombre de Nacho Vidal. “Ni siquiera necesitan poner hardcore. Y después nos digan si eso no es violencia machista filmada. Nacho Vidal no es un actor, señores periodistas, decir eso es insultar al mundo del teatro y el cine, al respetable y maravilloso mundo del arte. Es, al igual que el resto de “estrellas”, un hombre que ejerce violencia contra las mujeres delante de las cámaras. Es vergonzoso comprobar que el compromiso de los medios contra la violencia machista es una mentira y que la ética periodística brilla por su ausencia cuando el capital manda”.

Consumo a partes iguales

Un capital que también vende la idea interesada de que las mujeres ven cada vez más porno. “Si profundizamos un poco veremos que esas encuestas de consumo son realizadas en su mayoría por las propias plataformas pornográficas como PornHub u otras, que preguntan al usuario su sexo al entrar en las mismas. Como es obvio, podemos imaginar que esas encuestas no tienen ninguna validez y no hay que ser muy listas para darnos cuenta de que estas páginas son las primeras interesadas en limpiar su imagen y, de alguna forma lo consiguen al hacernos creer que “las mujeres también vemos porno” o que a las mujeres “nos encanta el porno duro”, ya que según las mismas somos nosotras las que más buscamos videos de violaciones, public disgrace etc. Es decir, lo que nos quieren colar es que somos nosotras las demandantes de este tipo de productos y, por tanto, responsables de que se oferten.”, añade Lozano

Además, esta reconocida feminista deja claro que, aunque las mujeres consuman cada vez más pornografía, en ningún caso es excusa para legitimar una industria criminal y misógina como es la del porno. “Muy al contrario, lo que tendríamos que hacer es estudiar el por qué las mujeres ven porno, si se ven empujadas –directa e indirectamente- a consumirlo, si tienen miedo de no estar a la altura de las expectativas sexuales de su pareja… Si la pornificación de la cultura hace que realmente sea imposible escapar del consumo … Lo que está claro es que si las mujeres estamos consumiendo pornografía es porque estamos aceptando nuestra propia humillación y sometimiento como algo sexy o deseable, porque estamos comprando la idea de que sexo y violencia van unidos, y eso es inaceptable para el feminismo”.

Por eso con #HablemosDeNopor las Towanda no solo pretenden abrir los ojos a toda esta violencia sino luchar por una sociedad que no duela y hiera siempre a las mismas. “¿Cómo podemos construir una sociedad libre de violencia si dejamos que existan industrias que presentan como un modelo de sexualidad deseable la dominación, y la violencia? Muchas veces se quiere llevar el debate al hecho de si las mujeres que realizan pornografía consienten ser tratadas de esa manera, pero nosotras creemos que la pregunta es ¿por qué te excita ver cómo pegan, abusan, escupen, pegan, asfixian, atan, insultan, violan a mujeres? Una sociedad en la que el imaginario sexual está basado en delitos, violaciones y demás brutalidades ¿tiene remedio? Si tiene remedio o no, solo dependerá de nosotras las feministas y de conseguir liberarnos también del machismo en nuestras camas”, finaliza Zúa Méndez.

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