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Sobre la sentencia de 'La Manada' de Pozoblanco
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(Foto: Europa Press)

Sobre la sentencia de 'La Manada' de Pozoblanco

sábado 06 de junio de 2020, 22:00h
¿Cómo calificaría usted estos hechos si le hubieran ocurrido a usted misma, a su hermana, su hija o su amiga?

Los hechos son estos:

  • Cuatro hombres, mayores de edad, acuden a las fiestas de una ciudad. Ahí se encuentran con una mujer que, desde el mismo pueblo que los anteriores, también hacia acudido.
  • Llegada la hora de irse, acordaron volver juntos, de manera que la chica se montó con los cuatro chicos en el coche de uno de ellos, sentándose en los asientos de atrás, en el centro.
  • En el trayecto, la mujer “quedó” inconsciente. En esa situación, los cuatro, incluido el conductor, la utilizaron sexualmente y grabaron parte de lo ocurrido. En las grabaciones aparecen tocamientos en los pechos, por dentro y por fuera de la ropa y besos en la boca.
  • Cuando llegaron al destino, tres hombres se bajaron del coche y quedó el conductor con la mujer, que había recuperado la consciencia y se encontró sin la ropa; se la puso y pasó al asiento delantero, lo que aprovechó el conductor para pedirle que le hiciera una felación.
  • Como la mujer se negó, el hombre la golpeó en la cara, le dio un puñetazo en el brazo y la empujó tirándola del coche a la vez que le llamaba “puta”.
  • La mujer se despertó sin ropa y con un hematoma en la parte interna de los muslos.

Este es exactamente el relato de los Hechos Probados de la sentencia dictada el día 4 de junio pasado por el Juzgado de lo Penal nº 1 de Córdoba, en el caso conocido como de “la manada de Pozoblanco”. Los condenados son cuatro de los que fueron condenadas por los hechos ocurridos en Pamplona durante las fiestas de San Fermín del año 2016, por los que se encuentran en prisión cumpliendo condena.

Para quien escribe, se trata de hechos violentos y graves, de naturaleza machista, en los que una mujer se enfrenta a cuatro hombres violentos, que hacen con ella lo que quieren, sin que ella tenga la más mínima salida. Y, como debe tratarse de una mujer valiente, la durmieron con lo que fuera para disfrutar de su cuerpo a su antojo durante el trayecto, y por eso solo conocemos los hechos que ocurrieron cuando los agresores quisieron grabarlos. Porque cuando la mujer recuperó la consciencia, uno solo no pudo con ella, ya que se negó a mantener relaciones sexuales con él, el único que quedaba en el coche, que por ello la maltrató físicamente y la echó del coche, llamándole puta.

¿Cómo ha calificado y condenado el Juzgado de Córdoba estas execrables conductas?

De la manera más leve posible desde el punto de vista penal, considerándolas constitutivas de abusos sexuales, porque, se afirma en la sentencia, que la mujer no ha consentido, pero los hombres, cuatro contra una, no la han intimidado ni ejercido violencia sobre ella. Por esta razón no las considera agresiones sexuales.

Y se pasa la jurisprudencia del TS por donde quiere, porque la sentencia nº 344/2019, de 4 de julio, que revocó la dictada por la Audiencia Provincial y el TSJ de Navarra, estableció que debían calificarse como agresiones sexuales y no como abusos sexuales los hechos cometidos por la manada de Pamplona, porque se habían llevado a cabo con intimidación hacia la víctima, ya que, como en el caso de Pozoblanco, “la víctima se encontraba en un lugar recóndito, angosto y sin salida, por lo que la intimidación fue evidente”. El asiento trasero de un vehículo, sentada ella entre dos de los agresores, es ese lugar recóndito, angosto y sin salida y por ello, también se produjo intimidación ambiental, con lo que los hechos pudieron y debieron haber sido calificados como constitutivos de agresión sexual. Son agresiones sexuales.

Otra cuestión que me llama la atención de esta sentencia es el hecho de que nada se ha investigado o al menos nada se concluye acerca de los hechos no grabados, pero que sin duda se produjeron dentro el vehículo, siendo buena prueba de ello el hecho de que la mujer estuviera desnuda al despertar y que tuviera un hematoma en la cara interna de los muslos. No hace falta ser Sherlock Holmes para intuir que las agresiones fueron más allá de lo que aparece en las grabaciones, pero el juez razona al respecto que las dudas que tiene sobre qué pudo pasar, ¡quien no las iba a tener! no le permiten condenar. De acuerdo, así debe ser en base a los principios del Derecho Penal, pero por lo menos se debe investigar al respecto. No hacerlo, es infravalorar el daño causado a la víctima.

Pero si como dice el juez las dudas no le permiten condenar por hechos no plenamente probados, en cambio, aún considerando tan graves hechos como abusos sexuales, el juez sí podía haberlos sancionado con penas superiores y no lo ha hecho, lo que demuestra el trato comprensivo, benevolente con estos depredadores sexuales, porque eso es exactamente lo que son esta panda de delincuentes.

Vamos a ver cómo pudo haber impuesto penas más severas y voluntariamente el juez de Córdoba no lo hizo.

Ha condenado a los cuatro enjuiciados por los delitos de abusos sexuales y delitos contra la intimidad y a uno de ellos por delito de malos tratos de obra.

Las penas que tienen previstas estos delitos y las impuestas en la sentencia, son las siguientes:

  • Delito de abusos sexuales: de 1 a 3 años. Pena impuesta: 1 año y 6 meses.
  • Delito contra la intimidad: de 1 a 4 años. Penas impuestas: 1 año y 4 meses a tres de los condenados y 3 años al que efectuó la grabación.
  • Delito leve de malos tratos de obra: multa de 1 a 2 meses. Pena impuesta: multa de 1 mes, a razón de 8 €/día, es decir, multa de 240 €.

Nadie puede negar la benevolencia con la que han sido tratados estos delincuentes, porque prácticamente se les ha impuesto la pena mínima.

En nuestra sociedad democrática, regida por los principios de igualdad y de libertad, uno de los problemas más importantes que tenemos y que nos está resultando más difícil combatir, es la desigualdad de las mujeres respecto a los hombres, siendo la violencia que ejercen ellos sobre ellas la manifestación más brutal de esta injusta desigualdad. La justicia, el poder judicial, se tiene que implicar en la erradicación de las conductas que son expresión de la dominación de un sexo sobre otro, lo mismo que estamos implicada el resto de la sociedad y por supuesto los otros dos poderes del Estado.

Las sentencias no pueden ser una invitación para seguir delinquiendo. Porque dar un golpe en la cara, un puñetazo en el brazo, echar de un coche y llamar puta a una persona, no se puede calificar como delito leve de malos tratos y solventar con la imposición de 240 € de multa (no llevar la mascarilla durante el COVID19 lleva multa, pero saltarse el confinamiento son hasta 600 € de multa), porque no es una condena disuasoria y no digamos no ejemplarizante. Todo lo contrario. Es una invitación para seguir delinquiendo. Y es la mejor fotografía de cómo considera el Código Penal a las mujeres. Como afirma Catharine Mackinnon: “El Derecho ve y trata a las mujeres como los hombres ven y tratan a las mujeres”.

Hemos de cambiar el Código Penal para adecuarlo al nuevo momento social, aplicar la perspectiva de género y para reducir en lo posible el margen interpretativo, porque de ese margen interpretativo, con mucha frecuencia salimos perdiendo las mujeres y ganando los delincuentes por los prejuicios y los estereotipos machistas que tienen aún muchos juzgadores. Y no es cuestión de ganar o perder. Solo es cuestión de justicia, de igualdad entre mujeres y hombres.

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