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Acabar con el virus o con el Gobierno, cuestión de prioridades

Acabar con el virus o con el Gobierno, cuestión de prioridades

jueves 21 de mayo de 2020, 12:40h
Se trata de salud. En estos momentos sigue tratándose de preservar la salud de la ciudadanía. Ese es el empeño del Gobierno, pero no de la oposición. Ha quedado bien claro en el último pleno del Congreso de los Diputados que ha aprobado la prórroga del estado de alarma con los votos en contra del PP. Definitivamente, el que debería ser el partido garante de una oposición ejercida con responsabilidad de Estado se ha marchado al rincón de Vox. Su objetivo, si pudiesen, derribar al Gobierno. Aunque ello le costara la salud a los españoles.

Algo está fallando en una fuerza que pretende seguir siendo alternativa de gobierno cuando aparece ante la ciudadanía como una amenaza a su seguridad. Porque esto va de garantizar la salud y la seguridad de la ciudadanía ante lo que continúa siendo una amenaza real, el virus que ha causado la pandemia y que aún mata a diario a decenas de personas en España. La dicotomía entre economía y salud es falsa porque no hay recuperación económica posible si no frenamos al virus. Un repunte grave, especialmente sin las garantías suficientes de reacción adecuada por parte de la Sanidad en todos los territorios, podría ser terrible tanto desde el punto de vista de coste en vidas humanas como, por descontado, en su afectación a la economía y el empleo.

La actitud del PP es estrategia pura y dura y lo peor es que a sus actuales dirigentes les trae sin cuidado a quién se lleven por delante, cual Maquiavelo. Ya mostró su cara más ruin cuando, hace quince días, decidió abstenerse en la votación de la última prórroga. E incluso antes, cuando, hace tres semanas, tampoco apoyó el decreto de medidas urgentes que garantiza y amplía los servicios de atención y protección a las mujeres que son víctimas de violencia de género, de explotación sexual y trata. El decreto apelaba al espíritu del Pacto de Estado sobre Violencia de Género y los populares, que sí habían apoyado el pacto en 2017, con Rajoy como presidente, se desmarcaron en plena deriva de Casado hacia el abismo, abducido por las mieles de Aznar y secuestrado por el frenesí ultraderechista y misógino de Abascal. La misma actitud hostil y contraria al consenso y a la unanimidad que requiere un tema tan sensible la ofrecieron sus diputadas en la comparecencia, el lunes pasado, de la ministra de Igualdad en la comisión parlamentaria que se encarga del seguimiento y evaluación del mencionado Pacto de Estado. Lo de menos, los españoles y las españolas. Lo de menos, la amenaza del machismo asesino o la de la pandemia letal.

En el Hemiciclo y en las comisiones del Congreso, la posición de los diputados y diputadas populares degenera. Lejos de afilar su discurso, de mostrar buena oratoria, de cargarse de argumentos, como marca el buen parlamentarismo, optan por descalificar, insultar y hasta amenazar, como hizo en el pleno de esta semana José Ignacio Echániz mientras intervenía Adriana Lastra. En la calle, se suceden las manifestaciones y escraches protagonizados por grupos que se nutren de ultras y acomodados “descontentos” que han pedido prestadas las cacerolas al servicio. Y la presidenta madrileña los alienta y hasta amenaza con que vendrán más. Cierto es que estamos ante un fenómeno global, las protestas reaccionarias se registran en todas las latitudes, desde EEUU hasta Alemania. Pero eso no excusa la temeridad que implica jalear desde la tribuna parlamentaria a los que infringen la norma y ponen en jaque los sacrificios de la ciudadanía y los esfuerzos del Gobierno por acabar con la pandemia.

Qué decir de la posición de ERC, un partido que cae una vez tras otra en el error del seguidismo a JuntsxCat. Ir a remolque de Torra también en Madrid no parece una opción muy inteligente. Máxime cuando el presidente de la Generalitat, cual flautista de Hamelín, confesó en un tuit lanzado durante el pleno que había pedido el No a la prórroga del estado de alarma y agradecía el voto en este sentido a los partidos independentistas, esto es, al suyo y ERC, porque EH Bildu se abstuvo. Remataba en las redes sociales el president asegurando que ese es el camino, el de “trabajar unidos para culminar la independencia de Catalunya”.

Unos y otros, Partido Popular e independentistas catalanes, están poniendo claramente por delante del interés público el suyo particular y partidista. Vox le marca el camino al PP y JuntsxCat hace lo propio con ERC, aunque Rufián proclame desde la tribuna del Congreso su izquierdismo. Allá cada cual con su conciencia.

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