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Tu eres Pedro...
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Tu eres Pedro...

Tu eres Pedro

lunes 04 de mayo de 2020, 09:37h
La Iglesia Católica, Apostólica y Romana justifica su poder como institución en el capítulo 16, versículo 18 del Evangelio según Mateo. Dice Cristo a Simón Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia.” Los evangélicos interpretan las palabras de Cristo literalmente para decir que Cristo no se refería a la Iglesia como asamblea de todos los cristianos, sino a una roca que estaba por ahí y sobre la que proyectaba construir un templo.

Estudié en una universidad católica en la que era obligatorio aprobar ocho semestres de teología con cualquier carrera. La religión comparada, para entendernos, me revolvía la mente o el alma, como se quiera. Por lo que yo creo fue una serendipia, de las dudas me libró un poema de Borges: El Golem. El poema nos relata la terrible temeridad de un rabino de Praga que quiso emular a Dios creando a un hombre y lo que consiguió crear fue un engendro espantoso. Los últimos versos del poema se me grabaron en el alma y me vuelven a la memoria con frecuencia: ¿Quién nos dirá las cosas que sentía Dios al mirar a su rabino en Praga? Me vuelven cada vez que alguien habla de Dios o en nombre de Dios o utiliza a Dios para justificar sus pensamientos o sus actos. Hace unos días, recordé el poema al ver la foto de una mujer enlutada y compungida, con una lágrima negra surcando su mejilla y los ojos perdidos en lo que podría ser una dolorosa meditación o una expresión buscada para que estuviera en consonancia con su patética pose. La mujer estaba en el sagrado recinto de una catedral. ¿Qué sentiría Dios al mirar a aquella mujer que lloraba o hacía que lloraba por todos los muertos del país? ¿Qué sentiría Dios cuando, pocos días después, esa misma mujer se divertía en una fiesta en honor a los sanitarios que habían atendido a esos muertos cuando todavía estaban moribundos?

Nunca se me ha ocurrido preguntarme a conciencia lo que sentirá Dios porque si yo supiera lo que Dios piensa o siente, Dios sería yo. Lo que sí me pregunto, por desgracia muy a menudo, es si verdaderamente creen en Dios los que dicen creer y con actos infrahumanos, inmorales, desmienten su supuesta fe. ¿Puede creer en Dios quien utiliza su nombre para fines que cualquier persona con valores humanos reprobaría? ¿Puede creer en Dios quien a Dios atribuye pensamientos y actos que responden a sus propios intereses como el monstruoso Golem respondía a la locura del rabino de Praga?

Hoy que muchos están medio locos o locos de atar por el miedo a la enfermedad y a la muerte o por el descubrimiento de que la persona con la que viven no es la persona con la que quieren vivir el resto de sus vidas o porque el confinamiento y la soledad les han revelado a la persona que llevan oculta en su inconsciente y esa persona resulta ser un Golem infrahumano o porque hace muchos días ya que una plaga ha transformado nuestras vidas y nadie sabe si algún día podremos recuperar lo que de nuestras vidas nos gustaba; hoy que todo parece ir del gris al negro y del negro al gris con esporádicos rayos de sol en el mejor de los casos; hoy puede que algunos cedan a la tentación de pensar que sentirá, qué pensará Dios de todo lo que nos está pasando y cómo estamos reaccionando a lo que nos pasa.

Ayer leí el tuit de una persona que daba gracias a Dios por haber permitido que este horror nos cayera encima con un gobierno socialista y con un presidente como Pedro Sánchez. ¿Qué nos pasaría?, se preguntaba, ¿qué nos pasaría si le hubiera tocado gestionar este desastre a un gobierno liberal al que no importase dedicar todos los recursos a salvar la economía antes que a las personas? La pregunta me llevó a una asociación de ideas y la asociación me recordó las palabras de Cristo en el evangelio de Mateo: Tu eres Pedro.

Si Dios hubiera pronunciado esas palabras para nombrar solemnemente a Pedro Sánchez presidente del gobierno de España durante esta epidemia que amenaza con mandarnos a todos al otro mundo, yo, en el lugar de Pedro Sánchez, hubiera clamado al cielo: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Porque esta no es la España por la que yo suspiraba cuando la suerte o lo que fuera me llevaba al extranjero. En la España de mis vacaciones durante mi infancia y mi adolescencia, los españoles vivían como los perros, con una cadena atada muy corta, pero yo no me enteraba. Como venía de democracias muy antiguas, no sabía ni entendía lo que era una dictadura. Mira si eras ignorante, me digo, que te empeñaste en dejar la carrera para meterte a monja. Durante muchos años pensé que mi madre era aún más ignorante y más tonta que yo porque se empeñó en que me metiera en un convento en España. La aventura me duró ocho meses. Cuando Franco convocó a un referéndum para aprobar la Ley Orgánica del Estado, a mí, burra de mí, postulante a punto de entrar en el noviciado, no se me ocurrió otra cosa que hacer propaganda en el convento contra Franco, su referéndum y su ley orgánica. Hoy, tantísimos años después, agradezco a la Madre General y a su Vicaria que me echaran del convento en vez de denunciarme a la policía. Mis padres también lo agradecieron. El disgusto más grande que les había dado hasta entonces había sido mi decisión de hacerme monja. Al insistir en que entrara en un convento español, mi madre demostró ser mucho más lista que yo. Conociéndome muy bien sabía que no había vocación religiosa que me contuviera la lengua si se trataba de asuntos políticos.

Viendo a esta España desde hace muchos años sin moverme de aquí, viviendo en esta olla de grillos en la que muchos aún guardan en silencio sus recuerdos de la dictadura y sus hijos no se quieren acordar y sus nietos no saben ni lo que fue porque no se quieren acordar ni sus libros ni sus profesores; viendo, viviendo a esta España antes y durante el virus, no logro entender cómo Pedro Sánchez luchó por ser candidato de su partido a la presidencia del gobierno, y cómo siguió luchando para ganar una moción de censura que le llevaría a presidente del gobierno, y cómo se presentó dos veces a las elecciones para ser presidente del gobierno de un país que en la mejor de las circunstancias da pena y en la peor, horroriza.

Tú eres Pedro, le dice mi mente, y solo tú, Pedro, podías aguantar las zancadillas de los que en tu propio partido habían decidido que Mariano Rajoy siguiera siendo presidente con su ayuda. Solo tú podías renunciar a cargos y sueldos porque se te había metido en la mente o en el alma no poner al país bajo la presidencia de un partido liberal al que traía al pairo el bienestar de los españoles llamados, eufemísticamente, más vulnerables. Solo tú podías presentar una moción de censura al presidente de un partido declarado corrupto por los tribunales. Solo tú podías aguantar la andanada de insultos y de infamias que te dirigió el líder del primer partido de la oposición en cuanto ganaste las primeras elecciones; la andanada de insultos y de infamias que te dirigió un iluminado que aún sueña con el retroceso al pasado franquista; la andanada de insultos y de infamias de un individuo que, proclamándose de centro liberal, rivalizaba en derechismo con los otros dos. Solo tú te podías enfrentar a una epidemia mortal desconocida para todos soportando que todos te atacaran por desconocerla. Sólo tú puedes soportar la crítica constante de perfectos imbéciles concentrados exclusivamente en el modo de robarte votos, mientras muestran un desprecio absoluto por las víctimas del virus que nos está matando. Se me ocurre que si Cristo te hubiera nombrado a ti cabeza de su Iglesia, te hubieras dejado crucificar boca abajo. Se me ocurre que si el Destino de los griegos te hubiera propuesto hacerte cargo de la epidemia que iba a caer sobre España como tormenta perfecta afectándolo todo, le hubieras interrumpido para ponerte a trabajar, porque tú eres Pedro, etimológicamente una piedra, piedra que nadie es capaz de mover aunque todos lo intentan desollándose el prestigio.

Pero yo no hablo con Pedro Sánchez porque no le conozco personalmente, y tengo que confesar que los artículos y telegramas que se dirigen a un personaje político en segunda persona me resultan falsos y un poco ridículos. Mentalmente sí que le pregunto a Sánchez cómo puede aguantar y deslomarse por un país en el que la mayoría de políticos y prensa se han pervertido; en el que la mentira y la falsedad se han convertido en valores; en el que ni a políticos ni a periodistas ni a analistas ni a tertulianos parece importar ponerse en ridículo, sino más bien todo lo contrario. Pero en fin, tú eres Pedro.

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