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Violencia de género en los tiempos del coronavirus
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Violencia de género en los tiempos del coronavirus (Foto: TW)

El Contagio global en la crisis de la desigualdad

sábado 02 de mayo de 2020, 20:28h
Llueve sobre mojado. Las políticas austericidas del gasto público, con recortes en sanidad y servicios sociales, han pasado la factura en nuestro país sin distinguir entre pobres y ricos, el adelgazamiento de lo público y su paulatino deterioro en beneficio de la gestión privada, y la mercantilización de lo común, ha impedido no solo que la sociedad civil pudiese remontar de la crisis económica, sino que se dispusiera de recursos básicos en momentos de emergencia.

La pandemia de coronavirus no es solo una crisis de salud pública, sino de desigualdad económica y social, de insostenibilidad medioambiental y de grado de cohesión social. Para el abordaje de la crisis es crucial tener en cuenta la edad y las condiciones laborales, la residencia (incluyendo los/as sinhogar ), la situación socioeconómica, y las relaciones personales y de género. La salud no deja de ser política y la corruptela de una manera u otra se paga, pero parece que el responsable de todo es solo un virus, causante de todo el deterioro de lo público (y privado). El contagio se ceba con las personas mayores y enfermas, pero también son factor de riesgo las víctimas de la crisis de los banqueros, éstos que a partir del 2008 contagiaron la miseria, y las dignificadas son personas con escasos recursos, trabajadoras pobres que viven al día y tienen que ir a trabajar para sobrevivir a pesar del riesgo de contagio, así como desempleadas sin prestaciones que confinadas quizá enfermen de hambre, o las que a duras penas se salvaron entonces pero ahora son expulsadas del mercado de trabajo, sobre todo en lugares donde escasea la producción, la ciencia y tecnología punta, las políticas de vivienda, y la distribución de la riqueza mediante servicios públicos y políticas activas de empleo.

Mientras, muchas personas en el mundo mal viven o se encuentran en pobreza extrema, y carecen de sistema sanitario público, pero parece que ciertas potencias mundiales se coordinan para mantener un sistema económico a espaldas de la seguridad y el bienestar general, pues paradójicamente habiendo millones de personas que no pueden adquirir alimentos, sus países los exportan a otros países a bajo precio, países que no carecen de ellos. Según la OMS, en el mundo la mortalidad materna es de 830 muertes/día, pero hay países empeñados en permitir los vientres de alquiler, y muchas otras epidemias, la malaria y la cólera, hacen estragos cada año, ahora es la pandemia de coronavirus la que más alarma ha generado en la salud mundial, y sobre todo en la economía global, cuando ésta, a priori, años antes fue enquistada. Ya era hora que una Alarma Social fuese global. Cierto es que a nivel mundial en 2008 unas cuantas entidades financieras, sus agencias de calificación y primas de riesgo, así como algunos Gobiernos, calculaban como repartirse el control de las diferentes regiones del mundo, Norte y Sur, Oriente y Occidente, con inversiones y compra de la deuda, y porqué no, con su ingeniería bélica, ahora corre el bulo o la especulación sobre la posible causa de la pandemia, un ensayo para la III Guerra Mundial, la guerra biológica. Pero seamos realistas, la mayoría de la población ya vive y muere luchando contra las infecciones, epidemias y plagas recurrentes, las malas cosechas, y las parálisis económicas constantes, a lo que se añade el coronavirus, mientras los Gobiernos de otros muchos países, intentan escatimar la Tasa a las Transacciones Financieras, propuesta, entre otras, para la recuperación económica de la anterior crisis de los banqueros y la deuda externa, y ahora para rescatar a las personas de la crisis pandémica.

Y ¿ cómo afecta la crisis pandémica a la vida de las mujeres? .
¿ Aporta al mundo una visión necesaria de la economía de los cuidados ?.

Se agudiza la desigualdad de género en el territorio doméstico hasta enfermar, con o sin contagio de coronavirus, sobre todo psicológicamente debido a la sobrecarga de trabajo productivo, del hogar y del cuidado de las personas dependientes y que van enfermando (síndrome de la cuidadora). Además, la reclusión en el espacio doméstico es unos de los principales factores de riesgo de la violencia de genero, es obvio por tanto, que el confinamiento obligado de la pareja o toda la familia en el hogar, puede conllevar episodios de violencias machistas, con el añadido de la imposibilidad de denunciar al no poder salir, así la violencia de género y doméstica queda invisibilizada. Las mujeres discapacitadas o enfermas tienen más probabilidad de sufrir malos tratos. Por otro lado, la feminización de la pobreza conlleva un aumento de la explotación sexual, los clubes están cerrados y a penas se mantienen los pisos de la tercería locativa, se acorta progresivamente la línea entre prostitutas / prostituidas, pues las mujeres no pueden pagar la residencia, se endeudan o aumenta su deuda, y la explotación sexual se abre paso de la mano del mafioso negocio global de la trata, aún no desarticulado, que aprovechando la pandemia se hace más invisible.

Ahora el planeta vive recluido, con miedo al “Otro” por el contagio, defendiéndose de una “guerra biológica” que extingue la vida y arruina la economía, todo ello orquestado por una gobernanza global y una UE que no cesa de dirigir la batuta, aunque delegando en los Estados la responsabilidad de la falta de recursos públicos, la saturación de la acción protectora, la asistencia social, los sistemas sanitarios... y como no, todo ello al margen de la realidad de las mujeres, Beijing +25, y la urgente implementación de la Estrategia Europea de Igualdad 2020-2025, una vez desmovilizadas las feministas, las revueltas y manifestaciones. La vuelta a lo nacional ya no es posible, no obstante en España se está reforzando el Estado de Bienestar desde el Estado de Alarma para evitar la transmisión del contagio, con un esfuerzo de adaptación y flexibilización de la jornada laboral para el cuidado, prestaciones extraordinarias para desempleados/as despedidos/as a causa del COVID-19, y para el cese de actividad de los/as autónomos/as, ayudas a las empresas acompañadas de las prohibición de los despidos... hasta la premura de una Renta Básica Ciudadana.

En medio de una pandemia cuyo contagio no discrimina raza, etnia, clase, género, orientación sexual...y con fijación en nuestros mayores, cabe pensar... ¿No será que esta crisis, a diferencia de la anterior, ha obligado a colocar la vida de las personas en el centro de la economía, y no las entidades financieras? (a excepción de Reino Unido, EEUU y Brasil) .

¿Será el momento de emprender una transformación social Pro Economía Feminista?.

Pues ya nada será igual. Después de la pandemia habrá que replantearse la denominada “crisis sistémica” oculta hasta el momento, y no será posible promover la igualdad social y de género en un sistema económico y ecológico tocado por la depresión del 2008, y consumado con la crisis actual. Comienza la lucha por mantener las acciones protectoras emprendidas durante la crisis coronavírica, establecer de fijo los avances en bienestar y cuidados improvisados por los Estados para paliar la crisis, así como una tecnología digital accesible que informe e interrelacione por igual a todos/as, porque si se pudo, se puede, y si se puede, se podrá. Más que reformar, se trata de refundar. Hay quien apunta al acabose del sistema económico capitalista, pero lo cierto es que cualquier cambio de modelo económico necesita de un nuevo orden de género, porque la actual

base económica se soporta solo en referencia a la familia heteropatriarcal, la división sexual del trabajo, la brecha de género, y el reparto desigual del trabajo doméstico y de cuidados, que concibe a las mujeres como trabajadoras no remuneradas de por vida, a fin de proveer a la familia y la sociedad del servicio que debe suministrar el Estado. Queda en evidencia con esta crisis la actual imposibilidad del sostenimiento de la vida sin recursos familiares, incluido las cadenas globales de cuidados con mujeres inmigrantes para el trabajo del hogar, exponente de la red feminizada de interdependencia. Hay que poner los cuidados y la cobertura de las necesidades de las personas, como la salud pública, en el centro de la economía, hacia una economía generadora de bienestar mediante corresponsabilidad social, contabilizando los trabajos no remunerados invisibilizados, imprescindible para el funcionamiento del conjunto de la economía y el sistema de seguridad social.

Es el momento de reinventar lo público que se ha reivindicado como fundamental durante la crisis pandémica, acabar con las transferencias desde los Estados a las corporaciones financieras, y tal que las necesidades son universales también hacerlas universallizables, sería lo propio establecer un Sistema Global Público Sanitario, que eliminase las desigualdades entre las personas de los diferentes países por motivos de nacionalidad, origen, género, clase, raza, etnia, edad, orientación sexual, identidad de genero... así como una Renta Básica Universal. Otra urgencia es el equilibrio ecológico sostenible, ya que como se ha podido comprobar, biología y economía están
interrelacionadas, somos ecodependientes, estamos subordinados/as tanto a la naturaleza como a los cuidados, de ahí la necesaria distribución de la riqueza, el trabajo y el tiempo, no solo por razón de justicia social, si no por supervivencia.

Es el momento de dar el paso de una economía de género a una economía feminista global.

Elena de León Criado

*Politóloga y escritora.

*Presidenta de la Asoc. Derechos Humanos de las Mujeres y Desarrollo (DEHMUDE) Presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres de la Comunidad de Madrid. Secretaria de igualdad de la Agrupación Socialista de Chamberí.

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