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Gente aplaudiendo en los balcones
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Gente aplaudiendo en los balcones (Foto: RRSS)

Hasta nos han querido quitar los aplausos de los balcones

sábado 02 de mayo de 2020, 19:59h

Uno de Mayo… Vamos camino de los 50 días de cuarentena. A las ocho, como cada día, con la ilusión intacta por lo bonito del gesto, salimos mi pareja, mi hijo y yo a aplaudir a nuestra ventana. Suena el reloj de la torre de la iglesia de nuestro pueblo. “Son las ocho”, exclama uno de mis vecinos, que es el que cada tarde nos da el aviso. Hemos chocado nuestras manos un par de veces cuando otra de mis vecinas, asidua a los aplausos desde el primer día, nos dice que han dicho que ya no hay que aplaudir.

Sorprendido, mi pareja le pregunta que por qué. Lo han dicho por las redes sociales, que no hay que aplaudir por lo mal que lo está haciendo el Gobierno”, da por toda respuesta. En ese momento, alucino y sigo aplaudiendo. Yo no he recibido mensajes invitándome a dejar de disfrutar del momento más bonito del día: el de ver a mis vecinos, comprobar que están bien, hablar de las pocas cosas interesantes que no pasan en el día a día, comentar si hay nuevos contagiados conocidos y, sobre todo, alegrarnos juntos de aquellos que han recibido el alta y están de nuevo en casa.

No he recibido nada para no abrir la ventana y aplaudir, pero, si lo hubiera recibido y el argumento fuera por lo mal que lo está haciendo el Gobierno, lo hubiera ignorado. Por dos razones. La primera, porque esos aplausos, desde el primer momento, no fueron para alabar al Gobierno. Si no recuerdo mal, fue una iniciativa popular para respaldar, reconocer y alentar a nuestros profesionales sanitarios, que se siguen dejando el cuerpo y el alma con cada paciente que entra en un hospital con coronavirus. Precisamente, allá por la segunda semana de confinamiento, me contaba una amiga enfermera en un hospital de la Comunidad de Madrid que a ella le iba a costar más superar todo lo vivido a nivel emocional. “El cansancio físico se pasa; pero lo que estamos pasando estos días vamos a tardar mucho tiempo en olvidarlo. Tengo miedo de cómo va a reaccionar mi cabeza el día que esto se controle y me ponga a reflexionar sobre todo lo que ha pasado, sobre todo lo que hemos vivido en el hospital”, me decía. Por ella, por sus compañeros y compañeras, por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, por los que trabajan en servicios esenciales, etc., sigo saliendo cada día a aplaudir, para que les sirva de aliento para seguir dando el cien por cien. Por ahora, además de quedarme en mi casa, es lo que puedo hacer por ellos. Y lo seguiré haciendo encantada. ¿Hasta cuándo? Pues no lo sé. Seguramente hasta el día que sean las ocho de la tarde y pueda estar en un sitio diferente a mi ventana y a mi casa.

La segunda razón por la que hubiera ignorado el mensaje es porque creo que castigar ahora al Gobierno no valdría de nada. Tiempo habrá para juzgar aciertos y errores, que seguro que los ha habido y de ellos habrá que aprender para que no vuelvan a repetirse. Estoy segura de que nunca hubo mala fe y de que en cada decisión que el Gobierno toma se intenta siempre buscar la mejor solución escuchando a los expertos, pero sin precedentes es difícil acertar en todo y a la primera. Todos los gobernantes de países de nuestro entorno como Reino Unido, Francia u Holanda, de signo político diferente al de España, han tomado las decisiones que creían más acertadas en cada momento. Y también se han equivocado. No es consuelo, por supuesto, pero es un ejemplo de lo difícil que resultar gestionar una crisis como esta.

Pero ahora es el tiempo de arrimar el hombro, de aportar, de colaborar, no de poner palos en la rueda, ni de dividir, ni de crispar. Con la que está cayendo, hay partidos políticos que optan por la estrategia de la división y el enfrentamiento. Todos, votáramos lo que votáramos, hemos estado saliendo a nuestras ventanas cada tarde. La ciudadanía ha sabido estar a la altura de las circunstancias y lo ha hecho de manera conjunta y solidaria, promoviendo iniciativas como los aplausos de las ocho. ¿Por qué ahora de repente se quiere apoderar un partido como VOX de mi aplauso? Pues por lo de siempre: porque sus raíces son las que son, porque ellos han sido siempre del “porque lo digo yo” y del porque “si no es la realidad como yo quiero, me la invento” y llenan las redes de bulos que asusten o crispen, que es lo que a les va bien. Pero se olvida el señor Abascal de que nuestra democracia tiene ya más de 40 de años y de que la práctica de la imposición de los 40 anteriores ya está más que superada.

Precisamente, tomando como ejemplo un acuerdo adoptado en nuestra incipiente democracia, el Gobierno presidido por Pedro Sánchez ha tendido la mano a todas las fuerzas políticas. En la reconstrucción de nuestra sociedad y nuestra economía estarán los que quieran estar, los que miran al futuro y no al pasado. Los que no participen o lo hagan sin interés, que serán seguramente esos que se tienen por más patriotas que nadie, dejarán claro que a ellos no les duele España, ni las casi 25.000 vidas que se ha llevado por delante este maldito virus que, además, ha paralizado prácticamente nuestra actividad económica. Los que no aporten nos demostrarán, una vez más, que a ellos lo que les duele es un Gobierno responsable, de mano tendida, que intentará hasta la saciedad que este país se recupere cuanto antes y que el coste social no lo paguen los de siempre.

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