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Cómo diseñar un mundo nuevo

Cómo diseñar un mundo nuevo

miércoles 22 de abril de 2020, 17:45h

Si vamos a inventar un mundo nuevo, como tendremos que hacer, tras esta pandemia que nos diezma y confina, podemos ir diseñándolo. Hagamos conjeturas. Permíteme soñar lo que tendría que haber en él:

1) Más servicios sociales, con especial atención al:

  1. a) cuidado de los mayores, en especial a los que viven solos, con absoluto respeto a su opinión y dignidad, sin marginarlos ni utilizarlos a conveniencia.
  2. b) asistencia también a las personas que viven en la calle, sin trabajo y sin techo, para que tengan una vida digna y
  3. c) atención máxima a los enfermos, a las minorías étnicas y a las personas con discapacidad.

2) Más inversión en sanidad, mejorando o creando en su caso las especialidades de geriatría, de pandemias y de urgencias , así como más inversión en investigación, que profundice en el tratamiento de enfermedades y en la lucha contra el cambio climático.

3) Mejor colaboración y apoyo entre los países para evitar pandemias, guerras y daños al planeta.

4) Mayor presupuesto en educación, evitando la desigualdad entre alumnos y alumnas de distintas clases sociales, con mayor o menor acceso a la tecnología y a la cultura.

5) Mayor respeto a animales y personas de todas las razas, minorías y tierras.

6) Incremento del sentimiento de universalidad, potenciando los organismos internacionales como la OMS, la ONU, la UNESCO, la FAO, la UE o la Unión de estados iberoamericanos, que trabajan por la solidaridad y la igualdad entre continentes y países.

7) Anhelo por disfrutar del aire libre, de la naturaleza, de los parques, de los actos públicos, de los eventos multitudinarios, de los viajes, de los eventos culturales, del deporte, del paseo, de las fiestas populares y religiosas, que hemos tenido prohibidas y de las que estamos deseando tanto disfrutar en este confinamiento.

8) Culto a la familia, al vecindario, al grupo de amigos, a la comunidad educativa y laboral, a la población del municipio, a las organizaciones de barrios y de padres y madres de alumnos, que en caso de emergencia como la que estamos pasando, se han convertido en agentes de la asistencia social a los más desfavorecidos.

9) Conexión informática y telefónica con personas distantes o cercanas, fomentando el teletrabajo , el networking virtual y las aplicaciones que conectan vendedores y clientes, profesores y alumnos, artistas y público, creando nuevas formas de espectáculo, de venta y también de enseñanza.

10) Reivención de un modelo económico no liberal, sino humano, que proteja al individuo más que al capital, que ampare a la persona más que al colectivo y que huya de una sociedad de consumo absoluto, tendiendo a otra con valores éticos de respeto a los demás y alegría por disponer de salud, de trabajo o de ocio, sin ansia desproporcionada de riqueza.

11) Reestructuración de los horarios labores, de la corresponsabilidad de las tareas entre los miembros de la pareja, potenciando la conciliación entre el cuidado de la familia, el empleo y los horarios escolares.

12) Consideración de la salud como bien prioritario que hay que promover y cuidar a escala universal, vigilando la dieta de la infancia y la vejez, reduciendo la contaminación ambiental, lumínica, auditiva y alimentaria, evitando los plásticos, las combinaciones venenosas, la extracción de minerales peligrosos y la vivienda insalubre, hacinada o falta de suministros energéticos.

13) La consecución de la democracia como mejor régimen político, que da a la mayoría de la población la posibilidad de cambiar gobiernos con su voto y su libertad de opinión o manifestación.

14) Promover la información pública más exacta y veraz, filtrando las noticias, con los mecanismos tecnológicos disponibles, que tanto nos ayudan como abruman, pero de los que ya no sabemos prescindir.

15) Apreciar la amistad, la austeridad y la vida familiar más que el éxito social, el consumismo o el enriquecimiento individual.

Hemos perdido mucho, demasiado, con esta pandemia inesperada, que se ha llevado por delante la vida de miles de personas en todo el mundo, así como la economía que conocíamos y nuestra libertad de movimientos, pero tenemos que reconocer que semejante hecatombe ha removido todo nuestro entramado social, segando la vida de todas las clases sociales, pero volviendo más pobres a los que ya lo eran y haciéndonos comprender a todos nuestra vulnerabilidad como especie.

Esta convulsión social que vivimos deberá conducirnos a estructurar de nuevo el sistema sanitario, el de la asistencia social y el económico. Lo ideal sería que lo hiciéramos a nivel mundial, empezando por Europa, ahora que la desgracia ha empobrecido, o degradado más bien, a todos los países occidentales, esos donde había crecido el estado de bienestar, y también una cierta conciencia de superioridad intelectual, porque como se expresa en el Eclesiastés, todo es vanidad, y el sufrimiento no conoce fronteras.

No habrá nada más humano e ilusionante que reinventar el modelo social en que vivimos.

Cuídate mucho. Quédate en casa.

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