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Aznar es quien mueve los hilos de Casado
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Aznar es quien mueve los hilos de Casado (Foto: EP)

Aznar, el hombre que susurra a Casado: "váyase señor Sánchez"

sábado 18 de abril de 2020, 11:54h

Los actuales lodos que embarran la política española proceden de los polvos que durante años han diseminado los vientos quien aspira a ser el nuevo Jefe del Estado, con o sin Corona, con o sin República. Me refiero a José María Aznar, un político que ha inoculado en el Partido Popular y en todas las facciones del derecha española el virus de la destrucción. Para el ex presidente español, la política no es el arte de lo posible sino una maquinaria de destruir Estados para lograr el poder. Sus rivales democráticos son enemigos a los que no hay que vencer en las urnas, sino destruir y enterrar.

En su primera aparición pública, en la que se declara falangista independiente y define a Manuel Fraga y Adolfo Suárez como “traidores al régimen”, es un artículo del 23 de febrero-que casualidad- de 1979 en el diario 'Nueva Rioja'. En ese artículo deja claro su ideario político con esta frase: “El consenso ha producido una gran desconfianza en una enorme masa de españoles en el buen funcionamiento del sistema democrático”. Frase con la que, además de definir a los españoles como masa, justifica la “elevadísima abstención beligerante en el referéndum de 1978”. Es la primera de su infinita lista de mentiras. Para desmemoriados. La Constitución fue aprobada con un 67% de participación ¿Dónde está la elevadísima abstención?

Pero no queda ahí su visión de lo que es una democracia parlamentaria. En otro artículo de julio de ese mismo año, afirma: ¿Qué tiene que ver el Parlamento, y esto es gravísimo, con la calle? A partir de ahí y con esta democrática ideología inicia su escalada hacia el poder a la vera del traidor Manuel Fraga, escalada jalonada por unos hitos propios de un político `destroyer`.

Independiente de su participación en la destrucción de UCD y de su líder, Adolfo Suárez, por una parte de la derecha, que culminó con el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 -y que nunca condenó explícitamente- Aznar llegó a la presidencia de la Junta de Castilla y León tras hundir con sucias artimañas la imagen de su antecesor, Demetrio Madrid, al que persiguió con su mantra preferido exigiendo su dimisión cuando ya sabía que Madrid la había presentado el mismo día que le comunicaron la querella presentada contra él. Querella laboral de la que fue absuelto.

Meses después, en julio de 1987, era elegido presidente de la Junta, sin mayoría y con el apoyo de otros partido regionalistas, cargo que abandonó dos años después para presentarse a las elecciones generales tras ser elegido vicepresidente en el Congreso que marcó la refundación de Alianza Popular en el Partido Popular, con los restos del naufragio de la UCD. Un año más tarde fue elegido presidente del PP “sin tutelas ni tutias” que diría Fraga, al que mandó de vuelta a Galicia a presidir una de las autonomías que formaba parte de un Estado que “era una charlotada intolerable que ofende el buen sentido”. Aznar dixit en el año de gracia de 1979.

Desde ese año, el único objetivo político de Aznar es destruir a Felipe González, a su Gobierno y al PSOE con un encono cercano al odio. Pese a sus malas artes Aznar pierde las elecciones de 1993 frente a un González cada vez más débil, obligado a pactar con los independentistas catalanes, acosado por la corrupción, los GAL y el terrorismo de ETA.

Es en el debate del Estado la Nación en 1994 cuando Aznar establece la estrategia definitiva de su partido para llegar al poder y que desde esa fecha siguen todos sus herederos. El 19 de abril, hace ahora 26 años, replica así González en el Congreso de los Diputados: “En las actuales circunstancias no le queda más que una salida honorable; presentar su renuncia al rey y aconsejarle respecto a qué miembro de su partido reúne las mejores condiciones para sustituirle. Váyase, señor González. No le queda ninguna otra salida honorable. Porque usted es el primer y principal responsable de la degradación de la vida pública española. Porque usted es el primer y principal responsable de la situación económica. Porque usted es el primer y principal responsable de los casos de corrupción y el clima general de corrupción en España. Porque usted es el primer y principal responsable de un Gobierno incapaz...”.

Les resulta familiar la letanía y el mantra, verdad. Es lógico. Está escrito por la misma persona que dicta los discursos de Pablo Casado y de todos sus portavoces y al que tal vez piden consejo los líderes de VOX. Desde esa fecha el mantra de “váyase, señor González solo ha variado en el nombre. González, Rodríguez Zapatero y ahora Sánchez. No importa que desde 1996 haya gobernado el PP gracias al apoyo de los denostados separatistas catalanes, vascos y canarios. Tampoco que el 3 de noviembre de 1998 reconozca en sede parlamentaria que ha empezado a negociar con el Movimiento Vasco de Liberación -antes ETA- y que ordene el acercamiento de 135 presos etarras, condición para que una delegación del PP se reúna en Zurich con los etarras Mikel Albizu 'Antza' y Belén González Peñalva 'Carmen'. Destituido González ordena la destrucción de un fuerte y prestigiado Josep Borrell al que la bancada popular no deja hablar a base de gritos e insultos. Borrell renuncia y el mediocre Joaquín Almunia recoge el mayor fracaso electoral del PSOE y encumbra a José María Aznar hasta la mayoría absoluta.

Con ella llegará una obscena orgía de mentiras, muertos y corrupción. El hundimiento del Prestige, la tercera tragedia ecológica más cara de la humanidad tras la destrucción del Columbia y Chernobyl, la convierte en unos hilillos de plastilina, fiel a su política negacionista de la contaminación y del cambio climático que heredará su sucesor, el primo de Zumosol. Comienza el bienio más trágico del terrorismo de ETA que siembra el país de muertos y terror. Incapaz de asumir la sangría, pide a Rodríguez Zapatero el apoyo que el negó a González. Y Zapatero firma el acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, el famoso Pacto Antiterrorista. Una lección de lo que es el sentido de Estado que ni él ni sus sucesores han aprendido ni agradecido.

Como el Parlamento nada tiene que ver con la calle, Aznar despreció la manifestación mundial mayor de la Historia. En España tres millones de personas salieron a la calle a gritar 'No a la guerra' y siguieron las mentiras. El 20 de marzo comienza la guerra de Irak y Aznar sigue con sus mentiras: “creánme, Sadam Hussein tiene armas de destrucción masiva” Los muertos se cuentan por millones hasta convertir el mundo en un tanatorio.

En nichos esconden a los militares muertos en el accidente del Yak 42 y por el que nadie del PP, incluidos Casado y adlátares, han pedido jamás perdón a las familias de las víctimas, que tampoco pudieron despedir a sus muertos porque no sabían en qué ataúd estaban enterrados. El culmen de su mandato fueron las mentiras y los muertos del 11-M de 2004, mentiras y muertos colaterales de la guerra de Irak.

Pero España era un país rico en la cumbre del poder mundial. Como muestra del despilfarro en que vivía el país ahí está la hortera boda de Ana Aznar con Alejandro Agag, celebrada en El Escorial y a la que asistió lo más granado de los cabecillas de la Gürtel, todos ellos vestidos de frac. Y mientras esto ocurría en el edificio más majestuoso del Imperio de Felipe II, un sencillo piso costaba el doble que en 1996 y el mercado inmobiliario subía a un ritmo del 17 % anual. En 2008 estalló la burbuja inmobiliaria de la que Aznar nunca se sintió responsable y que provocó una brutal crisis económica en España. Y con la burbuja volvió el mantra: "Váyase señor Zapatero. Usted es el primer y principal responsable...". Y sin apoyos ni consenso Rodríguez Zapatero tuvo que afrontar la crisis y sacar al país de las garras bancarias y financieras. Lo primero el poder.

Después de años de mentiras, muertos y corrupción ahora, ante la mayor crisis sanitaria, social y económica mundial, el mantra se repite: "váyase señor Sánchez. Usted es el primer y principal responsable...". Y la estrategia de destrucción de la derecha de Aznar se impone para debilitar al Gobierno cuando más necesaria es la fuerza desde la unión para negociar con Europa, tomar medidas drásticas que sirvan para acabar con la pandemia y reconstruir al país después. Pero Aznar ha dado la orden alta y clara. No al pacto. Primero hay que destruir el Gobierno de coalición. Fuera los comunistas de Podemos, los separatistas catalanes y los terroristas vascos. Usted señor Sánchez si no se quiere ir, va a estar solo con nuestro apoyo y si no hace lo que queremos le dejaremos caer. Luego, cuando salgamos de la pandemia haremos elecciones y volveremos al poder que es nuestro, como España, el Rey, la bandera y la Constitución aunque no le guste al 'boss'. Ustedes son unos peligrosos y advenedizos intrusos. Váyanse, son los primeros y principales responsables...

Esta es la estrategia de Casado y demás marionetas que maneja desde FAES el que fuera considerado uno de los cinco peores expresidentes del mundo. A estas señorías les importa un bledo la salud y la solvencia económica de la sociedad española pese al claro mensaje que les ha mandado. El consenso siempre es mejor para los ciudadanos que la intransigencia y la intolerancia, pese a la estrategia de las facciones de ultraderecha que lidera José María Aznar.

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