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El quiosco de Tere

El quiosco de Tere

jueves 09 de abril de 2020, 20:29h
Esta mañana al acercarme al quiosco de Tere para comprar El País, me entretuve un ratito con mi mascarilla y mis guantes en ojear sin complejos y delante de todo el mundo (que se circunscribía a un señor también con mascarilla y guantes) la revista Hola, el semanario que tanto había alegrado durante años la vida de mi madre, el mismo que le llevaba escrupulosamente mi padre todas las semanas y que cuando dejó de interesarle, supimos que estaba muy malita.

No suelo comprarlo y por eso Tere me deja ojearlo a pie de quiosco, a la vez que ofrece un chuche a mi perro. Tere escucha a todo el mundo, enfermedades, opiniones y alegrías varias. Es la sicóloga del barrio de Chueca y ese es su gran encanto. Estos días de confinamiento la gente pasa rápidamente de una en una y no se para en tertulias, aunque ella, amablemente pregunta por la salud de todos.

Siempre he tenido una relación ambigua con esa publicación llena de fotografías de la realeza y de casas llenas de dinero y mal gusto. Pero hoy algo llamó mi atención, mientras el único hombre de la fila ya no podía más esperar y pedía a gritos la Razón a la vez que criticaba con agresividad mi comportamiento. Yo, en vez de arrugarme y con la complicidad de Tere, seguí abriendo con mis guantes las páginas de la revista hasta que me paré ante una frase increíblemente poética e inteligente “Cuando la noche es más oscura, significa que el amanecer está más cerca”. Aquello me sonó cómo una revelación, cómo un descubrimiento, es lo que necesitaba en este instante en el que el miedo y la tristeza nos cercan.

Y cuando terminé de ojearla y ya me iba, me vino la frase a la cabeza y me pregunté por el autor… oh, esto lo tiene que decir un filósofo, un poeta, un místico, un novelista, un Paul Auster, pero… ¿en el Hola? Una pregunta que necesitaba urgentemente una respuesta a la vez que el comprador de La Razón, tras su mascarilla, me sacaba la lengua. La erección de las mascarillas, pensé. Yo, indiferente, y mientras Tere le pasaba el folletín, volví a repasar las hojas de mi apreciado semanario para encontrar de nuevo la frase y.. ¡allí estaba¡ La foto era la cara de un tipo al que llamaban la voz de la esperanza en Italia y que tuve que mirar varias veces para cuadrar la profecía con su posible capacidad intelectual. Un señor que se había dedicado toda su vida a tirarse señoras, a ponerse hasta arriba de drogas y a gastar todo el dinero de su familia, daba esperanzas al confinamiento y la tristeza. Porque el tal Lapo Elkann, de la familia Agnelli, un auténtico bala perdida, dice algo que necesitamos escuchar en este Madrid machacado. También dice que Italia (cómo España) cuando esta de rodillas siempre se levanta y habla de generosidad y resistencia.

No soy fan de este tipo de gente, pero reconozco el valor de la palabra aunque el verdadero autor sea Paulo Coelho, palabras que vengan de donde vengan, son voces de consuelo y esperanza. Y las pedimos nosotros, la gente de los balcones. Es hora de escuchar hablar de esperanza a la Iglesia, a los intelectuales, a los políticos, a los macarras, a los horteras y a los famosos. Es hora de echar a los cenizos que solo piensan en esquilmarnos y asaltar el poder legal y democrático cueste lo que cueste. Es hora de luchar codo con codo porque efectivamente, cuando la noche es más oscura, significa que el amanecer esta más cerca y entonces, como diría el poeta Gabriel Celayasaldremos a la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo.”

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