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Der Spiegel: 'el rechazo alemán de los eurobonos es insolidario, mezquino y cobarde”
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Der Spiegel: "el rechazo alemán de los eurobonos es insolidario, mezquino y cobarde”

jueves 09 de abril de 2020, 14:38h

Steffen Klusmann, redactor jefe del medios más prestigiosos del país, ha escrito un artículo muy duro en el que critica la postura de Alemania sobre la emisión de los “coronabonos” y señala directamente a la canciller, Angela Merkel. Según el periodista,“el rechazo alemán de los eurobonos es insolidario, mezquino y cobarde”. Der Spiegel es una de las más prestigiosas publicaciones del mundo, tiene en su haber no haber tenido que desmentir, salvo una o dos veces, en su historial ninguna información emitida.

Der Spiegel, la revista de mayor difusión de Alemania, lleva en sus páginas de hoy un más que duro editorial en el que critica como está afrontando el país la crisis sanitaria de sus socios de la Unión. El medio señala directamente a Angela Merkel, y remite a sus palabras de hace ocho años, en plena crisis financiera, cuando dijo que “mientras yo viva, no habrá eurobonos”.

Para la revista, esta actitud es de una patente insolidaridad con países como España e Italia. El no querer dar una respuesta conjunta a la crisis, afirman, tendrá efectos muy severos en la economía de estos países, al no ser ésta tan sólida como la de Alemania. Para Klusmann, redactor jefe de Der Spiegel, el miedo al avance de AfD (Alternative for Deutschland, de extrema derecha) estaría marcando la agenda política de Merkel.

El editorial es el siguiente:

Hace ocho años, en el punto más álgido de la crisis del euro, la canciller alemana Angela Merkel aseguró que “mientras yo viva” no habrá eurobonos. Con ello pretendía reprender a los países del sur de Europa cuando la semana pasada en una cumbre por videoconferencia, volvieron a sacar el tema de los eurobonos para amortiguar el impacto de la pandemia por el coronavirus en sus economías nacionales. El ministro de Economía Peter Altmaier lo definió de modo despectivo como un “debate fantasma”.

O bien los gobernantes de Alemania no entienden lo que rechazan con tanta negligencia, o bien no lo quieren entender porque tienen miedo de que el partido populista Alternativa para Alemania, saquen provecho de las ayudas a los vecinos europeos, para su propia propaganda. Al fin y al cabo -continua la editorial- fue el encarnizado debate sobre la ayuda a Grecia, el que llevó a la creación de Alternativa para Alemania, hace ya siete años.

En lugar de decir honestamente a los alemanes que en una crisis como esta, no existe alternativa a los eurobonos, el gobierno de Merkel nos insinúa que con estos bonos algo estaría mal, tanto que al final quienes los terminarían pagando serían los diligentes contribuyentes alemanes dado que, al parecer, los italianos nunca han sabido manejar el dinero. La canciller ha recurrido a este argumento en tantas ocasiones que cualquier reconocimiento a los españoles e italianos, parecería una derrota. Nunca tendría que haber permitido que esto llegara tan lejos, aunque no fuera mas que por compasión y solidaridad.

La violencia de la pandemia por coronavirus ha ocasionado una tragedia en Italia y España, tanto desde el punto de vista humano como médico, también porque, después de todo, los dos países han ahorrado duramente, conforme a los deseos de Bruselas. Y no porque hayan vivido por encima de sus posibilidades.

Europa atraviesa actualmente una crisis existencial. En una situación así dárselas de guardián presupuestario de las virtudes es mezquino y sórdido. Quizás valga la pena recordar por unos instantes quién ayudó a financiar la reconstrucción alemana tras la guerra.

Los eurobonos son obligaciones comunes de todos los Estados de la Unión, no una unión de transferencias. Tienen la ventaja de que se les considera una inversión segura porque los Estados con una buena reputación, como Alemania, responden conjuntamente por las obligaciones de deudores sin tanta solidez, como Italia. Esto lleva a que los créditos para Alemania sean un poco caros, mientras que para Italia son bastante más baratos. Berlín se lo puede permitir pero, en cambio, Roma por sí sola pronto ya no podrá conseguir más dinero del mercado de capitales, pues los intereses serían demasiado altos.

Ahora bien, si Italia, España y Francia tuvieran que aplicar generosos programas de ayuda y garantías similares a los de los alemanes para sus economías detenidas, para evitar la masacre de las empresas, no se necesitarían miles de millones, sino millones de millones de euros. Y si los europeos no muestran de inmediato que resistirán todos juntos a esta crisis, los populistas, los enemigos de la Unión Europea y los fondos de alto riesgo en Londres o Nueva York se harán una fiesta. Como ocurrió con Grecia, van a apostar por una quiebra estatal europea. Y esta vez van a ganar.

Los países como Italia o España son demasiado grandes como para que el rescate sea posible con instrumentos ya existentes, como el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Sus 410 000 mil millones de euros ni siquiera alcanzan para Italia. Además, las ayudas previstas por el MEDE están vinculadas a condiciones que no serían razonables para el caso de impactos exógenos, como el coronavirus.

A los alemanes les gustaría ablandar esas condiciones y se remiten al Banco Central Europeo, que podría comprar lo que nadie quiere. La política ya hizo uso y abuso del banco central como último baluarte hace ocho años, porque los gobernantes fueron demasiado cobardes como para resolver los problemas por sí mismos. Sin embargo, todas estas sugerencias conducen de facto a lo mismo: una comunitarización gigantesca de los riesgos, solo que no se llaman Eurobonos.

Entonces, es más honesto y eficiente aceptar la reciente propuesta de los franceses, que entretanto hasta a los escépticos de los eurobonos les parece bien: los coronabonos. Se trata de títulos de deuda soberana europeos, con un plazo limitado y con una finalidad muy concreta: combatir la pandemia. Serían una fuerte señal para los mercados financieros, pero también para todas las personas en Europa. Demostrarían que en las situaciones de mayor necesidad no nos abandonamos, que Europa es más que una coalición de ególatras, más que un mercado interior bien aceitado pero insensible con una moneda (todavía) común. Y, no nos olvidemos, los coronabonos también serían una inversión financiera a prueba de bombas, que por fin arrojaría intereses. Eso sí, no para los fondos de alto riesgo.

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