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Ayuso ficha a la hija del ideo?logo de la privatizacio?n de la Sanidad
Ayuso ficha a la hija del ideo?logo de la privatizacio?n de la Sanidad

Los que ayer les despedían hoy les aplauden

lunes 06 de abril de 2020, 22:10h
Es curioso que la aparición de un elemento fulminador con el que nadie contaba, el Covid19, haya roto cualquier atisbo de respeto y dignidad entre la clase política y al grito de “yo no fui” sólo buscan exculparse y acusar al otro. ¿A quién? La respuesta es fácil. A quien tiene la máxima capacidad de decisión, la total responsabilidad y por tanto el único que puede equivocarse. Los demás, instalados en el “dolce far niente” alzan la voz fuera de casa y callan en la propia. Los que ayer les despedían hoy les aplauden.

En mis años infantiles en las excursiones cantábamos una canción muy popular: ”Ahora que vamos despacio vamos a contar mentiras. Por el mar corren las liebres por el monte las sardinas...”. Creí que esa era ya una canción obsoleta, pero veo que ahora que la sociedad española no es que vaya despacio, sino que está parada, se ha puesto de moda en los balcones y ventanas de las ciudades contar mentiras a cada cual más gorda. Y quienes más alto las cantan son aquellos que menos justificación tienen para mentir. Los políticos que hemos elegido para decir la verdad y tomar decisiones basándose en la realidad cierta.

Es curioso que la aparición de un elemento fulminador con el que nadie contaba, el Covid19, haya roto cualquier atisbo de respeto y dignidad entre la clase política y al grito de “yo no fui” sólo buscan exculparse y acusar al otro. ¿A quién? La respuesta es fácil. A quien tiene la máxima capacidad de decisión, la total responsabilidad y por tanto el único que puede equivocarse. Los demás, instalados en el “dolce far niente” alzan la voz fuera de casa y callan en la propia.

Desde que se inició la pandemia la presidenta de la Comunidad madrileña, Isabel Díaz Ayuso, se ha erigido en ariete del PP contra Pedro Sánchez en un intento falaz para encubrir que esta Comunidad, la más castigada por el virus, fue la adalid de los recortes sanitarios para privatizar la sanidad pública y dejar al sistema sanitario madrileño y español bajo mínimos. Para eludir su responsabilidad en la penuria de la sanidad pública, sus responsables urdieron la mentira de que el Gobierno de Pedro Sánchez impedía que el equipamiento sanitario llegara a los centros de salud y hospitales madrileños.

Esta mentira, lejos de confirmarse, con el tiempo ha demostrado su falacia. No deja de ser una pervertida visión de la política usar la mentira como argumento intelectual. Claro que las bases que soportan a estos líderes quieren creer esas mentiras prefabricadas por sus equipos de comunicación para justificar su odio, odio sí, a ese gobierno de coalición filocomunista. Solo así puede comprenderse que estos líderes de la derecha acusen a Pedro Sánchez de la muerte de miles de españoles, hasta el punto de que le han llevado ante los juzgados, y VOX, que se niega a reunirse con el Presidente, va a presentar una querella contra Sánchez.

Todos estos líderes -Ayuso, Montesinos, Alvarez de Toledo, Iturgaiz, Hernando, Maroto, Abascal- encargados de rellenar las cloacas atascadas por la pandemia, parece que son los nuevos héroes de la política española a tenor de su aceptación en determinadas capas sociales ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué una parte de la sociedad premia la mentira, la estupidez simplista y el insulto soez frente al trabajo comprometido, con errores, cierto, responsable de tomar decisiones que a nadie gustan pero que más cerca que lejos acabarán con esta pesadilla sanitaria, económica y social?

Habría que preguntárselo a la mayoría de los columnistas, sean o no periodistas, tertulianos y demás creadores de opinión. Unos, los columnistas, obligados a escribir un artículo diario, la salida más fácil que tienen para encubrir su falta de ideas, de información y de conocimiento, unido a la sumisión total al dinero y la ideología financiera de sus dueños, rellenan páginas sin más objetivo que ser voceros de estos líderes tramposos e irresponsables.

Y quien habla de los columnistas no puede menos que recurrir al espanto para entender el concierto- mejor desconcierto- del griterío que resuena en platós y estudios radiofónicos donde se han instalado los esperpentos más patéticos. Aquí la frase más hueca y estúpida se multiplica en los diarios digitales o los programas televisivos que convierten a presentadores de rancia estirpe corazonesca en líderes de opinión sin más base que su oportunismo y su demagogia.

Este asalto desde la ignorancia y la falta de respeto a la verdad y a la deontología profesional, tiene su máxima expresión en la tendencia, marcada por los medios, en que la pandemia aísle a Pedro Sánchez y sus socios comunistas e independentistas, y ponga al frente del país a un Gobierno de concentración bajo el control del Ejército. Sólo así se entiende que personajes del deporte que jamás abrieron la boca para defender la sanidad pública, como Feliciano López, Alfonso Reyes, Fernando Alonso, Javier Clemente, Garcia Calvo, Fernando Verdasco -apoyado en un vídeo de VOX- Iván Campo, Pepe Reina -apoyado por Toni Cantó- o Roberto Soldado o el ex jugador del Madrid, Michel, hoy entrenador en México y cuya madre, con noventa años, vive en una residencia de mayores. No es casualidad que todos ellos hayan ido apareciendo de forma escalonada como protagonistas en estos medios. Protagonistas de unas portadas cuyos mensajes sólo tienen como fondo la mentira y el insulto más soez, desde el desconocimiento más absoluto.

Si hacemos un zoom con todos estos personajes y escuchamos sus mensajes la conclusión no puede ser más desalentadora. Si este país llamado España sale más o menos indemne de esta pandemia será gracias a los trabajadores de la Sanidad. Ellos son los que están salvando a este país. Estos trabajadores, con sus mareas blancas, impidieron culminar los desmanes perpetrados por estos políticos hipócritas y mentirosos, a quienes se les llena la boca llamándoles héroes con la misma banalidad que ayer les despedían, les jubilaban y les rebajaban el sueldo con contratos humillantes y esclavizantes por precarios.

Espero que dentro de unos meses, cuando estos héroes de hoy vuelvan a reivindicar un salario digno dentro de una sanidad pública que dé respuesta a las necesidades sanitarias de la sociedad española y vuelvan a llenar las arterias ciudadanas con sus mareas blancas, los palmeros de hoy se unan a ellos para desenmascarar a estos políticos y que no se parapeten en sus balcones tras la bandera rojigualda. Los únicos colores con los que hay que engalanar los balcones son los colores blancos y verdes que distinguen a los trabajadores sanitarios. Su bandera, blanca y verde, es la única que debe ondear a media asta en todo el país.

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