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La crisis del coronavirus no la resuelven los jueces...

La crisis del coronavirus no la resuelven los jueces...

viernes 03 de abril de 2020, 14:18h

Esta semana varios sindicatos han denunciado, de manera simultánea, en los Juzgados al Gobierno de la Nación y a otros Gobiernos de alguna CCAA, exigiendo que, en un plazo perentorio, se entregara a sus representados el material de protección que piden en sus demandas para trabajar con personas afectadas por coronavirus.

Vaya por delante mi reconocimiento inmenso al colectivo sanitario de personal médico, de enfermería, personal auxiliar y de limpieza, por su comportamiento generoso e incluso heroico con tantas personas afectadas por el virus Covid19, en los momentos peores de sus vidas. Creo que nos están dando un ejemplo enorme y solo tengo buenos sentimientos hacia todos ellos y ellas y todos los días a las 20 horas salgo a aplaudirles, única forma que tengo de mostrar mi agradecimiento.

Vaya también por delante mi admiración hacia el Gobierno, que le ha tocado lidiar con un enemigo brutal, que está ocasionando tantísimas muertes; que las causa en todo el mundo, sin que nadie tenga los medios, por el momento, para detenerlo y cuyas dimensiones exceden la imaginación de cualquier persona, por mucha que tenga. Poniendo incluso en riesgo su salud personal, todos los miembros del Gobierno están haciendo cuanto humanamente es posible para afrontar esta pandemia insospechada y tratar de minorar sus efectos devastadores.

Y quiero también que vaya por delante mi reconocimiento hacia las FFyCC de Seguridad del Estado, que, como todos los anteriores servidores públicos mencionados, anteponen la salud colectiva a la suya personal y trabajan sin descanso ayudando en lo que sea menester.

Y a tantas ONGs que ponen su experiencia en intervención en calamidades y su voluntariado para arrimar hombro con hombro en la lucha contra el virus mortal.

En esta trágica situación, la inmensa mayoría de la ciudadanía hemos comprendido lo importante que es prescindir incluso de lo necesario y contener la respiración para ver cómo salimos de ésta, colectiva y personalmente.

En este marco de excepcionalidad y de desconocimiento de las dimensiones definitivas de la crisis sanitaria, en la que todo esfuerzo es poco para salvar vidas humanas, me ha sorprendido muy desagradablemente ver cómo varios sindicatos, no de clase, la verdad, han acudido a los juzgados para denunciar al Gobierno de la Nación y a algún Gobierno autonómico reclamando que, en unos plazos que son imposibles de cumplir porque no depende de los demandados, se entregue el material de protección que solicitan a todos sus representados.

Es de todo el mundo conocido que la pandemia nos ha pillado por sorpresa; nadie podíamos imaginar sus dimensiones, porque nadie ha vivido una situación similar. La última pandemia de dimensiones similares a la actual fue la de 1918, llamada de la gripe española y nadie de los presentes la vivimos.

La sanidad pública de calidad, como la que tenemos en España desde los años 80, implantada por cierto por gobiernos socialistas, es muy costosa. Para ser eficaz necesita numerosos recursos y éstos son limitados. Sabemos, igualmente, que gobiernos del Partido Popular han laminado parte de los recursos, con el consiguiente deterioro de la calidad de la sanidad pública, sobre todo en determinadas zonas como la Comunidad Valenciana, y, sobre todo, la de Madrid, al recortar personal y medios materiales, en provecho de la sanidad privada.

En la situación actual de pandemia, las necesidades exceden los recursos y medios existentes, a pesar de haberse tomado por los Gobiernos decisiones políticas rápidas y valientes respecto a contratación de personal y compra de material.

El mercado que sirve el material es internacional, lo mismo que la pandemia, y no tiene corazón ni principios, por lo que las condiciones de compra no solo se han endurecido, sino que además carecen de fiabilidad, dificultando las compras urgentes, casi angustiosas a España, a sus CCAA, a Francia, a Holanda y al mundo entero.

En esta situación, muchas empresas nacionales y muchas personas en sus casas, en lugar de criticar,¿a quién hacerlo?, se han puesto a producir mascarillas o batas o gafas o cualquier otro material necesario, para tratar de mitigar los efectos terribles de la pandemia.

Reconforta y mucho esta reacción que ha sido bastante general, porque responde a la solidaridad ante la necesidad ajena -o propia, quien lo sabe-.

Y frente a esta reacción solidaria muy generalizada, me han sorprendido, para mal, las demandas de varios sindicatos, el SUP, sindicato unificado de Policía y Fasamet y CESM, dos sindicatos médicos, contra el Gobierno central y autonómicos.

Algunos Juzgados, como el Social nº 34 de Madrid, que resolvió la petición de medidas cautelares del SUP, las denegó de plano ante la notoria escasez de los productos que solicitaban se les entregaran ¡ya!, considerando que la petición, además de inútil (porque ya sabían que no había en ese plazo), era insolidaria, cuando no perjudicial en la lucha contra la pandemia, dice el Auto del Juzgado. E insiste que debe denegar la petición, porque estamos ante una pandemia “imprevista e imprevisible, con unos riesgos profesionales inexistentes habitualmente e impredecible…la falta de material afecta a muchos colectivos…y es el Gobierno de la Nación el que debe priorizar servicios, territorios o grupos sociales… esta crisis sanitaria no la puede –ni debe- gestionar el poder judicial.” Para mí, que es una resolución que responde al sentido común.

Los sindicatos médicos mencionados, Fasamet y CESM, poniendo en riesgo los sistemas de salud de los que forman parte, han acudido también a los Juzgados de lo Social (en Aragón, Castilla León y quizá en más CCAA), para que, en el plazo improrrogable de 24 horas, dispusiera todo el personal de los equipos de protección individual necesarios para atender a pacientes con coronavirus. Y lo que es más llamativo, es que ha habido varios Juzgados de los Social en Zaragoza, Huesca, Teruel, Soria y algún otro más, que han estimado la petición de los sindicatos, ocasionando así una situación absurda. Los gestores no esconden material de protección, quien lo piense es que no conoce la sanidad pública en España. Todas las personas sabemos que se están haciendo esfuerzos enormes porque todo el mundo pueda protegerse, especialmente los que nos tienen que cuidar, para que no caigan enfermos. Sabemos que ha habido material comprado y pagado que se ha perdido por el mundo o que ha sido retenido en algún país; que el mercado está convulso por la pandemia, que el mercadeo es despiadado. Qué más quieren los gestores sanitarios que disponer de medios. ¿Es que no ven sus caras en las comparecencias en la TV? No tengo ninguna duda de que todos están haciendo lo mejor que saben y pueden. Dejémosles trabajar. Porque los jueces ni pueden ni deben opinar sobre una gestión harto complicada y que está todavía en pleno desarrollo.

Por eso me parecen inmorales estas demandas y lo siento, pero no entiendo que algunos jueces las admitan y las estimen. ¿A quien sirven con ello? ¿Para qué? ¿Qué papel debe jugar el poder judicial en esta gravísima crisis sanitaria? ¿Debe ayudar, arrimar el hombro o poner palos en las ruedas? Porque es poner palos en las ruedas dictar resoluciones que saben de antemano que no se pueden cumplir, porque no dependen de la voluntad de los obligados, sino de terceros. En el mejor de los casos, son papel mojado, y, en el peor, puede ocasionar aún más problemas a unos gestores que deben dedicar todas sus energías y sus conocimientos a ayudarnos a todos y a todas a salir indemnes de esta gravísima crisis sanitaria.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    5500 | Desalmados que denuncian por desgartar - 03/04/2020 @ 14:25:32 (GMT)
    Muy buen artículo Altamira, muy documentado y lleno de visión humana y globa de una tragedia de la que, como siempre, hay desalmados que quieren sacar tajada. Desgastar al gobierno no es una opción.

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