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Lo que nos hace humanos
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Lo que nos hace humanos

lunes 23 de marzo de 2020, 20:54h

Esta mañana, en un artículo de Jill Lepore en The Newyorker, leí una frase que me impresionó: “En la literatura de la peste, la gran amenaza no es la pérdida de vidas humanas, sino la pérdida de aquello que nos hace humanos”.

La pérdida de vidas humanas aterra y duele, por supuesto. Cada víctima mortal del virus es, para toda persona de buena voluntad, una puñalada seguida de otras: el dolor que se comparte con los seres queridos que lloran por esa víctima de la que ni siquiera se han podido despedir. ¿Cuántos están hoy esperando en sus casas con ansia a que llegue el momento de llevar una flor al cementerio al que se ha ido y decirle cuanto no le pudieron decir en sus últimos momentos en este mundo? Antes de que despertemos de esta pesadilla, se irán otros, muchos según las aterradoras predicciones de los expertos. ¿Y después? Después serán también muchos los que tendrán que aprender a vivir con una herida que tal vez no se cierre jamás, y muchísimos más los que tendrán que recuperar y recomponer sus vidas donde las dejaron cuando empezó el desastre. Todos respiraremos aliviados y, de un modo u otro, celebraremos la derrota del monstruo que nos amenazaba. ¿Y después?

Como muchísimos otros me he impuesto pasar en las redes el triple del tiempo que les dedicaba antes de este horror. Como muchísimos otros que se pasan el día tuiteando y retuiteando, no por ocupar un tiempo en el que no saben qué hacer. Muchísimos hemos asumido la responsabilidad de luchar contra la mentira que vuela, como el virus, en busca de cerebros a los que infectar.

La mentira vuela envuelta bajo diversos disfraces. Disfrazada de bulo, su intención es desinformar para que el miedo, normal y justificado que a todos nos aqueja, se transforme en pánico o para divulgar remedios y contraremedios sin base científica. Crear bulos puede ser, por lo tanto, una diversión perversa de descerebrados que se aburren o una estupidez que puede no ser malintencionada cuando responde a creencias de sus creadores. En cualquier caso, los bulos se destruyen fácilmente con información y a eso se dedican profesionales como los de maldita.es y otros similares y miles de redícolas que se toman el trabajo de informarse en medios fiables y de difundir la verdad. Mucho más peligrosa es la mentira cuando se disfraza de responsabilidad política.

Alarma, aterra leer la cantidad de mensajes que aparecen en las redes mintiendo sobre la actuación del gobierno contra la epidemia; obstaculizando con mentiras la labor de los responsables de luchar contra esta crisis que amenaza, no solo nuestras vidas en caso extremo, sino el bienestar de millones de familias; mintiendo para desprestigiar, para crear dudas sobre la aptitud, los conocimientos, la voluntad de las autoridades que tienen nuestra vida presente y futura en sus manos. Uno se pregunta con estupor si es posible que en estas circunstancias haya políticos que se dediquen al juego estratégico de pescar votos mientras millones se agobian en sus casas, no solo por la salud de sus enfermos, no solo por el miedo al contagio; mientras millones se agobian en sus casas sabiendo que perderán sus pequeñas empresas, sus trabajos, es decir, su sustento y el sustento de sus hijos. Jugar con esas vidas en las redes y en los medios bien pagados inoculando el virus de la duda para aumentar el miedo, la angustia, es inhumano. Anteponer los intereses de un líder político, de un partido al sufrimiento de casi todos los españoles demuestra una carencia de humanidad que en estos momentos resulta alarmante, aterradora.

¿Cuántos habrán caído cuando termine esta guerra? ¿Cuántos quedarán llorando a los que se han ido? ¿Cuántos habrán perdido sus negocios, su trabajo? Cuando la vida golpea de una forma tan brutal, una de las defensas de la mente es buscar culpables. Millones no tardaron en descargar su desesperación echando la culpa al gobierno de España cuando estalló la crisis de 2008 causada por la quiebra de un banco americano; cuando la Unión Europea se aferró al austericidio y el gobierno de España tuvo que acatar sus medidas infrahumanas bajo amenaza de que el país fuera intervenido. Todavía hoy, millones asocian el nombre de Zapatero a la crisis aunque la peor culpa que se le puede achacar es que se negara a reconocer públicamente, a decir y a repetir que estábamos en crisis como lo decían y lo repetían los medios a todas horas. ¿A nadie se le ocurrió pensar que el presidente se negaba a aceptar aquella palabra amenazadora porque intentaba retrasar el pánico y sus consecuencias económicas? ¿A alguien se le ocurrió pensar?

Cuando esto termine con una barbaridad de víctimas vivas, con unas consecuencias tal vez peores que las que causó la crisis de 2008 ¿habrá también millones que sucumban a las mentiras de los inhumanos y vuelquen su dolor, su frustración, su desesperación culpando a Sánchez y a su gobierno? ¿Culparán también a sus respectivos gobiernos los italianos, los portugueses, los alemanes? Las redes de quienes aprovecharon el río revuelto para pescar votos con sus mentiras, ¿se llenarán con el banco de los inconscientes? Si es así, no temeremos entonces la pérdida de vidas humanas. Sufriremos la pérdida de aquello que nos hace humanos. ¿Puede haber algo peor?

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    5434 | David Otero - 24/03/2020 @ 00:16:53 (GMT)
    Estimada amiga, acabas de poner el dedo en la llaga. Pululan una serie de periodistas o pseudo periodistas, que muestran sin el más mínimo pudor su falta absoluta de humanidad; no me voy a molestar en nombrarles porque todos sabemos de quién hablo. Exagerar, mentir, alarmar y no dar ninguna alternativa a cambio, es cosa de políticos, o al menos así era, la Brunete mediática no sólo les aplaude, amplifican la villanía a través de sus medios. Cuando lo que está en juego es la vida de seres humanos, la pervivencia de el mundo que conocíamos, nuestros proyectos de una vida mejor, vienen a decirnos que no, que por culpa de este gobierno vamos a perder no solo la vida, si no lo que éramos como sociedad avanzada. Me resulta tan incomprensible esta actitud cómo ladina y despreciable. Desde nuestras casas, confinados por el bien común, nos piensan débiles y manejables, puede que una parte de la población si lo sea, otra, la que a mí más me importa y con la que me identifico, trata de hacer una pedagogía que debería de ser intrascendente y que ahora me parece imprescindible; ahí entras tú, María Mir-Rocafort, ahí entran los periodistas de verdad, los políticos serios y con sentido de Estado. Gracias a artículos como el tuyo, a comparecencias del ejecutivo y los expertos, es donde debemos poner nuestro interés y empeño. Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos, frase de Juan Ramón Jiménez que se me antoja el resumen de todo lo dicho.

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