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Cómo debe afectar el coronavirus al derecho de visitas
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Cómo debe afectar el coronavirus al derecho de visitas

domingo 22 de marzo de 2020, 18:03h
El Cobid19 ha alterado de raíz nuestras vidas. Nada es hoy igual que ayer. Nos hemos quedado sin futuro y tratando de que este parón vital mundial no sea definitivo. No entendemos nada y solo confiamos en nuestro Gobierno y en el sistema público de salud, sobre todo en nuestros y nuestras extraordinarios sanitarios.

La alteración de nuestras vidas ha sido total. No podemos salir de casa; solo podemos hacerlo de manera muy excepcional. Y no es por capricho del BOE, sino para no enfermar cada uno de nosotros y para que no contagiemos a ninguna persona.

Estas limitaciones severas del derecho a la libertad de deambulación, no las hemos conocido en nuestra vida, pero hemos visto que las han adoptado previamente en China y en Italia, y, como nosotros, están haciéndolo muchos países más, para tratar de atajar al virus que ocasiona esta terrible pandemia.

Viene todo lo anterior a colación de los problemas que se están suscitando en algunas parejas separadas o divorciadas, que tienen hijos o hijas menores de edad que normalmente van de una casa a la otra cuando no de una ciudad a otra, para el cumplimiento de las visitas o estancias con el progenitor que no sea custodio. Hay también muchos menores que llevan a cabo las visitas con el otro progenitor a través de los Puntos de Encuentro Familiar, los PEF, normalmente cuando ha habido episodios de violencia de género en la familia.

Hay muchos casos, asimismo, de visitas con abuelos y abuelas, que se han reconocido en resolución judicial.

¿Deben mantenerse si o si las visitas y/o la custodia compartida o se pueden ver alteradas por el coronavirus y el Real Decreto por el que se decretó el estado de alarma?

He escuchado muchas opiniones al respecto, algunas contradictorias y quiero hacer mi pequeña aportación por si a alguien le puede servir de orientación, siempre teniendo en cuenta que las resoluciones judiciales se deben cumplir y que son los jueces y las juezas que las dictaron quienes pueden variarlas. Pero estamos en una situación de excepción; vivimos en estado de alarma.

La respuesta que se dé debe obedecer a una sola preocupación: salvaguardar el interés superior del menor, que yo prefiero siempre denominar el beneficio del y la menor. Así lo ordena nuestra legislación interna, entre otros, el art. 2 de la Ley de Protección Jurídica del menor y también el derecho internacional de aplicación en nuestro país, como la Convención de la ONU sobre los derechos del Niño y la Carta Europea de los Derechos del Niño (ya ven, las niñas para más adelante). Y, para el caso de colisión de derechos de los y las menores con otros derechos de mayores de edad, prevalecerán siempre los derechos de los/as menores.

Los derechos de visitas, estancias y comunicaciones de menores en caso de crisis familiar, no son derechos absolutos ni de los progenitores ni de los menores, puesto que pueden ser modulados o suspendidos por el juez, como disponen los arts. 94 del Código Civil y los arts. 65 y 66 de la L.O. de medidas de protección Integral contra la violencia de género.

El motivo del aislamiento de toda la ciudadanía en su domicilio es puramente sanitario: no podemos salir para no infectar a otras personas y para no ser infectados. Por esta razón, por ejemplo, no se nos permite estar paseando por la calle, ni en un parque jugando, aunque esté un solo niño acompañado de un adulto. Porque se entiende que no hay un lugar más seguro para cada persona que su domicilio. Por lo tanto, sería ajustado, al menos al sentido común, definir como el beneficio del menor la protección de su salud y evitar ser contagiado y, consecuentemente y salvo excepciones, no moverlo del domicilio en el que le haya cogido la entrada en vigor del Real Decreto que declaró el estado de alarma y no moverlo de ahí hasta que la alarma se levante.

Para comunicarse con el otro progenitor, madre o padre, hay medios virtuales, y, para quien no disponga de ellos, está el teléfono. Es una situación muy excepcional la que estamos viviendo y, siendo así, no es razonable pensar que esto no va con los niños y las niñas y que para ellos todo sigue igual. No son maletas ni tampoco son jarrones. También se contagian y pueden contagiar. Los PEF no son lugares seguros, porque por ellos pasan muchísimas personas y nadie puede garantizar que en ellos no se va a contagiar del coronavirus; por eso, muchos de ellos han cerrado.

La mayor parte de los casos se están resolviendo civilizadamente, con acuerdos, sin discusión, en la comprensión, tanto de uno como del otro progenitor, de que es una barbaridad sacar a los menores de su entorno y poner en riesgo su salud. Por supuesto, nunca hay que llevarlos a domicilios donde hay personas infectadas o personas mayores de 70 años, o donde viva algún personal sanitario. Por supuesto igualmente que deben suspenderse sí o si las visitas con abuelos, por muy acordadas que estén en una sentencia, porque es exponer tanto a los menores como a los abuelos. Ya vendrán después las compensaciones por las visitas que no se deben realizar.

Creo que no es prudente decir que deben cumplirse en general las visitas, y pienso por el contrario que lo más prudente, lo más beneficioso para los niños y las niñas, dada la terrible situación, desconocimiento e inseguridad que hay, es decir que en general se deben suspender sus salidas fuera del domicilio en el que se encuentren por, cualquier motivo, por importante que sea, en este tiempo, salvo si por desgracia, se ponen mal y hay que llevarlos al hospital. La recomendación contraria atiende más a los derechos de los adultos que a los de los menores y no la comparto.

Hay muchos derechos de los que nos priva esta situación, algunos muy muy importantes, como es el derecho al trabajo, el derecho a deambular libremente y tantos otros. Pero la ciudadanía hemos comprendido que hay causa de fuerza mayor y nos han encerrado a todo el mundo en nuestra casa con una rapidez inimaginable en cualquier otra situación. Y lo aceptamos sin discusión.

Si queremos a los niños y las niñas y ahora más que nunca hemos de quererles, porque son nuestro futuro, no pongamos en riesgo su salud. Dejémosles en su casa, en las mismas condiciones en las que a toda la ciudadanía nos obligan, bajo amenaza de sanción; que no tengan que salir obligatoriamente de casa. Yo me quedo en casa. Las niñas y los niños, también.

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