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¡Detengamos el terror machista!
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¡Detengamos el terror machista!

lunes 10 de febrero de 2020, 18:49h

En el mes y nueve días transcurridos del nuevo año, diez mujeres y una niña han sido asesinadas por sus parejas y padre, respectivamente. Llevamos al menos desde el año 2004, desde la aprobación de la Ley de medidas de Protección Integral, combatiendo de manera teóricamente adecuada la violencia de género. La Ley prevé actuaciones de todo orden destinadas a prevenir, proteger y sancionar esta conducta antisocial.

Además, en el mes de septiembre de 2017 se aprobaron en el Parlamento y en el Senado un buen puñado de medidas dirigidas a suplir los déficits que, en los años de vigencia de la Ley Integral, se han ido detectando. Estas medidas se contienen en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, y aunque algunas de ellas, importantes, se han convertido en ley tras la llegada del Partido Socialista al Gobierno en el mes de junio de 2018, otras muchas se encuentran aún sin cumplimentar y ha trascurrido ya el plazo de dos años que el propio Pacto de estado previó para ello. Es urgente por tanto llevarlas a la práctica.

Tenemos a la extrema derecha -y en esto ha contagiado al resto de la derecha, PP y Cs- negando la violencia de género, para confundirla con la violencia entre otros miembros de la familia y suprimiendo donde gobiernan la mayor parte de los recursos que existían para protegerlas.

Lo cierto y verdad es que este comienzo de año 2020 llevamos ya diez mujeres y una niña asesinadas por sus maltratadores familiares: pareja y padre. Y quiero destacar, asimismo, que ninguna de las diez mujeres había denunciado a su maltratador.

Esta situación se produce en un marco en el que, de un lado, tenemos un Gobierno progresista de coalición, y, por el otro, a la extrema derecha -y en esto ha contagiado al resto de la derecha, PP y Cs- negando la violencia de género, para confundirla con la violencia entre otros miembros de la familia y suprimiendo donde gobiernan la mayor parte de los recursos que existían para proteger, asesorar y acompañar a las mujeres cuando deciden dar el muy difícil paso de denunciar a su maltratador.

En ese marco se está fortaleciendo el patriarcado más misógino. El que defiende que el marido es el cabeza de familia, al que le pertenece todo lo que hay en ella: la mujer, los hijos y los bienes. Esta concepción es la que defienden los Abascal y compañía y le siguen las otras derechas, que hasta la fecha se las daban de más modernas. Pero era postureo.

¿Por qué prende tan fácil este machismo que defiende Abascal?A mi juicio, porque éste ha sido el contenido de nuestras leyes civiles hasta hace pocos años, casi hasta el año 1981: el marido debía ser obedecido por la esposa y por los hijos.

¿Por qué prende tan fácil en España este machismo rancio que defienden los Abascal y cía? A mi entender, porque éste ha sido el contenido de nuestras leyes civiles hasta hace pocos años, casi hasta el año 1981: el marido debía ser obedecido por la esposa y por los hijos; el decidía sobre todos ellos y sobre todos los bienes. Llegó nuestra democracia y con ella las nuevas leyes que se adaptaron a los principios constitucionales, sobre todo al de igualdad, pero no cambió la manera de pensar de quienes rigieron nuestros destinos en el periodo franquista y, muchos de ellos, continuaron haciéndolo de facto, porque estaban bien insertados en todo el entramado del poder: altos funcionarios y, sobre todo, las altas esferas en el poder judicial. Nadie fue depurado, todos siguieron y esa mentalidad misógina y patriarcal pervivió en las esas altas esferas del poder y en muchos casos, en las de sus hijos que heredaron sus puestos. Y por eso, a la primera de cambio, han vuelto a asirse a un programa político que abiertamente defiende volver allá. No me tranquiliza pensar que nuestra democracia es joven, porque 42 años en la historia dan para mucho. Es débil, tiene déficits y es, pienso, porque entonces no lo hicimos del todo bien. Nadie se transforma de la noche a la mañana de dictador a demócrata.

Por miedo no denunció ninguna de las diez mujeres asesinadas en estos cuarenta días dela año 2020.

En cualquier caso, esta situación actual de fortalecimiento del patriarcado, con los mitos de las denuncias falsas, la amenaza de la custodia compartida, la aplicación del SAP, está consiguiendo que las mujeres teman denunciar a sus parejas violentas, por miedo a no ser protegidas debidamente, por miedo a ser acusadas de denunciar en falso; por miedo, en definitiva, que eso es lo que pretenden sus maltratadores. Y lo consiguen. ¡Qué dolor! Por miedo no denunció ninguna de las diez mujeres asesinadas en estos cuarenta días dela año 2020. Por lo que más quieran, esto es terrorismo machista. No nos digan que, como no se asocian entre ellos para matar, no son terroristas. Porque eso no es lo esencial, lo esencial es que ocasionan terror y muerte a demasiadas mujeres en el ámbito más íntimo y más privado de las personas, en su hogar. Por eso les decimos que son terroristas.

Por lo que más quieran, reaccionemos. Vamos a ponernos objetivos, aunque sean pequeños: que este mes no sea asesinada ninguna mujer más. Y juntémonos para celebrarlo. Estoy cansada de juntarme cada primer martes de mes para llorar por las asesinadas.

Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos e hijas es dotarles de herramientas para que sepan vivir en paz; enseñarles a resolver sus controversias mediante el diálogo y la negociación.

Hace unos días escribí en este medio, a propósito del PIN Parental que proponen Abascal y cía, y decía cómo la educación tenemos que convulsionarla, para que de la escuela salgan personas con firmes convicciones democráticas, que sean capaces de crear ámbitos de convivencia de libertad, respeto e igualdad. En la vida de una persona esto es mucho más importante que acumular conocimientos, que también.

Porque lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos e hijas es dotarles de herramientas para que sepan vivir en paz; enseñarles a resolver sus controversias mediante el diálogo y la negociación. Esta es una tarea pendiente de hacer para reducir las cifras de la violencia machista. En efecto. En España tenemos una Ley de Mediación, la Ley 5/2012, de 6 de julio, y otras doce leyes de Mediación autonómicas. También hay un proyecto de ley de impulso a la Mediación. Y se han creado, con cargo a fondos públicos, múltiples servicios de Mediación. Saben que la gente con problemas no acude a esos servicios o lo hace muy escasamente? ¿Y saben por qué? Porque no educamos en la cultura del acuerdo como el medio más civilizado para resolver las controversias.

Esta es, por lo tanto, una tarea que señalo como pendiente y muy importante para lograr que la tendencia de la violencia machista criminal se invierta.

Pero hay otra tarea pendiente que es más inmediata y que quiero señalar como un déficit en la lucha contra la violencia de género, y es la falta de confianza de las mujeres en el sistema judicial para resolver su problema. De diez mujeres, ninguna denunció (tampoco lo hicieron sus vecinos, familias o amistades, otro problema que revela falta de sensibilidad social). El CGPJ debería de reflexionar seriamente sobre este dato y sobre los de los años anteriores, que evidencian que, de cada diez mujeres asesinadas, solo 2 habían denunciado.

Esto es un fracaso de la Justicia, porque no ofrece confianza a la ciudadanía en esta materia, como resultado del maltrato institucional que, en algunas, demasiadas ocasiones, dispensa a sl mujeres que acuden a denunciar a sus maltratadores. Porque no hay una recepción amigable. Porque se duda de sus denuncias. Porque las mujeres no son creídas en demasiadas ocasiones en sede judicial, porque con demasiada frecuencia los jueces tienen estereotipos y prejuicios contra ellas. ¿Y cómo transformamos esta situación? Formación con perspectiva de género en las Facultades de Derechos, en todas las asignaturas. Con cambios en el sistema de acceso a la carrera judicial y en la Escuela Judicial, para asegurarse de que solo accedan a la función de juzgar las personas que tengan sólidas convicciones democráticas.

Hay muchas más propuestas para tratar de mejorar esta dolorosa situación que el espacio de este artículo no permite desarrollar. Pero trata de ser una llamada de atención a quien corresponda, en este caso a todos y todas, pero particularmente a quienes pueden adoptar las medidas necesarias; porque esto no se arregla contando mujeres muertas. Se arregla impidiendo que haya ni una más.

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