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Merkel frena con mano firme el intento de la ultraderecha alemana de condicionar gobiernos
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(Foto: Europa Press)

Merkel frena con mano firme el intento de la ultraderecha alemana de condicionar gobiernos

viernes 07 de febrero de 2020, 12:04h

El candidato liberal Thomas Kemmerich se convirtió esta semana en el presidente del Estado Federal de Turingia (Alemania) gracias al apoyo del partido de Angela Merkel, la CDU, y también a los votos del partido nazi Alternativa para Alemania (AfD). La rotura del cordón sanitario a la ultraderecha ha supuesto un escándalo político de primera magnitud. Todos los partidos consideran inaceptable que un primer ministro regional gobierne con el apoyo de los ultras. La canciller alemana, Angela Merkel, considera que esto ha sido “un mal día para la democracia” y su partido ya trabaja para forzar la repetición electoral antes de que nadie gobierne de esta manera. Por su parte, el propio Kemmerich ha anunciado que renuncia al cargo.

Alemania vive esta semana un auténtico escándalo político en el Estado Federal de Turingia, al este del país. Las elecciones regionales, como es habitual en casi toda Europa, conformaron un parlamento muy fragmentado sin mayorías claras y con el partido nazi Alternativa por Alemania (AfD) en el 23% de los apoyos. Esta semana, el candidato del partido liberal, Thomas Kemmerich, consiguió hacerse con la presidencia gracias a los votos de la formación de Angela Merkel, los conservadores de la CDU, pero también con el apoyo imprescindible del partido nazi AfD. La rotura del cordón sanitario que todos los partidos alemanes mantienen a la ultraderecha ha producido un cataclismo en la política alemana. Nada más conocerse la noticia, las protestas recorren las calles y los partidos piden explicaciones.

La canciller alemana, de viaje a Sudáfrica, reaccionó de inmediato y calificó el hecho de “un mal día para la democracia”. Además, ha exigido de manea inmediata a los líderes de su partido en la región que deshagan este imperdonable error y está dispuesta a forzar la repetición de las elecciones antes de que ningún candidato gobierne con la alargada sombra de la ultraderecha a su espalda.

El recién elegido presidente de Turingia ha tardado menos de 24 horas en anunciar que renuncia a su cargo y que no se someterá al chantaje del partido nazi. En Alemania aislar a la ultraderecha es un deber irrenunciable de todo el espectro político en cualquier lugar y en cualquier situación.

Ahora, Kemmerich ha pedido la disolución del Parlamento de Turquia “no hubo, hay ni habrá cooperación con AfD” y ha atribuido lo ocurrido a los “trucos sucios” de la ultraderecha. Sin embargo, la rectificación no será fácil. El partido liberal queda ya manchado de manera irremediable por romper el cordón sanitario y ahora provocar la repetición electoral es complicado. Se debe buscar el apoyo de dos tercios del Parlamento regional, algo que de momento no está asegurado.

Entre tanto, la ultraderecha saca pecho de su gran victoria. Se da la circunstancia que los que han hecho presidente a Kemmerich son la parte más radical de la ultraderecha alemana. Y ahora arremeten contra el propio sistema “esto demuestra lo lamentable que es nuestra democracia”, afirmó el copresidente de AfD, Jörg Meuthen.

Los comicios en Turingia fueron el pasado mes de octubre y hasta ahora se han mantenido conversaciones entre los grupos para intentar conformar una mayoría de gobierno. El partido ganador fue Die Linke, el partido de la izquierda, pero no lo hizo con la mayoría suficiente para poder gobernar. Los ultras de AfD, por su parte, se hicieron con el 23,6% de los votos. Y el partido liberal, con algo más del 5% que se exige para tener representación parlamentaria aprovechó la coyuntura para presentar a su propio candidato, Kemmerich. Lo que no podían sospechar es que llegarían a la presidencia con los votos de los nazis que es lo que ha provocado la crisis política. Su primera intención fue ‘forzar’ a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y a los socialdemócratas del SPD a que le permitieran gobernar en solitario con apoyos puntuales, pero la jugada les salió mal.

Lo increíble de todo este asunto es la rápida reacción de todos los partidos políticos que conforman el cordón sanitario a la ultraderecha. Todos los resortes han saltado de inmediato y desde la propia canciller, Angela Merkel, pasando por la nueva líder del CDU y candidata a sustituir a Merkel, Annegret Kramp-Karrenbauer, hasta los líderes del Partido Socialdemócrata están convencidos que la situación es insostenible.

Esta crisis política pone de manifiesto que la fragmentación política no es solo una cuestión de España. Por toda Europa los parlamentos nacionales y regionales acogen a más formaciones lo que dificulta la gobernabilidad. Este hecho, unido al auge de la ultraderecha en determinados territorios, han posibilitado que los partidos ultras puedan decidir la formación de determinados Ejecutivos, a cambio de imponer sus retrógrados postulados.

Lo que debería sonrojar a la derecha española del PP y de Ciudadanos es la forma de afrontar la llegada de la ultraderecha a las instituciones. Aquí en España tenemos al presidente de Andalucía, Juanma Moreno (PP); al presidente de Murcia, Fernando López Miras (PP); y a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (PP), liderando Ejecutivos regionales junto a los liberales de Ciudadanos, con el apoyo imprescindible de la extrema derecha. Sin embargo, en otros países europeos el muro de contención contra la ultraderecha es la norma general. Y si se rompe por alguna circunstancia, todos trabajan en la misma dirección para tapar el agujero por el que puedan colarse los partidos ultras.

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