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Algo pasa en Catalunya
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(Foto: Europa Press)

Algo pasa en Catalunya

miércoles 22 de enero de 2020, 00:51h
Algo está pasando en la política catalana. Algo que está removiendo el tablero de alianzas entre partidos y, sobre todo, entre bloques. Durante los últimos diez años ha resultado impensable y del todo imposible romper el eje, por momentos telón de acero, que separaba independentistas y unionistas.

En el saco de estos últimos se metía a todos los que no se alineaban en la demanda de independencia para Catalunya, fueran de izquierdas o de derechas. Este eje tradicional en el que la política siempre se había movido parecía no importar, se había invisibilizado hasta extremos insospechados. La consecuencia fundamental de todo ello, una década de oportunidades perdidas en la que la principal perjudicada ha sido la ciudadanía de Catalunya y muy especialmente la más vulnerable.

No quisiera pecar de demasiado optimista, pero ciertamente creo que la realidad termina por imponerse, será que es tozuda. Y la realidad es que cada día cuesta más esconder bajo las alfombras de la reclamación de independencia tanta necesidad de políticas sociales y de reversión de recortes que han castigado desde la Sanidad a los Servicios Sociales, pasando por la Educación o la lucha contra la violencia de género y por la igualdad, por citar solo algunos casos más que evidentes. Algunos dirigentes políticos catalanes, independentistas para más señas, se han percatado de lo insostenible del relato independentista per sé, sin atender a responsabilidades de gobierno. Un relato en el que, sin embargo, otros, allende las fronteras, siguen empeñados porque de él depende su supervivencia política.

El cisma entre los dos socios del Govern de la Generalitat hace tiempo que es evidente, pero se agrava día tras día. El último ejemplo, el voto diferenciado en la Mesa del Parlament para aprobar los presupuestos de la cámara catalana. JxCat obtuvo los votos de los otros partidos de la derecha, PP y Ciudadanos y, en cambio, los de izquierdas, incluido su socio, ERC, no votaron a favor. Algunos asistieron incrédulos a una alianza que parecía haber pasado a la historia, aunque si analizamos el comportamiento de JxCat en el Congreso de los Diputados veremos como en muchas ocasiones, siempre que le resulta conveniente, une su voto a los otros partidos de la derecha, en este caso española. Sin ir más lejos, en el último pleno de la Legislatura XII, el 26 de febrero de 2019, cuando votaron con los populares y con Ciudadanos una iniciativa de estos últimos para evitar la eliminación de las deducciones en el IRPF a los padres de hijos escolarizados en colegios concertados. Las derechas, independentistas o no, suelen votar juntas. Volvieron a hacerlo el 7 de enero pasado en contra de la investidura de Pedro Sánchez. Pero nadie llama felones a los líderes del PP, como hiciera Pablo Casado con el presidente socialista por sentarse a hablar con las fuerzas independentistas.

Otros presupuestos, los de la Generalitat de Catalunya, están a punto de iniciar su trámite tras dos ejercicios de prórrogas. Previsiblemente, llegarán a buen puerto porque los Comuns han pactado su voto a favor, a la par que obtenían el apoyo de ERC -al que se ha sumado JxCat- a los presupuestos del Ayuntamiento de Barcelona, cuyo gobierno comparten con el PSC. Es importante que la Generalitat presente sus cuentas, más allá de la perdurabilidad de la legislatura de Torra. Aunque es evidente que lo es tanto o más la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, de la que dependen muchas inversiones en Catalunya. Cabe recordar, para hacerse una idea, los fracasados PGE de 2019, que incorporaban 2.251 millones en inversiones para esa Comunidad.

Mientras todo esto ocurre, los de Puigdemont deshojan la margarita para la probable convocatoria de elecciones anticipadas, pendientes de la posible inhabilitación de Torra. Necesitan sucesor, o sucesora. Si convocan elecciones, precisan de alguien que encabece la candidatura. Pero, si el todavía President no las convoca y acaba inhabilitado, tendrán que recurrir a un diputado o diputada del Parlament para suplirle, como mandata la Ley de la presidencia de la Generalitat. Este último extremo ha desatado todo tipo de especulaciones, pero lo cierto es que no van sobrados de liderazgos. Algunos apuntan a la alcaldesa de Girona, Marta Madrenas, siguiendo así la dinastía gerundense que se ha dado en instaurar tras la defenestración de Artur Mas. Madrenas, por cierto, acaba de aprobar los presupuestos de ese ayuntamiento con el apoyo de la CUP y los votos en contra de ERC, que asegura haber perdido la confianza en el gobierno municipal de Girona porque JxCat ha incumplido los acuerdos que le llevaron, el verano pasado, a apoyar la investidura de la alcaldesa. Otro ejemplo más del distanciamiento de los socios del Govern.

El presidente Pedro Sánchez ha anunciado que va a sentarse con Torra la primera semana del mes de febrero. En el Parlament se ha reunido la mesa de partidos, que no se convocaba desde febrero de 2019. Y la mesa de gobiernos que ha de abordar el problema político que divide a Catalunya es un compromiso del acuerdo de investidura con ERC. Todo ello deja muy atrás los siete años de ninguneo del PP hacia Catalunya que llevaron a la judiliciación y al enquistamiento del conflicto. El regreso a la política y los indicios de deshielo de los bloques son, sin duda, una buena noticia para este inicio de 2020.

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