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Tres mujeres y un bufete

Tres mujeres y un bufete

domingo 19 de enero de 2020, 14:10h

En una semana tan convulsa como las anteriores y como sin duda serán las próximas, tres mujeres han sido las protagonistas en la prensa mas o menos cavernaria. Dos de ellas por sus propios méritos o deméritos, allá cada cual. La tercera por mor de un grupo de jueces que, jaleados por la derecha tramontana y los medios trompeteros, han decidido saltarse el tradicional respeto corporativo para entrar a saco en decisiones que sólo competen al Gobierno elegido en las urnas y al Jefe del Estado.

En la época que tanto añoran los Casado, Álvarez de Toledo, Abascal, Ortega Smith o Monasterio, por citar solo a los más intransigentes y fanáticos de la plantilla, el genial humorista Chumy Chumez publicó en “La Codorniz”, el semanario de humor más audaz para el lector más inteligente, una viñeta en la que un ciudadano pierde un billete de cinco pesetas delante de una imagen de la Justicia. La diosa levanta la venda que le cubre los ojos y mira codiciosa el billete caído. Chumy fue juzgado y deportado a Canarias por aquella Justicia corrupta y, esa sí, politizada al servicio de la dictadura.

Hoy la Justicia vuelve a ser personaje destacado en las viñetas de los humoristas y está en entredicho como en las negras épocas en que el humor y la sátira eran reos de lesa humanidad. Estos jueces, a los que nadie ha elegido salvo los partidos políticos con quienes tienen empatía, se permiten el lujo de decidir qué personas son o no idóneas para ocupar un cargo institucional sin permitir cuestionar su propia idoneidad para pertenecer a la cúpula de su profesión. Mas que como miembros del poder judicial, clave en un Estado democrático, parecen actuar como un bufete privado, escogido a dedo por unos políticos que se atreven a pedirle a la nueva Fiscal General que dimita “por dignidad”, cuando ellos cometen la indignidad de oponerse a que el Parlamento europeo denuncie y castigue la intromisión en la Justicia de gobiernos tan “democráticos” como los de Polonia y Hungría.

Olvidan estos políticos que llevan ya años torpedeando un pacto para renovar por Ley el CGPD para que sus miembros estén mas acordes con la nueva sociedad. Les interesa seguir sin renovar, aunque incumplan la Ley, para mantener la superioridad numérica que favorece sus intereses partidistas. No en vano fue el anterior ministro de Interior quien dijo la famosa frase “no os preocupéis, el Fiscal os lo afina”. En el PP saben muy bien lo que es politizar la Justicia.

Como también lo saben los miembros del CGPJ, quienes ya deberían haber puesto contra la pared a los líderes populares, empezando por su gurú mayor, José María Aznar, quien ya les ha aleccionado desde FAES para que no lleguen a pactitos tramposos con el Gobierno de coalición. Deberían ser estos jueces que reparten credenciales de honestidad e independencia, los primeros en demandar su renovación con firmeza y en presentar su dimisión en bloque para obligar al PP a cumplir con la Ley. Y a continuación exigir igualmente la modificación de la Ley para que sea el Parlamento quien elija a los más idóneos e independientes entre quienes reúnan los requisitos que exige la Ley como ocurre en la mayoría de los países democráticos en los que existe una verdadera separación de poderes. Sólo así la cúpula judicial podrá exigir dignidad e independencia a quienes aspiran a defender los derechos de la ciudadanía.

Son estos políticos populares, ultra defensores ellos de la independencia de la señora con la balanza en la mano y la venda en los ojos, los mismos que han decidido no investigar si una colega que los mantiene en el poder municipal y autonómico cometió el delito, ignoro si penal o administrativo, de cobrar por firmar proyectos urbanísticos sin tener la capacidad profesional ni legal para ello. Claro que los Martínez Almeyda y Cía dicen no tener competencia para investigar el fraude ni tampoco, parece, para opinar, como hacen cuando se trata del enemigo político aunque no les competa el caso.

Para lo que si parecen tener competencias es para elevar a los altares del feminismo heroico a la inane presidenta autonómica. Esta actitud resulta patética y humillante para otras mujeres que sí son defensoras de la igualdad aún a riesgo de perder la vida. Ahí está Malala, la niña pakistaní tiroteada por los talibanes por reivindicar el derecho a estudiar de todas las mujeres. La comparación de la pretenciosa política madrileña con esta niña pakistaní o con mujeres como Clara Campoamor o Simone de Beauvoir causa vergüenza ajena y hiere y ofende a todas las mujeres víctimas del machismo de los lideres políticos del PP y de sus aliados de la ultraderecha.

La imagen simplista y de humillante superioridad de la lideresa autonómica, codeándose en Yeda con el maltratador jeque saudí y escoltando en la alfombra roja de la Supercopa a los presidentes del Atletico y del Real Madrid, es un insulto a las mujeres y un retroceso en su lucha por la igualdad y la dignidad de género. Su imagen de menina urbanita enfundada en floreado sayón para ocultar sus formas femeninas, obediente y sumisa al protocolo de Arabia Saudí, es todo lo contrario de lo que sus corifeos aduladores pretenden. Al verla, recordé unos versos infantiles de Gloria Fuertes. “Doña Pitu Pitufa tiene un sombrero. Doña Pitu Pitufa como un florero”. Pues eso, sangre y Nación.

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