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Miembros de la manada de la Randina
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Miembros de la manada de la Randina (Foto: TW)

Severo castigo a los miembros de la Arandina

domingo 15 de diciembre de 2019, 17:27h
Hemos conocido este jueves el Fallo de la sentencia de la Audiencia Provincial de Burgos, dictada en el Sumario 4/2018, que ha enjuiciado los hechos de la conocida como “manada de la Arandina”, de los que venían siendo acusados varios jugadores del equipo de fútbol de Aranda de Duero (Burgos).

Las condenas, lo único que conocemos hasta ahora de la sentencia, han sido ejemplarizantes: 38 años de privación de libertad para cada uno de tres de los cuatro acusados, que son considerados autores de un delito de agresión sexual cada uno de ellos (14 años) y de dos delitos de cooperación necesaria cada uno de ellos (12 años por cada delito). En suma, 38 años para cada uno de los tres.

Los hechos tuvieron lugar en el año 2017, y, resumidamente, consistieron en que todos ellos llevaron a la víctima, que en ese momento tenía 15 años de edad, al piso de uno de ellos y, de manera sorpresiva para ella y con la luz apagada, fue agredida sexualmente por todos, sin que ella pudiera defenderse ni escapar, habida cuenta que todos ellos eran mayores de edad y tenían una complexión física muy superior a la de la joven.

Interesa destacar de esta sentencia varias cuestiones.

La primera, que sigue la jurisprudencia establecida en la Sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo de 4 de julio de 2019, que casó y revocó la dictada por el TSJ de Navarra, en el caso de la manada de Pamplona. La sentencia comentada, que enjuicia un caso similar al de Pamplona, aprecia, como hizo el Tribunal Supremo, la existencia de intimidación ambiental y, por tanto, resuelve que los hechos enjuiciados son constitutivos de agresión sexual y no de mero abuso sexual.

La segunda cuestión a destacar es que la Sentencia de la Audiencia de Burgos condena a cada acusado por el delito de cooperación necesaria. En la sentencia del Tribunal Supremo referenciada, se reprochaba por éste a los Tribunales inferiores (TSJ y AP de Navarra) y a las acusaciones particulares, incluido el Ministerio Fiscal, que no habían formulado acusación por el delito de cooperación necesaria para la comisión del delito de agresión sexual. Y por esta razón, debido al principio acusatorio que rige nuestro sistema penal, el Supremo no podía condenar por delitos de los que no habían venido siendo acusados durante el procedimiento pero que entendía que se habían cometido.

Sí ha podido hacerlo la Audiencia de Burgos, porque en este caso el Fiscal sí les acusaba de este delito de cooperación necesaria. De manera que sigue la doctrina jurisprudencial del Tribunal Supremo y condena también por este delito. La cooperación necesaria es la conducta de quien coopera en la ejecución de un delito, que sin cuya contribución no se hubiera podido cometer y tiene prevista en general la misma pena que para el ejecutor material. Esta es la razón por la que, en este caso, la suma de las condenas es tan alta, si bien el propio Fallo de la sentencia establece que el límite máximo de cumplimiento de la condena será de 20 años.

Otra cuestión a reseñar es que, como el Tribunal Supremo, esta sentencia de la Audiencia Provincial de Burgos deja meridianamente claro que no es estrictamente necesaria una reforma del Código Penal para poder condenar por violación hechos de esta naturaleza, violaciones grupales. Y se pone en evidencia la reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona que juzgó a la “manada de Manresa”, con suma benevolencia, ya que calificó como meros abusos sexuales conductas brutales de seis varones mayores sobre una joven de 14 años. Esta sentencia está pendiente de recurso.

Estamos cansadas de denunciar los prejuicios y los estereotipos sexuales que se vierten en muchas sentencias que afectan a delitos sexuales o de violencia de género o de Derecho de Familia. Las mujeres no son creídas en los tribunales con gran frecuencia. Por eso, cuando leemos una sentencia cuyos redactores se han desprendido de esos estereotipos y enjuician con perspectiva de género, nos reconcilia y nos permite constatar que algo está cambiando en esta justicia patriarcal.

La sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo que resolvió el recurso de la sentencia de la manada de Pamplona ha sido un punto de inflexión; fijó un antes y un después. Y los tribunales inferiores, deben seguir su criterio. Esto es lo que nos hace pensar que la sentencia de la Audiencia de Barcelona será revocada y que los brutales hechos enjuiciados, serán calificados como violaciones y no como meros abusos sexuales.

Desde el feminismo no reivindicamos penas muy elevadas y menos pedimos presiones permanentes revisables. Estanos en total desacuerdo, porque somos demócratas y creemos en la función, entre otras, reeducadora del sistema penitenciario.

Pero sí exigimos la correcta calificación jurídica de conductas gravísimas, constitutivas de violencia sexual de grado máximo, cuyas secuelas serán muy graves y permanentes en la vida de las mujeres que las han sufrido.

Y, sobre todo, las feministas exigimos que obligatoriamente se imparta educación sexual en la escuela, para que nuestra juventud pueda mantener unas relaciones sexuales con conocimiento, en libertad y con respeto, que les proporcionen goce y placer a ellas y a ellos, pero que éste no tenga lugar para uno solo a costa del dolor y el sufrimiento de la otra parte.

Estamos en contra de que cualquier niño o niña pueda acceder sin límite alguno a pornografía que en gran parte es violenta contra las mujeres. La pornografía no puede ser la escuela de la sexualidad. Es la peor educación que pueden recibir nuestra infancia y juventud y quienes somos responsables de su formación, por profesión o por ser sus progenitores, tenemos en nuestras manos la posibilidad y la obligación de formar personas que en el futuro puedan ser libres y felices.

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