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Censurar el fascismo
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Censurar el fascismo

martes 26 de noviembre de 2019, 16:56h
Corren malos tiempos para la lírica. El encaje de la ultraderecha en el sistema político se ha producido de una manera abrupta en la realidad española. Tras años de sacar pecho creyendo que éramos más legítimos que otras democracias porque aquí no se había reproducido este populismo de nuevo cuño de ultra derecha (de viejo cuño tenemos cuarenta años de monedas con la cara del golpista) han llegado y parece que con ganas de estropear la democracia.

Tan disruptiva fue la llegada que sorprendió apoyando un gobierno en Andalucia que dejaba fuera de juego al PSOE de Susana. Luego fueron los diputados de abril y la ayuda para que en Mayo se constituyeran nuevas mayorías trifachazas. Comunidad de Madrid, Región de Murcia y el Ayuntamiento de Madrid son el ejemplo de cómo PP y Ciudadanos han usado los votos de los neofascistas para gobernar.

Tras los sucesos como consecuencia de la sentencia a los cargos políticos gestores del procès, quizás tras la exhumación de Franco y como consecuencia del desgaste por no haber conseguido un gobierno en Julio, vinieron los diputados de Noviembre, 57 y el derrumbamiento de Ciudadanos. Y una extrema derecha con un ego exorbitante aupados por una parte importante de los votantes.

Rápido, los más impacientes, vimos que podría haber una debilidad en los gobiernos conformados por el trifachito. Ahora ya no valía blanquear a Vox, porque se había llevado por delante gran parte del electorado naranja. Mezclado por medio la conformación de gobierno, algunos vieron como oportunismo político lanzar mociones de censura para sonrojar a los anaranjados, con su apoyo recibido por los ultras. Y si bien es verdad, la operación era más estratégica que la fuerza estructural que pudiera tener en ese momento.

Pero cada día ha empeorado la situación. Hemos visto cómo han llegado a apoyar mociones en la Asamblea para ilegalizar partidos, como siguen negando la existencia de la violencia de género incluso por escrito (hubo una moción en el Ayuntamiento del Espinar que pedía la supresión de la ley de medidas contra la violencia de género) El culmen fue la burla delante de cientos de mujeres víctimas y pertenecientes a asociaciones que ayer hizo Ortega Smith. Hasta Martinez Almeida y Begoña Villacís terminaron escandalizados la jornada.

Y es que, ahora sí (como decía el lema de campaña) hay motivos ya no estratégicos sino políticos e ideológicos para intentar cambiar gobiernos que dan espacios de poder a Vox a cambio de sus votos en las asambleas y parlamentos.

Tras el vergonzante tiempo que vivimos, hay que volver a preguntar a Partido Popular y a Ciudadanos si están dispuestos a gobernar siendo Vox su condición de posibilidad para ostentar ese poder.

Hay que volver a salir a las calles, pero también volver a salir a las tribunas a poner contra las cuerdas a quienes no usan el cordón sanitario frente al fascismo.

Ahora sí es el momento de censurar al fascismo y de no dejar que sigan siendo quienes marcan el tiempo a la derecha “más moderada”, entre comillas gigantes, como si de un metrónomo se trataran.

Bonus track.
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