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Entrevista a Abel Renuncio Roba, ginecólogo de la Unidad de Atención a la Mujer del Hospital Universitario de Burgos y Susana Huertas Moya, secretaria de Salud Laboral y Desarrollo Territorial de UGT

Los riesgos laborales y para la salud que conllevaría aceptar la prostitución como “un trabajo más”
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Los riesgos laborales y para la salud que conllevaría aceptar la prostitución como “un trabajo más”

viernes 22 de noviembre de 2019, 15:37h

Regular la prostitución no solo provocaría un deterioro mayor en la salud de las mujeres prostituidas por el aumento de la demanda y de la explotación sexual a la que estarían sometidas. Dos voces expertas del mundo de la Salud y de los Riesgos Laborales destacan que si se produjera tal regularización no solo se pondría en peligro la integridad física y psicológica de las prostituidas sino también su dignidad.

"Cada hombre que diga que la prostitución es una profesión que hay que regular que apunte mañana mismo a su hija a una academia". Con esta frase contundente Carmen Calvo, vicepresidenta en funciones dejaba claro hace unos meses que la única manera de acabar con el mito de la libre elección de la prostitución es con abolicionismo. “Es muy importante empezar a tomar decisiones legales y contundentes para castigar a los proxenetas y a los hombres que van a la prostitución. Los prostíbulos son Guantánamos de cercanías”, añadía.

Y es que, si algo se ha constado con la experiencia de países como Alemania, conocidos como “el infierno en la tierra para las mujeres” y donde la explotación sexual es legal desde que en 2001 así lo aprobara su Parlamento, es que lo único que ha conllevado la regulación de la prostitución es un aumento de la explotación de dichas mujeres y de la trata, con los problemas adicionales que ésta acarrea.

Prostituidas por pura pobreza

Allí, según los datos oficiales, de las 400.000 personas que ejercen diariamente la prostitución como “trabajo principal” u “ocasional” para el más de millón y medio de puteros que la demandan, el 95% son mujeres (de ellas entre el 65 y el 80% son rumanas o búlgaras). Solo un 1% tiene contrato laboral. Y es que, si abandonar la prostitución es casi misión imposible para ellas, reducir los niveles de criminalidad que la circundan también lo es. Las razones para ello pasan por diferentes motivos: la crisis económica y la poca demanda de mano de obra, además de las reformas laborales, han supuesto un recorte para las medidas de cualificación y capacitación, por las que la única alternativa a la prostitución que tienen es la pobreza.

Mientras el hambre y la necesidad aprietan a estas mujeres, tal y como remarca Traductoras para la Abolición de la Prostitución (grupo feminista que traduce al español los textos más relevantes sobre el abolicionismo europeo e internacional), las agencias de viaje “ofrecen tours a burdeles alemanes de hasta ocho días de duración. Un proveedor de estos “paseos” los promueve como “legales” y “seguros” en su página web. Se promete a los posibles “clientes” hasta cien “mujeres totalmente desnudas” que solo llevan zapatos de tacón. Además, se les recoge en el aeropuerto y se les lleva de un club a otro en BMWs”. Una triste y patriarcal estampa que para Lodewijk Asscher, socialdemócrata alemana, es reconocer que la legalización en 2001 de la prostitución fue “un error nacional”.

¿Y en España qué?

Teniendo en cuenta experiencias regulacionistas como las del país ya mencionado Abel Renuncio Roba, ginecólogo de la Unidad de Atención a la Mujer del Hospital Universitario de Burgos tiene claro para lo que serviría la regulación de la prostitución en España. “A nivel de salud comunitaria, este aumento de la explotación sexual de las mujeres prostituidas traería un empeoramiento global de la salud de la comunidad. Es decir, habría un aumento de mujeres ahora sanas que verían comprometida muy sensiblemente su salud y su bienestar, al aumentar la exposición de esa parte de la población a enfermedades de transmisión sexual y otros graves problemas de salud. Por eso no podemos consentir una exposición gratuita de mujeres sanas a graves factores sanitarios de riesgo”, explica.

Pero no solo la salud de todas ellas se vería afectada. Hay que pensar en las que ya están dentro. “Su salud es realmente delicada y soportan día a día importantes riesgos. Para empezar, hay que recordar que fisiológicamente ningún cuerpo está preparado para una explotación como la que representa la prostitución que acarrea importantes problemas como las enfermedades infecciosas respiratorias, digestivas o urinarias relacionadas con sus condiciones de vida, o el agravamiento de trastornos o enfermedades psicosomáticas: dermatosis (eccemas, psoriasis), gastropatías (gástrica o duodenal, enfermedad por reflujo gastroesofágico), problemas reumatológicos… Y problemas traumatológicos derivados de las múltiples situaciones de abuso que sufren y a las que están expuestas estas mujeres”, define Renuncio.

Además, este profesional burgalés, acostumbrado a tratar a mujeres víctimas de la explotación sexual, comenta que desde el punto de vista ginecológico presentan una mayor prevalencia de infecciones vaginales, vaginosis bacteriana o candidiasis vaginal. “También están incrementadas las infecciones de transmisión sexual (ITS), como las infecciones por trichomonas, gonorrea, herpes genital, sífilis, hepatitis B, hepatitis C o VIH. Estas infecciones genitales pueden ser bastante graves y derivar en una enfermedad inflamatoria pélvica (EIP), una afección del aparato reproductor interno (útero, trompas y ovarios), que puede dar lugar a infecciones complicadas, abscesos pélvicos y requerir cirugía para su resolución, ocasionando importantes secuelas para su salud presente y futura, y comprometiendo en ocasiones la vida de las mujeres. Todos estos procesos se verían sin duda incrementados entre las mujeres sanas que se dedicasen a la prostitución en ese hipotético marco regulacionista”, recalca.

Víctimas siempre

La brutal explotación sexual a la que estas mujeres se enfrentan diariamente (con una media de entre 20 y 30 consumidores de prostitución) provoca que dichos problemas se potencien por el escaso o nulo control y prevención que realizan. “Lo que ocasiona que se favorezca la no curación y transmisión de estas enfermedades y que su detección se produzca en estadios más avanzados y con mayores tasas de complicaciones. En el contexto de una práctica sexual repetida y ante abusos sexuales, no es infrecuente descubrir la presencia de lesiones genitales que incluyen desde irritaciones o erosiones vulvovaginales, hasta desgarros y lesiones vulvares, vaginales o cervicales. Y en función de las prácticas a las que sean sometidas estas mujeres, también se pueden encontrar infecciones orales o faríngeas en caso del sexo oral; o en casos de sexo anal problemas de estreñimiento, diarrea o incluso lesiones anales o rectales, como fisuras y desgarros anales, o incontinencia fecal”, comenta el ginecólogo burgalés.

Asociado al uso inadecuado o directamente al no uso del preservativo, el experto añade el aumento “en la prevalencia de lesiones premalignas de bajo o alto grado ligadas al virus del papiloma humano (VPH), como las displasias de cérvix, vaginales o vulvares, o la presencia de condilomas o de verrugas genitales. Y como consecuencia de la degeneración de estas lesiones premalignas, la aparición de lesiones malignas que pueden derivar en un cáncer invasor de cérvix, vulva o vagina. Además, estas mujeres pueden presentar otros problemas ginecológicos como alteraciones del ciclo menstrual, sangrados, complicaciones causadas por el mal uso de los anticonceptivos o de los productos higiénicos para la menstruación como las esponjas vaginales (se las colocan para evitar que el sangrado se absorbido y así no sea visto o notado por los puteros). Tampoco es infrecuente la aplicación de cremas anestésicas en la vulva y en la vagina para tratar el dolor y las irritaciones genitales ocasionados por las relaciones sexuales repetidas”.

En tal listado de los horrores hay que sumar la presencia de embarazos no deseados por fallos anticonceptivos o por violaciones y la incidencia de interrupciones voluntarias del embarazo (tanto en el contexto sanitario como de forma clandestina) y de las graves complicaciones que se pueden derivan de ellas, como sangrados, infecciones genitales o urinarias, perforaciones uterinas, lesiones de órganos adyacentes o incluso la muerte.

¿Acoso y abusos sexuales regulados?

Volviendo a la hipotética regulación que el lobby prostituyente está intentando forzar en España hay que añadir que, teniendo en cuenta que en nuestra sociedad existe un no despreciable, pero muchas veces oculto, índice de acoso laboral en el trabajo, estos porcentajes se dispararían hasta límites insufribles en el caso de la prostitución. “Acoso laboral que difícilmente se podría deslindar del acoso sexual y los abusos sexuales, dada la actividad que estas mujeres se verían obligadas a practicar. A esto habría que añadir la presión laboral o el estrés que afecta a multitud de trabajos, y también está muy potenciada en esta esclavitud”, reconoce Renuncio.

Por esto mismo motivo desde el sindicato UGT no conciben regular la prostitución como un trabajo. Todo aquél que quiera considerar la prostitución como un trabajo debería plantearse su postura, puesto que está reconociendo y aceptando que a estas mujeres se las someta a un trato denigrante, afectando a su dignidad y a su derecho a unas condiciones de vida que les permitan cubrir sus necesidades básicas de manera sana, segura y saludable, sin poner en riesgos su integridad física y psicológica”, explica Susana Huertas Moya, secretaria de Salud Laboral y Desarrollo Territorial de UGT.

Para dicha representante el trabajo, por principio, debería dignificar a las personas trabajadoras y basarse en el respeto. La prostitución es justamente lo contrario. Se basa en la explotación y en el abuso de “poder” por parte de consumidores y proxenetas. Por eso desde la UGT estaremos siempre en contra de cualquier regulación laboral que pretenda “normalizar” esta actividad y exigimos una normativa que garantice la integridad de estas personas y que persiga, de forma decidida, a proxenetas, explotadores, traficantes y puteros, que propician que se perpetué esta lacra que esclaviza a millones de mujeres y niñas en todo el mundo”.

Además, la secretaria de Salud Laboral y Desarrollo Territorial de UGT añade que “en el desgraciado caso en el que las personas prostituidas pudieran ser consideradas como trabajadoras sexuales tendríamos que partir del principio de eliminar los riesgos a los que están expuestas, y el principal riesgo que encontramos es el propio cliente, por lo que, cumpliendo con la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, deberíamos eliminar el cliente, y sin cliente, no hay trabajadora ni trabajo”.

Sea como fuere los peligros que pasarían a estar dentro de los riesgos laborales serían los que Huertas Moya describe a continuación. “Desde riesgos de seguridad (golpes, riegos de caídas, riesgo eléctrico, atracos…), a higiénicos (exposición a sustancias, temperaturas extremas, alergias o sensibilización a materiales y productos químicos…), ergonómicos (riesgos posturales, repetición de movimientos, movimientos estáticos…), psicosociales (violencia física, violencia psicológica, acoso, estrés, estrés post-traumático, depresión…). Y en muchos casos estos riesgos no se podrían evaluar, porque su actividad depende de lo que exija el cliente. Al no poderlos evaluar, no se pueden ni eliminar ni poner medidas para eliminarlos. Por tanto, sería imposible cumplir con la normativa y así quedarían fuera de la legislación de riesgos laborales, lo que nos reafirma en la negativa a considerar esta actividad como un trabajo”, añade.

Este duro panorama lo avalan datos como los expuestos en el estudio “Prostitución: Práctica sexual o coito realizados con fines de lucro o mediante el pago de un precio”, en el que se expone que un 82% de las mujeres habían sido agredidas durante el ejercicio de su actividad; el 88% sufrió amenazas físicas, y hasta un 68% habían sido violadas. También son muy frecuentes los suicidios o los intentos de suicidio, y las mujeres en prostitución tienen un 40 veces mayor riesgo de ser asesinadas. “Ningún trabajo puede suponer nada semejante para sus trabajadoras. Las mujeres prostituidas están sometidas en gran medida a amenazas, maltratos, violaciones, abusos, tortura y múltiples humillaciones y degradaciones”, explica Renuncio.

Inspecciones difíciles de llevarse a cabo

Preguntada Huertas Moya sobre las inspecciones laborales que deberían llevarse a cabo en pisos, burdeles y demás lugares en los que se llevaría a cabo el mal llamado trabajo reconoce que sería “un poco difícil desarrollar actuaciones de control” del cumplimiento de la normativa. El motivo sería que “el control del cumplimiento de la legislación debería realizarse por personas que conozcan las actividades desarrolladas, los procedimientos, sustancias, materiales y herramientas utilizadas en el trabajo y para comprobar que se cumple con la normativa, las inspecciones y controles deberían hacerse durante el desempeño de la actividad. No nos imaginamos que esto se pueda llevar a cabo: ¿Debería haber inspectores técnicos autonómicos especializados en este tipo de trabajo? ¿Permitiría el patrón-cliente que se realizaran?, ¿Cómo se podría comprobar que se están utilizando correctamente las medidas preventivas?”, se pregunta irónicamente esta especialista.

Así mismo añade que la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, sólo reconoce como actividades específicas “a las que no se les aplica esta norma: la Policía, seguridad y resguardo aduanero; Servicios operativos de protección civil y peritaje forense en los casos de grave riesgo, catástrofe y calamidad pública; y las Fuerzas Armadas y actividades militares de la Guardia Civil. Pero deben tener una normativa específica que regule la protección de los trabajadores de estas actividades. Aunque la prostitución se considerase como un régimen especial, habría que regular la protección de estas trabajadoras, lo que resulta bastante complicado. Por eso, al no poder garantizar unas condiciones de salud laboral adecuadas, significaría que estarían fuera de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, es decir estaríamos dejando que estas personas, a diferencia del resto de los trabajadores y trabajadoras, no tendrían una ley que les amparara y las dejaríamos desprotegidas en cuanto a la protección de su salud. ¿Habría alguna mutua que quisiera dar cobertura a estos trabajadores y trabajadoras?”, se vuelve a cuestionar.

Dicha sindicalista no es la única que lanza estas preguntas de forma irónica. El ginecólogo Abel Renuncio suma otras no menos significativas: ¿Qué sucedería en ese hipotético entorno laboral con las mujeres que no desean mantener relaciones con un “cliente” y se ven obligadas a practicar sexo sin consentimiento, o con un consentimiento viciado por el dinero? ¿Qué sucede en otros trabajos si el empleado no desea hacer una actividad y es obligado por el “cliente” mediante el uso de amenazas o de violencia física o sexual? ¿Y así durante jornadas interminables? ¿Qué trabajo puede justificar como enfermedad laboral una infección de transmisión sexual, un cáncer o un embarazo? Y en el caso de las “trabajadoras” embarazadas como “accidente laboral”, ¿cuál sería la actuación? ¿La empresa o una mutua se encargaría de practicarlas un aborto? ¿Y para las mujeres embarazadas que continúen con su embarazo? ¿Sería posible adaptar su puesto trabajo para permitirlas seguir en prostitución cambiando su actividad sexual en función de los meses de embarazo?”.

Abolir el infierno diario

La realidad de las mujeres prostituidas es la de la exclusión total y la esclavitud. Por ello tanto las condiciones higiénicas y servicios sanitarios a los que tienen acceso estas mujeres, así como la información y los recursos a los que pueden optar son limitados. “La asistencia se les puede proporcionar de manera muy minoritaria y esporádica en el mejor de los casos, cuando no se les realiza arbitrariamente en los propios establecimientos y se les cobra a las propias mujeres por una más que mediocre asistencia sanitaria preventiva. Nada induce a pensar que la legalización de la prostitución serviría para mejorar esta situación”, dice Renuncio.

Los principales cambios se deberían dar en caso de legalización, no en la asistencia que se les proporciona, sino desde el punto de vista de la Salud Laboral y de la prevención de los Riesgos Laborales. Por otra parte, una inaudita prevención de riesgos laborales que debería incluir las ITS, enfermedades como hepatitis, infecciones por el VPH o en última instancia el cáncer de cérvix, vagina o vulva entre otros riesgos laborales. “Además hay que tener en cuenta que la vida laboral de las mujeres prostituidas sería muy corta. La mayoría de las mujeres en prostitución son desechadas por el sistema tras unos pocos años de explotación. Por un lado, el negocio exige “carne fresca” y la trata suministra continuamente nuevas mujeres para ser explotadas, y por contra el negocio expulsa a las mujeres que, por problemas físicos o psíquicos, o porque son relegadas por la llegada de otras mujeres más jóvenes o más “apetecibles”, ya que no pueden cumplir con su cometido”, añade el ginecólogo.

Por tanto, para dichas fuentes consultadassituar a todas las mujeres en la tesitura de poder ser prostituidas y poner en riesgo la salud de toda la población es querer un trato denigrante para todas las mujeres”, finalizan.

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