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Las razones del giro de 360 grados hacia la extrema derecha
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(Foto: Europa Press)

Las razones del giro de 360 grados hacia la extrema derecha

Un artículo de Irene López, Alberto Monje e Iván Sanz

martes 12 de noviembre de 2019, 00:32h

Cuartas elecciones en cuatro años. Ausencia de diálogo, mucho interés en los sillones y cargos y poca altura de miras entre políticos, partidos y socios preferentes. El parlamento parado. Hartazgo generalizado. Y los presupuestos de Montoro en la sombra de un gobierno que no pudo aprobar unos alternativos. Comicios complicados; la extrema derecha efervescente, gracias al abrazo de la derecha y los falsos liberales, incertidumbre económica internacional y una crisis territorial sin resolver. Pedro Sánchez puso toda la carne en el asador para no tener que repetir unas elecciones que había ganado ampliamente. El bloqueo de las dos derechas de Casado y Rivera, por un lado, y de Iglesias por el otro, provocó que la Constitución tuviera que ser quien pusiera en marcha los plazos de repetición automática de elecciones. En este artículo se analizan las razones del giro hacia la extrema derecha.

Pese a los peores augurios, este 10 de noviembre la ciudadanía española ha mostrado una entereza democrática que muchos no veían venir. Las elecciones del 28 de abril tuvieron el porcentaje de participación más alto desde 2008. Esta vez, pese al hartazgo electoral, la participación ha caído algo menos de 2 puntos y se ha situado en el 69,87%, 3 puntos por encima de la anterior repetición electoral en 2016.

"Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie", Giuseppe Tomasi di Lampedusa (El Gatopardo)

Pero, ¿qué escenario ha dejado la repetición electoral? A primera vista los resultados en los grandes bloques no son muy diferentes a los de abril. Un análisis pormenorizado de cada uno de los principales partidos quizá ayudará a entender la situación, o quizá ayudará a dejar de entenderla.


PSOE. ¿Ha conseguido salvar los muebles? Prácticamente mantiene el resultado de abril; Pierde tres escaños y 760.000 votos, menos de lo que muchas encuestas pronosticaban. Sánchez ha conseguido debilitar al bloque de izquierdas y cerrar la posibilidad de un gobierno de derechas liderado por el PP. Sin embargo, no consigue del todo evitar necesitar o apoyo independentista o de los grupos regionalistas, o de las derechas para formar gobierno.

Hay que decirlo claro: Pedro Sánchez es el único que puede realizar cualquier tipo de sumas para gobernar. Uno de los puntos fuertes de su discurso a partir de ahora podría ser que los españoles lo han puesto de nuevo en la posición central del tablero político. Sin embargo, esto lo coloca en un punto en el que él y sólo él es el responsable de la estabilidad institucional. Por ahora parece que no fue del todo mal echarle la culpa a Podemos, PP y Ciudadanos del bloqueo. Pero todo tiene un límite.

¿Cuáles son los posibles pactos que conseguirían una mayoría absoluta en primera vuelta (176 escaños) o una mayoría simple en segunda? ¿Conseguirá los apoyos suficientes para conformar un nuevo gobierno progresista, o nos veremos inmersos en unas nuevas elecciones generales este próximo año?

  • Gran Coalición: Partido Socialista y Popular suman 208 escaños, lo que les daría una mayoría lo suficientemente holgada como para gobernar sin problemas durante cuatro años. Pero, ¿el Pedro del "No es no" va a aceptar a un Casado cada día más reforzado en sus posiciones de centroderecha?
  • Suma con las izquierdas, nacionalistas e independentistas. PSOE+UP+(ERC)+PNV+(BILDU)+MÁS PAÍS+CC+BNG+PRC+TE=(188)-183 escaños.
  • Suma con las izquierdas y nacionalistas. PSOE+UP+PNV+MÁS PAÍS+CC+BNG+PRC+TE (Con abstención de ERC y el voto en contra de las derechas, la CUP y Bildu). 160 escaños.

PP. El cambio en su discurso y el acercamiento a Rajoy han funcionado. El espacio del centro-derecha lo ha vuelto a poblar el Partido Popular. Casado ha conseguido eliminar a Rivera y reforzar su posición en el partido, logrando sobrevivir a unas nuevas elecciones. Ha sumado casi 650.000 votos y 22 escaños más. A partir de ahora tiene más razones que nunca para no ayudar a gobernar, de una manera o de otra, a Pedro Sánchez. El bloqueo por la derecha va a continuar. Sin embargo, estos resultados del Partido Popular no serán suficientes para poner en marcha un gobierno de derechas.


UP. No ha sido la de Unidas Podemos una debacle como la de Ciudadanos como pronosticaban algunas encuestas, sin embargo, tampoco tienen mucho por lo que celebrar: han perdido respecto a abril 700.000 votos y 7 escaños. El PSOE sigue necesitando de su apoyo y no parece que vayan a dar su brazo a torcer con respecto a la coalición. ¿Es el mensaje que le han dado los electores a Pablo Iglesias en las urnas? ¿Cuál ha sido la incidencia de Íñigo Errejón en el voto a la izquierda del PSOE?


Más País. ¿Ha servido de algo la aventura? Más País venía a la política con dos objetivos: 1) Conseguir recoger el voto de desencanto de la izquierda, es decir, recoger la abstención de PSOE Y Podemos; y 2) Conseguir los votos suficientes para formar un gobierno progresista con los votos de las izquierdas sin apoyos externos. El punto número 2, claramente, no lo han cumplido. PSOE, Unidas Podemos y Más País, juntos, suman 155 escaños, a 20 de la mayoría absoluta.

¿Pero ha sabido recoger Errejón el voto desencantado de la izquierda? Es necesario ir territorio a territorio analizando cada caso porque las diferencias son sustanciales.

  • En Madrid Podemos ha perdido 150.000 votos y Más País ha conseguido 200.000, respecto a abril por lo que esta suma en este territorio sí ha merecido la pena, quizá esa potencial abstención haya sido recogida. De hecho, juntos suman un diputado más que en abril.
  • En Valencia, la suma y resta con respecto al resto de elecciones no ha modificado sustancialmente los resultados ni en votos ni en escaños.
  • En Vizcaya, Más País ha conseguido 8.000 votos (0 escaños), mientras que Podemos ha perdido 25.000 (y un diputado menos) y Bildu ha ganado 2.000 votos y mantiene escaños.
  • En Barcelona, Más País sólo ha conseguido el 1,4% de los sufragios, con 41.000 votos, lo que lo coloca lejos de conseguir un escaño.
  • En Andalucía Podemos ha perdido 25.000 votos y Más País suma 55.000, como curiosidad, menos que PACMA en el 28A. En todo caso, la suma de ambos partidos supera al resultado de Podemos en solitario en abril, aunque pierde tres escaños.

Por lo tanto, la única aventura positiva de Más País ha sido la de la Comunidad de Madrid (¿a alguien le suena un partido político que se llamaba Más Madrid del que Errejón prometió no salir?) y quizá ha sido inocua en Valencia. En el resto de territorios, podríamos pensar que Errejón ha conseguido restar a la suma de la izquierda.

A nivel nacional, contando los votos de otros territorios como Galicia, Baleares o Canarias, Unidas Podemos y Más País, juntos, suman 100.000 votos más que Vox. Sin embargo, consiguen 12 escaños menos que la extrema derecha. Además, para más inri, Errejón, con sus otros dos diputados no podrán tener grupo propio en el Parlamento, uno de sus objetivos principales.

Sin embargo, los datos siempre tan sesgados en su visión aportan otro punto de vista: Podemos y sus confluencias pierden algo más de 100.000 votos respecto a abril y el partido de Errejón, a nivel nacional, ha conseguido un poco más de 300.000 votos, lo que suma en 200.000 el voto de las fuerzas a la izquierda del PSOE. Si Errejón no se hubiera presentado, ¿Podemos habría conseguido atrapar esos 200.000 votantes “nuevos” que ahora son de Más País? Eso ahora no podemos ni desmentirlo ni confirmarlo. Aún es pronto para decir que el movimiento táctico de Errejón y los suyos ha sido inteligente o una pérdida de fuerzas. Depende.


Ciudadanos. Roto como el adoquín del debate. Sus pactos con la extrema derecha y la inacción le han pasado una factura que no ha podido pagar. Batacazo en el partido naranja con 47 escaños perdidos. Albert Rivera ha asumido en primera persona las consecuencias políticas de este fracaso. Abandona la política, dimite como presidente del partido y no recogerá su acta de diputado. De una manera elegante acepta el mandato de las urnas y se echa a un lado. Pero abren varias incógnitas para el ex partido de Rivera, hecho a su medida ¿Quién tomará el relevo? Arrimadas suena como favorita pero Garicano puede postularse para dirigir la formación. Los naranjas tienen por delante un proceso interno complicado donde la gran pregunta no es quién estará al frente si no si el partido ¿Será capaz de sobrevivir con un nuevo liderazgo o seguirá su agonía para convertirse en el nuevo UPyD?


VOX. En el 28A, Vox, la ultraderecha, consiguió 24 diputados y una posición que, lo único que le permitía, era hacer ruido en el Parlamento y una mejor financiación. Ahora, está por ver cuál es la capacidad de veto que tiene VOX en la legislatura, pero esta posición de tercera fuerza le da, por lo menos, un poder simbólico sin precedentes para la extrema derecha en España. Gana 940.000 votos. Uno de los vencedores de la noche.

En España la extrema derecha consigue un 15% en las elecciones parlamentarias. Si comparamos con nuestros países vecinos, en Alemania obtienen el 13%; en Italia, el 17% y en Francia, entre un 8% y un 33% en elecciones parlamentarias y presidenciales. España pasa de ser uno de los países europeos con la ultraderecha más débil a tenerla como tercera fuerza en el Parlamento con una fuerza similar a las alemanas, italianas y francesas (con felicitación personal de Salvini y Le Pen https://twitter.com/matteosalvinimi/status/1193628450722111488 https://twitter.com/MLP_officiel/status/1193631153909043200. El vendaval populista y de extrema derecha ha llegado a nuestro país con fuerza. Ahora sí que sí, Spain is not different.


Ha habido una dura pérdida de votos en ambos bloques, pero de manera desigual. Normalmente, se suele pensar que la derecha es más constante en el voto y que la izquierda es más propensa a la abstención, pero los últimos resultados nos alejan de este mantra. El bloque de izquierdas pierde algo más de medio millón de votos de manera más o menos homogéneos entre todos sus componentes (PSOE-Podemos-IU-Comuns), pero consigue relajar esa caída debido al empuje de Más País. Sin embargo, el bloque de derechas cae casi en un millón de votos debido a la debacle de Ciudadanos porque PP y VOX aumentan sus votantes. Por cada votante que perdió el bloque de izquierdas, los partidos de derechas perdieron en conjunto tres. Pese a la caída en votos desigual, es la izquierda que perdería unos 7 escaños y la derecha que se beneficia del reparto legal de diputados y suma 4 a los que tenía previamente. Sin embargo, ni la pérdida le quita la primera plaza a la izquierda ni la ganancia le permite a la derecha llegar de una manera u otra a La Moncloa.

Partidos nacionales aparte, el tema catalán ha sido el central durante la campaña electoral. Habrá que estudiar posteriormente cuál ha sido el impacto de los disturbios y la inestabilidad en el ascenso radical de VOX. Por ahora, los resultados que nos arrojan los comicios en la comunidad son claros. Los partidos soberanistas no consiguen ni una mayoría en escaños ni en votos en Cataluña. Gracias a la aparición de la CUP, el bloque independentista suma 23 escaños (uno más que en abril) frente a los 25 del (heterogéneo) bloque de los no independentistas. El resultado no es comparable, pero, por ahora, no parece clara una mayoría a favor de la independencia de Cataluña.

¿Fin del bloqueo? Hay dos maneras por las que el Parlamento podría votar a favor de un gobierno funcional. El Partido Socialista tiene dos maneras de encuadrar el debate sobre sus hipotéticos apoyos:

  1. Apoyo directo o indirecto de los soberanistas al bloque de izquierdas. Lo que no funcionó en la pasada legislatura. Pablo Iglesias, por ahora, mantendrá la línea roja de la coalición. Sus resultados, pese a perder, no lo descalifican ni como líder ni a su proyecto. Y, esta es otra, ¿querrá ("el felón") Sánchez volver a contar con el apoyo de los "enemigos de España"?
  2. Apoyo directo e indirecto del PP en forma de Gran Coalición o voto fuera del gobierno. El Partido Popular ha ganado votos y escaños de una manera lo suficientemente sólida como para revalidar su estrategia de confrontación con el PSOE. No tendría sentido que Casado echara su brazo a torcer ahora que está más fuerte que nunca. El país tendría que estar al borde de unas terceras elecciones, en una crisis de bloqueo absoluta, como en 2016 para que tenga sentido la abstención "patriótica" de los populares para que el Gobierno eche a andar. Esta segunda opción está mucho más lejos que la primera.

La política, sobre todo la parlamentaria, en su búsqueda de acuerdos, consiste muchas veces en encontrar un punto en el que todas las partes estén igual de descontentas. El resultado del 10A podría ser ese punto: PSOE gana, pero pierde escaños, aunque mantiene la posición de liderazgo; el PP gana, pero no es capaz de liderar el país; Podemos no pierde demasiado, pero sigue sin sumar con el PSOE; VOX gana, mucho, pero tiene nulas capacidades de influencia porque su suma con el PP está muy lejos de la mayoría. Eso sí, Ciudadanos, sin embargo, pierde. Solamente, quizá los seguidores del PNV pueden estar contentos con su diputado nuevo, los del PRC y Coalición Canaria manteniendo los que tenían, y los de ¡Teruel existe!, que podrán alzar la voz en el Parlamento contra la despoblación. España, con sus "nacionalidades y regiones", en todo su esplendor.

Pedro Sánchez, con su notable interés por repetir las elecciones ha sido comparado en innumerables ocasiones con la mente perversa y manipuladora de Nicolás de Maquiavelo. Sin embargo, el Presidente en funciones encarna perfectamente a otro autor: a Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Partíamos de una situación en la que ninguno de los bloques sumaba, pero sólo la izquierda con los independentistas podían formar gobierno; ahora, seis meses y otras elecciones después, estamos en un escenario exactamente igual con un único cambio, la ultraderecha tiene un papel muy potente en el Parlamento como nunca lo ha tenido en los últimos 40 años de historia democrática en España, y una ciudadanía cada vez más harta, más indignada que no encuentra en la política una solución, sino un problema.

Si es que ya lo decía Lampedusa: "Cambiarlo todo para no cambiar nada".

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