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Dicen que Pedro Sánchez se equivocó

Dicen que Pedro Sánchez se equivocó

miércoles 06 de noviembre de 2019, 00:14h

No, Pedro Sánchez no se equivocó convocando elecciones para no caer en la trampa que le tendía Iglesias. Pedro Sánchez demostró, por segunda vez en su carrera política, que, hasta hoy, es el único político de este país dispuesto a renunciar al poder y al sueldo por sus convicciones. Hay que esperar, por el bien de todos, que la mayoría de los ciudadanos reflexionen antes de votar, al menos un poco más que los opinantes públicos.

Dicen casi todos los opinantes con voz pública que Pedro Sánchez se equivocó al negarse a gobernar en coalición con Unidas Podemos y convocar elecciones. Dicen que fue un error de cálculo; que Sánchez nunca quiso pactar; que desde el principio prefería convocar elecciones con la esperanza ingenua de ganarlas por mayoría absoluta o casi. Dicen que tendrá que reconocer que se equivocó cuando el 10 de noviembre, muchos socialistas, hartos de votar, se queden en su casa y otros cambien su voto dejando al PSOE igual que en abril o con dos o tres diputados menos. Dicen que tendrá que reconocer que fue un error condenar a los españoles al suplicio de volver a votar si el resultado de las elecciones es más o menos el mismo que el de las anteriores, lo que le obligará a tragarse las exigencias de Iglesias, tal vez multiplicadas por dos, a menos que se atreva a convocar elecciones otra vez empujando al PSOE al hoyo en el que le hundió la crisis.

Dicen y se retratan, claro. Las opiniones retratan siempre a quien las emite. Certezas, creencias y opiniones se elaboran en nuestro laboratorio interior mezclándose con todas las sustancias que tenemos acumuladas en nuestra mente. Por eso certezas, creencias y opiniones dicen de nosotros mucho más de lo que dicen nuestras palabras. No deja de sorprenderme que casi todos los opinantes con voz pública revelen, por incapacidad, por descuido o por intencionada estupidez, un nivel intelectual mediocre, cuando no bajísimo, sin detenerse a pensar que los españoles anónimos no son tan tontos como les suponen. Lo único sorprendente del debate de ayer fueron los comentarios de los opinantes y la falta de amor propio y hasta de respeto a sí mismos que algunos exhibieron.

Empezando por el principio, hay que ser profundamente estúpido para atreverse a decir que Pedro Sánchez se equivocó al rechazar la coalición que Iglesias le exigía. ¿Qué se puede pensar de un opinante, analista, politólogo o lo que sea que no se dé cuenta de que formar un gobierno con un partido que se pasó toda la campaña electoral previa a las elecciones de abril criticando al partido de gobierno; que en plenas negociaciones afirmaba no fiarse del presidente; que pregonaba a todos los vientos que era imprescindible que su partido obtuviera los ministerios más decisivos para obligar al gobierno del PSOE a cumplir sus pactos; qué se puede pensar de quien no se dé cuenta de que formar un gobierno de coalición con alguien como Iglesias y su partido hubiese sido una absoluta falta de responsabilidad?

¿Qué se puede pensar de quien sea que afirme que el sentido de responsabilidad tenía que obligar a Pedro Sánchez a convertir su Consejo de Ministros en una olla de grillos y su gobierno en un enredo que duraría lo que tardara en saltar por los aires después de algunas conferencias de prensa en las que los puros de Unidas Podemos les pusiera, sistemáticamente, a parir? ¿Qué se puede pensar de quien no se diera cuenta de que un gobierno de izquierdas que fracasara por desacuerdos y ventilación pública de los desacuerdos catapultaría al triunfo de las derechas; las tres?

Ayer, después del debate, todavía hubo politólogos, analistas y opinantes varios que se atrevieron a pregonar por las ondas que, al negarse a un gobierno de coalición con Iglesias y los suyos, Pedro Sánchez había demostrado carecer por completo de sentido de la responsabilidad. Uno se pregunta si toda esa gente con voz pública es incapaz de analizar lo más evidente. Pero eso parece inverosímil. No es posible que tantos medios paguen sueldos a tanto mediocre incapaz de reflexionar. ¿Y entonces? Entonces uno se pregunta si no será que lo que esa gente perseguía y persigue es convencer al personal de que el único gobierno estable que el país necesita es un gobierno de derechas.

La pregunta se extiende más allá de los opinantes. Ayer, en medio de partidos que hasta el día de hoy respetan la Constitución y las leyes, estaba un hombre líder de un partido que no respeta, ni en su programa ni en sus mítines, ninguna de las dos cosas. Me recordó a los “tontos útiles” del comunismo soviético. Ese hombre y su partido, como el comunismo soviético, intentan destruir la democracia metiéndose en sus instituciones. ¿Y quién lo permite? Por encima de todos, evidentemente, los dos partidos que, para alcanzar el poder, pactaron con un partido anticonstitucional que en ningún momento ha ocultado su xenofobia, su rechazo a las autonomías, etcétera.

Pongo etcétera porque después del debate de ayer, quien no sepa que el partido del macho de pelo en pecho tiene un programa antidemocrático es porque no oye bien o porque no entiende lo que oye. Se clama contra los “golpistas” catalanes y con razón, pero se permite que participe en elecciones y debate un tipo que cuestiona los derechos de mujeres, inmigrantes, autonomías, como si eso no fuera un golpe contra las libertades, contra la democracia. A quien se le ocurre que hay que ilegalizar a los partidos independentistas, que diga por qué razón no hay que ilegalizar a un partido que exhibe un programa infrahumano.

No voy a comentar nada más del debate. No vale la pena perder el tiempo contestando a politólogos, analistas y opinantes varios que perdieron su tiempo y nos hicieron perder el nuestro repitiendo los comentarios insustanciales que soltaron en los debates de abril. No necesitamos que unos ineptos nos comenten lo que vimos y oímos. Vimos a un pobre Rivera haciendo el ridículo con su bazar de objetos varios; esta vez, un adoquín. Vimos a Iglesias repitiendo los gestos de cejas, ojos y hombros que seguramente practica en los espejos de su casa para sugestionar al personal y le oímos afirmar que Sánchez pactaría con la derecha, o sea, lo de siempre; vimos a Casado repitiendo, más o menos, las críticas contra Sánchez que repite en todo mitin y en toda entrevista y haciéndole la misma pregunta para epatar. Vimos a Pedro Sánchez, presidente del gobierno en funciones, ignorando una y otra vez los ataques que le llovían de todas las bocas; negándose una y otra vez a perder el tiempo y hacérnoslo perder a los españoles respondiendo a críticas sin sentido y a preguntas estúpidas.

Si Pedro Sánchez no hubiera mantenido su compostura ciñéndose a recordar el trabajo realizado por él y su equipo, y a explicar el programa que van a llevar a cabo en los próximos años, si le dejan gobernar, Pedro Sánchez no sería el hombre de estado y presidente que todos hemos visto que en sus escasos meses de gobierno.

No, Pedro Sánchez no se equivocó convocando elecciones para no caer en la trampa que le tendía Iglesias. Pedro Sánchez demostró, por segunda vez en su carrera política, que, hasta hoy, es el único político de este país dispuesto a renunciar al poder y al sueldo por sus convicciones. Hay que esperar, por el bien de todos, que la mayoría de los ciudadanos reflexionen antes de votar, al menos un poco más que los opinantes públicos.

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