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Las feministas ante las elecciones del 10N
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Las feministas ante las elecciones del 10N

martes 29 de octubre de 2019, 12:41h
Tengo que reconocer que, cada vez que se acerca una elección, aunque tengo mi militancia y mi lealtad partidaria, como el voto es un acto sumamente personal, privado y secreto, me pienso dos veces a qué partido votar.

¿Qué me hace inclinarme por uno o por otro partido? Ya sé que alguien va a pensar que soy una panfletaria y una plasta con el tema, pero es la verdad, es mi convicción y nadie ha conseguido demostrarme que esté confundida. El partido al que he votado y voy a votar es el que mejor me asegure que está dispuesto a terminar con la discriminación integral que sufrimos las mujeres, todas, unas más y otras menos, pero todas, en esta sociedad.

Porque si hay pobres, las que más sufren la pobreza somos las mujeres. En España según la EAPN el riesgo de pobreza es 4 veces más elevado para las mujeres que para los hombres. Y con ellas, muchos menores que viven bajo su exclusiva responsabilidad.

Porque si los salarios son bajos, los más bajos de todos son los de las mujeres.

Porque si las pensiones son escasas, las más bajas de todas las pensiones son las de las mujeres.

Porque si hay violencia en la sociedad, las que más la sufrimos somos las mujeres: violencia en casa y violencia en la calle.

He luchado toda la vida por vivir en una sociedad más justa y más libre para todas las personas. No soporto las discriminaciones y la más extendida de todas es la que sufrimos las mujeres. Porque las mujeres padecemos las diferencias sociales, las diferencias de clase como los hombres y además tenemos menos posibilidades de subir en el ascensor social porque la maternidad, real o posible, nos impide promocionarnos en el trabajo como este sistema requiere, en nuestro perjuicio.

A las diferencias de clase que genera múltiples discriminaciones, las mujeres sumamos las diferencias de género: todas las mujeres, ricas y pobres, somos tratadas de manera desigual a los hombres ricos o pobres.

Comprendí esto muy bien un día, hace ya muchos años, que yo circulaba en coche por Madrid y, parada en un semáforo, se me acercó un hombre que pedía dinero. Cuando bajé la ventanilla me dijo tales barbaridades de contenido sexista, que me quedé sin poder reaccionar. El hombre más pobre de Madrid me intimidó a mí, una profesional, que conducía un buen coche y que aparentemente estaba en las antípodas de su situación. Si se atrevió así conmigo, el hombre más pobre y más feo de todo Madrid, ese hombre se consideraba, por el solo hecho de ser hombre, muy superior a mí.

No comparto la tesis de que las mujeres somos una clase social, porque entre otras razones, también hay mujeres que tratan de dominar a otras mujeres (son aquellas que no han comprendido bien que ellas a su vez son dominadas por otros), pero sí defiendo que las mujeres, todas nosotras, somos discriminadas desde que nacemos hasta que morimos por el sistema patriarcal dicho eufemísticamente y en román paladino, por los hombres, que primero nos educan para ello y después se benefician de nuestra ternura, de nuestros cuidados y atenciones en detrimento de las nuestras propias.

Hay que espabilar, por tanto, y el momento de votar es una buena ocasión para tomar la decisión más acertada.

Quiero votar al partido que mejor va a resolver sobre el cambio climático, sobre Cataluña y sobre la despoblación, pero también quiero votar a aquel que haya confiado en el pasado en las mujeres feministas para hacer sus programas y las políticas de gobierno cuando ha podido gobernar. Es importante que el gobierno sea paritario en su composición, pero más importante aún es que adopte medidas que incidan en la desigualdad de las mujeres respecto a los hombres y la reduzcan hasta eliminarla.

La lucha contra la violencia de género; contra la violencia sexual y contra todo tipo de violencias machistas; contra la incidencia negativa de la maternidad en la carrera profesional de las mujeres y por la necesidad de implantar relaciones de pareja basadas en la corresponsabilidad; la defensa de nuestra libertad de decidir sobre nuestras vidas; de recibir una educación que no nos estigmatice de por vida, sino que nos forme a mujeres y hombres en igualdad y respeto y un sinfín de cosas más, es lo que ha venido haciendo el Partido Socialista, sus mujeres y sus hombres, cuando ha recibido el voto de la ciudadanía para gobernar.

De manera que digo claro y alto que votaré PSOE y que además creo que será un error muy grande el de aquellas personas que, quizá cansadas, dejen de hacerlo. Luego es tarde para lamentarnos. Ahora estamos a tiempo.

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