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Sebastián Piñera, presidente de Chile: 'Estamos en guerra'
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(Foto: Europa Press)

Sebastián Piñera, presidente de Chile: "Estamos en guerra"

lunes 21 de octubre de 2019, 15:56h
La propuesta de aumentar el precio del billete de metro en Chile fue el desencadenante (tan solo la gota que colmó el vaso) de una oleada de protestas inédita desde que el país latinoamericano recuperó la democracia en 1990. Detrás del fuego se encuentra uno de los pueblos que más sufre la desigualdad del mundo.

Un año y siete meses después de que Sebastián Piñera inaugurase su segundo mandato al frente del ejecutivo chileno (el primero fue de 2010 a 2014, precedido y sucedido por la socialista Michelle Batelet), el Presidente aprobó la subida del precio del billete de metro de 800 pesos (1 euro) a 830 pesos (1,04 euros). Parece un detalle anodino, una medida burocrática más que podría haber pasado desapercibida; sin embargo, ha provocado una revuelta que, desde que comenzó el pasado jueves, ya ha dejado 10 muertos, decenas de heridos y 1.700 detenidos.

Se trataba de la vigésima subida en los 12 años de vida del sistema de transporte público Transantiago (la actual Red Metropolitana de Movilidad) que estableció como precio de salida los 420 pesos (0,52 euros). Este ha sido el detonante para ver a Santiago de Chile llena de barricadas ardiendo. Pero no parece causa suficiente.

El Banco Mundial tiene buenas espectativas económicas para Chile. Se prevé para este año un crecimiento del PIB del 3,4% después de haber crecido un 4% en 2018. Además, según datos del Fondo Monetario Internacional, el desempleo afecta al 6,5% de la población activa; por debajo del 8% que acusan el conjunto de los países de America Latina y el Caribe ("la más alta en una década y podría subir", según alertaron la Oficina de Coordinación para el Desarrollo de la ONU y la Organización Internacional del Trabajo) y aún lejos del 12,2% que registró Brasil en 2018 o el 10,8% de Colombia en el mismo año.

Entonces, ¿de dónde vienen los disturbios de Chile?

Los buenos datos económicos a veces no se ven revertidos en las capas más bajas. Un ejemplo representativo es Guatemala. Es el país con la menor tasa de desempleo de toda América Latina: un 2,2%. Sin embargo, el Banco Mundial señala que "tiene algunas de las peores tasas de pobreza, desnutrición y mortalidad materno-infantil, especialmente en las zonas rurales e indígenas".

Verónica Alaimo, especialista senior de la División de Mercados Laborales del Banco de Interamericano de Desarrollo, arrojaba luz sobre el asunto en una entrevista a BBC Mundo: "Si hay personas desalentadas que se cansaron de buscar empleo y ya no lo hacen más, estas personas se califican como "inactivas" y no entran en el cómputo de desempleo". Además, declaraba que "muchas personas no pueden darse el lujo de estar desempleadas. Necesitan trabajar para sostener a sus familias. Y eso muchas veces se traduce en trabajos precarios, trabajos informales, sin acceso a la seguridad social, o trabajos muy poco productivos y con bajos salarios".

Entonces hay que volver la mirada a otros factores: un estudio realizado hace dos años por el Centro de Estudio de la Regulación Económica de los Servicios Públicos de la Universidad de Belgrano reveló que los chilenos pagaban el segundo precio más caro por la electricidad de Sudamérica, tan solo por detrás de Perú. La tarifa chilena alcanzaba los 15,80 centavos de dólar por KWh, cuando el promedio era de 10,21 centavos de dólar.

Además, el pasado mayo, el Gobierno de Piñera anunció un aumento del 10,5% en la tarifa de la luz. El decreto establecía una subida de las cuentas de la luz cada seis meses.

Por otra parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) declaró en 2017 a Chile uno de los países más desiguales del mundo y el que menos invierte en proteger el empleo y a los desempleados entre los países miembros. Con datos de la última edición del informe Panorama Social de América Latina, el 1% más rico del país se quedó con el 26,5% de la riqueza de ese mismo año. Mientras tanto, el 50% de los hogares con menores ingresos solo pudo acceder al 2,1% de la riqueza neta de Chile.

También en ese año, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) lanzó el libro “Desiguales: Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile”. En él se reflejaba que un 41% de los chilenos reconocía haber "experimentado en el último año alguna forma de malos tratos". Las causas denunciadas más comunes fueron: la clase social (43%) y ser mujer (41%).

El salario mínimo en Chile se sitúa en 301.000 pesos chilenos​ (374,68 euros) y la mitad de los trabajadores ingresa apenas por encima de esa cifra: 404.359 pesos chilenos (503,29 euros). “Para una enorme cantidad de trabajadores chilenos, el salario simplemente no es un soporte eficiente para salir adelante”, subrayaba el PNUD.

Así, este domingo, 20 de octubre, el presidente Piñera anunció la suspensión del alza del precio del billete de metro. Sin embargo, para saber que esto no sería suficiente bastaba con girarse hacia Hong Kong y la gestión de la revuelta por parte de la Jefa Ejecutiva de la región, Carrie Lam.

Tras comprobar la ineficacia de la marcha atrás cuando ya era tarde, el Gobierno chileno ha aplicado el estado de emergencia y la extensión del toque de queda por tercer día consecutivo. Con el ejército en la calle por primera vez desde la dictadura de Augusto Pinochet, el presidente Piñera ha declarado: "Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie y que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite, que está dispuesto a quemar nuestros hospitales, el metro, los supermercados, con el único propósito de producir el mayor daño posible".

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