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¡A la Campaña contra Sánchez! 5. ¿Por qué?
(Foto: Foto Psoe)

¡A la Campaña contra Sánchez! 5. ¿Por qué?

viernes 27 de septiembre de 2019, 17:33h

Si no me falla la memoria, en toda mi larga vida, que el destino quiso llevar por medio mundo, nunca había asistido a una campaña tan feroz por parte de casi todos los políticos y de casi todos los medios contra un hombre que casi todos los políticos y casi todos los medios intentan convertir en enemigo público numero 1. A Pedro Sánchez Pérez-Castejón le culpan de todos los errores (...) ¿En qué erró?. En todo. También le culpan de todos los errores cometidos por todos los secretarios generales del Psoe, de todos los presidentes del gobierno, de la cal viva, de la guerra sucia contra ETA, de conceder el ducado a la Duquesa de Franco. Esto apesta ya...

Del Blog de María Mir-Rocafort para La Hora Digital

Si no me falla la memoria, en toda mi larga vida, que el destino quiso llevar por medio mundo, nunca había asistido a una campaña tan feroz por parte de casi todos los políticos y de casi todos los medios contra un hombre que casi todos los políticos y casi todos los medios intentan convertir en enemigo público numero 1. A Pedro Sánchez Pérez-Castejón le culpan de todos los errores que ha cometido desde que apareció en el mundo político. ¿En qué erró? En todo. No ha dado ni una. Y por si fuera poco, le culpan de todos los errores cometidos por todos los secretarios generales del PSOE y todos los presidentes del gobierno del mismo partido que en España han sido desde el principio de la transición. ¿Exagero? Hace poco un tuitero de los comunistas purísimos le echó en cara que el partido había renegado del marxismo. Debía ser un portento de precocidad, el niño, porque cuando lo del Congreso de Madrid del 79, Pedro Sánchez Pérez-Castejón tenía 7 añitos. ¿Y quién no recuerda lo de la “cal viva” que le soltó Pablo Iglesias como si Pedro Sánchez Pérez-Castejón hubiera tenido algo que ver con la guerra sucia contra ETA en su pre adolescencia? Ayer, otro tuitero puso la guinda a la inmunda tarta de mentiras culpando directamente a Pedro Sánchez Pérez-Castejón de haber concedido el ducado a la Duquesa de Franco. Quien no se lo crea, en Twitter está.

Esto ni es serio ni es limpio y, además, apesta. Tanto, que una persona que intenta ir por la vida orientándose con su facultad racional acaba preguntándose por qué, por qué todos atacan a este hombre como si a todos les debiera algo. Parece que algo o mucho tiene que haber hecho mal para tener a todos tan soliviantados. A lo que la razón responde frenando el argumento. A todos, no. A la mayoría de los españoles que fueron a votar el 28 de abril, no. A los siete millones y medio que le votaron para que fuera presidente del gobierno, no. Entonces, ¿por qué los otros, los políticos protagonistas de la política nacional y los voceros de los protagonistas y casi todos los periodistas y los analistas le tienen tanta manía?

Antes de sumergirse en la profundidad de las causas más profundas, quien esto se pregunte podría empezar analizando lo más superficial. Pedro Sánchez es guapo, tan guapo que hasta la prensa extranjera ha reparado en el detalle. Un comentarista mencionó ayer en la radio su belleza (sic) con una ligera ironía, demostrando un sentido estético un tanto vulgar. Pedro Sánchez no es bello como puede decirse de un Tadzio de Muerte en Venecia o de un Narciso de Caravaggio o de cuantos intentaron plasmar en pintura y escultura a esa belleza mitológica. Pedro Sánchez es lo que en español se llama guapo en su acepción de bien parecido. Es decir, que en la lotería genética le tocaron unas facciones bien proporcionadas que resultan agradables a la vista de quien le mire y una altura y una robustez que dan prestancia a su figura. Esos atributos le permiten llamar la atención sin necesidad de recurrir a un peinado extravagante ni a adornos faciales ni a sonrisas forzadas para lucir dentadura. Pedro Sánchez es de esos seres afortunados a los que la naturaleza crea de vez en cuando tomando en cuenta los cánones estéticos aceptados por la mayoría, y a quienes, encima, dota de la inteligencia suficiente para ir por la vida sin presumir. ¿Tendrá esto algo que ver con la manía que le tienen? Algunos adoran los espejos. Cuando esa adoración se vuelve patológica, al fenómeno se le llama trastorno narcisista de la personalidad. Es posible que en un país donde se considera a la envidia el pecado nacional, a esos algunos les escueza tener un antagonista político tan bien plantado disputándoles la admiración de ambos sexos. Si esto le pasa a quien padezca del trastorno antes mencionado, es muy posible que lo lleve fatal. Es posible, repito. Cada cual sabrá lo que le corroe.

Profundizando un poco más, resulta que el carácter de Pedro Sánchez parece tener una notable sincronía con su físico. Ambos encuentran su lugar en la aurea mediocritas de Aristóteles. Suelto el latinajo para diferenciarlo del término mediocridad, evidentemente peyorativo, en el que degeneró el término aristotélico con el paso de los siglos, tal vez por la confusión de quienes no entendieron lo que Aristóteles quiso decir. Aristóteles llamó aurea mediocritas a la virtud que se alcanza en un justo término medio, lejos de los extremos; un lugar al que se llega mediante la prudencia. Pedro Sánchez no es mediocre. Que quien lo ponga en duda profundice en el significado de la palabra mediocridad. Yo no voy a perder mi tiempo explicándolo. Pedro Sánchez encontró muy joven su lugar en ese término medio que en política es el centro ideal, lo que le permitió superar con éxito su etapa como mediador durante la guerra de los Balcanes. Colocarse en ese centro no significa indeterminación ni debilidad, como erróneamente juzgan los confundidos. Dicen que en su etapa de mediador, Sánchez se ganó el apelativo de hombre de hierro. Se puede ser centrado, moderado, luego prudente sin tener ni asomo de la debilidad intelectual y moral de quien no rige su vida por valores y convicciones firmes. Sánchez ha demostrado sobradamente la firmeza de sus valores humanos y de sus convicciones. Pero ya llegaremos ahí. Aquí nos preguntamos si esa moderación, si esa centralidad de Pedro Sánchez puede ser una de las causas de que le señalen como enemigo mortal todos los otros líderes políticos y de que vayan a por él como si no tuvieran otro adversario. Parece que sí.

Si alguien sugiriera que el centro político de este país lo ocupa el PSOE con Pedro Sánchez a la cabeza, seguramente todos los pelos de todos sus adversarios políticos se pondrían de punta y de su alma saldría un grito de pánico que llegaría a las esferas celestiales. Para evitar a esos líderes y a sus patrocinadores tan violenta reacción, casi no hay periodista ni analista que se atreva a decir públicamente que el PSOE con Sánchez ocupa el centro. El pánico se comprende. Porque resulta que, según todos los estudios sociológicos, la mayoría de los ciudadanos de este país quieren gobernantes centrados, moderados, prudentes; o sea, de centro. Por lo que colocar en el centro al PSOE con Sánchez a la cabeza es hacerle la campaña electoral.

¿Pero el PSOE no es de izquierdas? Quien entiende que lo de izquierdas y derechas en política es una manera de abreviar el discurso que se arrastra desde el siglo XVIII y que hoy tiene poco que ver con lo que significaba entonces, sabe que la diferencia entre los unos y los otros consiste en políticas orientadas a la justicia social con el objetivo de lograr una sociedad donde todos los ciudadanos puedan convivir dignamente, o políticas orientadas a librar a los más pudientes de impuestos y regulaciones y a que cada cual espabile como pueda sin esperar la asistencia del estado. Por eso resulta más preciso llamar a los unos social demócratas y a los otros neoliberales. O sea, los primeros están comprometidos con defender las libertades de todos los ciudadanos proporcionando la asistencia del estado para que a nadie falten los medios necesarios sin los cuales no se puede vivir en libertad. Los segundos creen que si se respeta la libertad de los que tienen dinero, estos generarán más dinero, lo que de alguna manera beneficiará a los que no lo tienen. Y si no les beneficia, mala suerte.

Parece una pérdida de tiempo explicar a estas alturas lo que la mayoría sabe por experiencia después de haber vivido con gobiernos del PSOE y del PP. Pues resulta que hay que explicarlo. Porque resulta que en diarios y tertulias radiofónicas y televisivas se lee y se oye todos los días de Dios que el PP y Ciudadanos son el centro-derecha. Tan de centro, sí, que allá donde lo han necesitado, tanto el PP como Ciudadanos se han aliado a lo más extremo de lo que se sigue llamando derecha. Si alguien todavía no sabe en qué consiste ese extremo, que le pida a Google el programa de Vox. ¿Qué diría Aristóteles si viera al PP y a Ciudadanos colocados en el centro por genios del periodismo español? Tal vez que el asunto tiene poco que ver con la filosofía; que más bien parece cosa de Aristófanes, autor de comedias de la época que aún nos hacen reír. Aunque hay algunos que ante tantos intentos viles de manipularnos y engañarnos estamos perdiendo el sentido del humor y esos disparates ya no nos hacen ni puñetera gracia.

Este asunto del centro podría bastar para que se entendiera el horror que despierta Pedro Sánchez en sus adversarios de todo tipo, pero aún hay algo más, algo que llega a lo que llamamos el colmo. Pedro Sánchez Pérez-Castejón, como secretario general del PSOE y diputado en el Congreso, se atrevió a demostrar, en un día aciago, que un político es capaz de anteponer sus valores y sus principios a sus intereses personales. Lo que en plata significa que dejó a muchos con el culo al aire. Sus valores y sus principios no le permitían abstenerse para que pudiera gobernar el PP. Por lo tanto, no se abstuvo. Prefirió renunciar a la secretaría general de su partido y a su acta de diputado. Se apuntó en el paro y se fue con su coche a hablar con sus compañeros de partido. Este ejemplo de integridad y coherencia tiene que resultar insoportable para aquellos que han dado ejemplo de todo lo contrario. Otra vez, prensa y analistas intentan ensuciar el episodio. Pedro Sánchez pide a Casado que se abstenga, lo que él no hizo para que gobernara Rajoy, dicen. Y si no se lo hubiera pedido a Casado le habrían dicho que era incompetente o idiota. Da igual.

En su célebre Curso de Literatura Europea, Vladimir Nabokov estableció una ingeniosa relación entre las palabras inglesas stranger, extraño, y danger, peligroso. Todo lo extraño, lo raro, lo que se sale de lo normal, entendiendo por normal lo estadísticamente mayoritario, es percibido como peligroso por aquellos que son incapaces de actuar según su propio criterio. Esto puede resumir el por qué de la campaña contra Pedro Sánchez. Pedro Sánchez Pérez-Castejón es un peligro para quienes entienden la política como un modo de trepar, ganarse un sueldo, tocar poder. Y encima, es guapo.

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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    4402 | Maria Vicenta Perera - 28/09/2019 @ 22:58:13 (GMT)
    Me gusta Pedro Sanches,y este comentario sobre la envidia de todos y cada uno delos que les critica y da por echo que es el unico responsable de todo lo ocurrido me parece estupido, el a sido un politico consecuente consigo mismo cuandodijo no a Rajoy lo llevó hasta sus ultimas consecuencias,diganme que politico lo ha echo no solo en españa,me ha gustado mucho este reportaje,,
    4398 | MJose - 27/09/2019 @ 23:26:56 (GMT)
    Sin palabras María. Mejor explicado imposible!!! Gracias una vez más por poner las cosas bien clara!!!

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