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¡A la campaña contra Sánchez! 4. Amarillismo y populismo
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¡A la campaña contra Sánchez! 4. Amarillismo y populismo

lunes 23 de septiembre de 2019, 22:44h
Llevamos semanas leyendo y oyendo todos los detalles, reales e inventados, de lo que los mismos medios llaman el culebrón de Sánchez e Iglesias. El pasado 3 de septiembre, el PSOE propuso y Pedro Sánchez explicó en acto público 370 medidas programáticas para el gobierno de España. ¿Alguien ha leído u oído en los medios un análisis serio de alguna de esas medidas en los veinte días siguientes hasta el día de hoy? Lo que se oye, lo que yo misma he oído hoy mismo, con los oídos que me dio mi madre, en una tertulia radiofónica, es que ningún partido, ninguno, ha hecho propuestas de gobierno.

¿Estaban todos los analistas políticos del país de vacaciones cuando Pedro Sánchez expuso y explicó las 370 medidas, 370? ¿Sólo se enteraron de esas medidas los “machacas” que enviaron los medios a apuntar lo que decía el presidente para hacer los reportajes de rigor? Parece que los principales analistas políticos se ahorraron el trabajo de leer y analizar esas medidas porque, al ponerse ante un micrófono o ante un ordenador, despacharon el asunto en artículos y tertulias tildando todo el paquete de recurso electoralista y sanseacabó.

Pablo Iglesias, como siempre, dio a los medios los titulares más impactantes diciendo que esas medidas eran solo papel, que Pedro Sánchez no tenía palabra, que no se podía confiar en él y que, por lo tanto, Unidas Podemos exigía estar en el gobierno para controlar que esas medidas se cumplieran. O sea, que los medios y los analistas vieron el cielo abierto porque, en vez de verse obligados a dar el callo publicando y analizando farragosas políticas, gracias a Iglesias podían seguir entreteniendo al personal con el culebrón. Es lo que han hecho, tiñendo a la mayoría de la prensa política de amarillismo; lo que ha rebajado su valor intelectual y su credibilidad a niveles bochornosos. Pero lo más bochornoso, sin duda alguna, es que esa deriva ha hecho caer en la mentira pura y dura a más de uno, incluyendo a firmas reconocidas de las que no cabía esperar semejante inmoralidad. Vuelvo a repetir lo que esta misma mañana me provocó un vuelco cardíaco al oírlo en una tertulia. Tres tertulianos de renombre, tres, dijeron y repitieron que ningún partido, ninguno, ha hecho propuestas de gobierno. A punto estuve de enviar a la emisora el documento con las 370 medidas del PSOE, 370, pero mi Pepita Grillo me dijo que mi tiempo valía demasiado para estarlo perdiendo en actos ingenuos.

No es posible que la ignorancia de esos tertulianos y de otros analistas políticos sea real. No es posible que sea inocente el amarillismo en el que ha caído la mayoría de la prensa política. No puede ser inocente que un catedrático universitario haya encendido ayer a Twitter llamando a Pedro Sánchez “cursi” y poniéndole al nivel de “la niña de Rajoy”, por ejemplo, ni puede ser inocente la debacle intelectual que se ha producido en la prensa de este país. Semejante exhibición de incompetencia tiene que ser intencionada.

No hace falta devanarse los sesos para concebir lo que ha venido a llamarse teorías conspiranoicas. Todo apunta al poder del Dinero, del Dinero con mayúscula, ese Dinero que lo está decidiendo todo en el mundo, desde quién tiene que morir de hambre, hasta quién tiene que decir lo que le manda el Dinero si quiere conservar el sueldo. Es así de sencillo, tanto que miles de semianónimos lo repiten cada día en las redes. No hay que tener conocimientos especiales ni ser un lince para darse cuenta de que el Dinero pretende regir cada detalle de nuestras vidas y de que los asalariados del Dinero intentan manipularnos para que entreguemos al Dinero, voluntariamente, nuestra vida, nuestra libertad.

Con su aparente equidistancia, la mayoría de la prensa política intenta convencer a los ciudadanos para que no voten. La mejor propaganda a favor de la abstención es repetir constantemente o dar a entender, en todos los medios, que todos los políticos son iguales. Pero la manipulación no se queda en restar votos. Todos los medios ofrecen tiempo, cámaras, alcachofas y espacio en diarios a cualquier político capaz de ganar audiencias por su habilidad para provocar emociones.

El político que en sus discursos apela a las emociones de los ciudadanos en lugar de hacerles reflexionar con argumentos racionales recibe hoy el nombre de populista, sinónimo, en este sentido, de demagogo. Si a alguien se le ocurre buscar qué es populismo para entender bien el término, encontrará una enorme confusión según diferentes autores y hasta algunos que negarán que eso exista. La confusión procede de que populistas los hay de derechas y de izquierdas y, como no se les puede catalogar según su ideología, resulta más fácil negar la validez del término que ponerse a descubrir sus misterios. Los misterios del populismo y los populistas no son objeto de la política sino de la psicología.

¿Qué conclusión política racional puede extraerse del célebre discurso en el que Casado casi agotó todos los insultos del español para ensuciar la imagen de Pedro Sánchez? Como ante semejante lista de infamias casi todos los que la oyeron se quedaron profundamente impactados, es decir, ojipláticos y patitiesos, el discurso se estuvo repitiendo en los medios durante varios días. Este hecho objetivo demuestra indiscutiblemente que el populismo de los políticos sin escrúpulos y el amarillismo de la prensa dependiente del Dinero forman una estrecha coalición para impedir en España un gobierno estable de orientación socialdemócrata. ¿Qué conclusión política racional puede extraerse de los discursos en los que Albert Rivera repite obsesivamente que hay que suspender la autonomía catalana aplicando el artículo 155 de la Constitución? A la mayoría de los españoles les importa un carajo lo que digan fanáticos independentistas como Puigdemont y Torra, pero Rivera sigue machacando con el mismo asunto por si cuela que él es el único que puede garantizar la unidad de España. ¿Y Pablo Iglesias? Para explicar el populismo de Pablo Iglesias haría falta un libro escrito o supervisado por un psicólogo. En Pablo Iglesias todo es populista; su pelo, su mirada, su forma de caminar, su voz, sobre todo, su voz. Hoy unos humoristas pusieron en la radio extractos de su última entrevista acompañando su profunda voz con lacrimógenos boleros mientras se quejaba amargamente de lo que le había hecho Pedro Sánchez. Eso es populismo.

Queridos compatriotas y consufridores de este malhadado país, o espabilamos el 10 de noviembre para volver a la seriedad y a la decencia o caemos en manos de amarillistas y populistas, es decir, en manos de quienes tienen pánico de perder sus sueldos y de los que tienen pánico de que llegue al poder un gobierno que suba los impuestos a los de la élite del Dinero obligándoles a humanizarse, tanto si quieren como si no.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    4382 | Carmen Fernandez López - 24/09/2019 @ 03:37:36 (GMT)
    Que gusto leer a una persona honesta, después de tanta prensa amarilla, periódicos y periodistas partidistas. Gracias @MariaMir_Rocafort por hacer "PERIODIGNO " Excelente artículo!

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