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La violencia machista es un problema de Estado
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La violencia machista es un problema de Estado

viernes 06 de septiembre de 2019, 09:59h
Este pasado mes de julio ha habido más mujeres asesinadas por sus parejas que en el mismo mes de años anteriores. 41 mujeres han sido asesinadas en estos meses de 2019. De ellas, solo 8 habían denunciado a sus maltratadores. 27 convivían con ellos. Ocho mujeres asesinadas en un solo mes, julio, es una cifra que supera casi todas las medias mensuales anteriores...

Esto es verdad y además desconocemos otro dato muy importante, que es el número de mujeres que han sido gravemente heridas; no sabemos si ha aumentado o disminuido respecto a otros meses de julio u otros meses anteriores, sencillamente porque no tenemos estadística y sería importante conocerla.

Gran parte de los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas han tenido lugar durante o tras el proceso de ruptura. Ese es el momento de máximo riesgo, pues es la respuesta cobarde y cruel del hombre violento ante la decisión de independencia de la mujer; el maltratador no puede soportar que su inferior, su subordinada, le abandone. Y con una frecuencia insoportable, resuelve su contradicción matándola. Demasiadas mujeres han pagado con su vida su aspiración de tener una vida libre de violencia.

Preparémonos para este mes de septiembre; suele ser un mes con una estadística negra en violencia de género; el mes de septiembre del año 2018 fueron 10 las mujeres asesinadas por sus parejas. Es un mes de toma de decisión de ruptura de pareja tras el periodo vacacional.

Pero, no se debe perder la visión de conjunto que, en mi modesta opinión, no es pesimista. Analizando las estadísticas del Observatorio de Violencia de Género, se constata cómo, desde que tenemos cuantificados los asesinatos por violencia de género, las cifras anuales, salvo el año 2008, que fue el peor, han ido disminuyendo poco a poco y manteniéndose sin aumentar durante los últimos años.

Esto no es satisfactorio, obviamente, pero sí quiero analizar el problema con objetividad. Queremos una sociedad de personas libres, con los mismos derechos y obligaciones y queremos erradicar de nuestra sociedad la violencia que se ejerce por los hombres sobre las mujeres, por el solo hecho de serlo. Soy consciente de que la lucha para conseguirlo es muy larga y nada fácil, pues la desigualdad, fundamento de la violencia de género, está perfectamente instalada en nuestra sociedad y en nuestra ideología, nuestra manera de entender la vida en su más amplio sentido. Se trata, por tanto, de ver cómo mejorar los instrumentos para combatir la violencia de género y hacerlos más eficaces, para que ese camino sea más corto. Me gustaría que mis hijas, aunque yo no lo vea, se desenvuelvan en una sociedad de personas iguales. Por lo tanto, no soy pesimista y tengo fundamento para no serlo, porque he promovido y conocido muchos avances.

Se vienen desplegando desde hace años muchos y diferentes medios para luchar contra la violencia machista y es necesario desarrollar muchos más y coordinar los existentes para conseguir la máxima eficacia posible; coordinación que debe hacerse, a mi entender, desde las Unidades de Coordinación sobre la Violencia contra la Mujer, ubicadas en las Delegaciones y Subdelegaciones del Gobierno, actualmente infradotadas, pero con grandes posibilidades, pues están en el centro de todas las administraciones y tienen posibilidades de conocer muy bien el territorio.

Uno de los indicadores que utilizamos para medir la eficacia de algunas de las medidas existentes, es el número de denuncias por violencia de género que se interponen, en el entendimiento de que la presentación de una denuncia es una manifestación de confianza de las mujeres en el sistema judicial para librarse de una relación violenta.

Pues bien. Aun cuando el sistema judicial adolece de graves carencias y por esa razón el Pacto de Estado contra la Violencia de Género contiene no pocas medidas destinadas a corregirlas, lo cierto es que, desde el año 2013 las denuncias no han hecho nada más que aumentar cada año, llegando los dos últimos años, 2017 y 2018, a casi 167.000 denuncias cada año en toda España. Esto quiere decir que ese número de mujeres dio el primer paso; lo que no significa que posteriormente no ratificara su denuncia o que la misma no prosperara.

Quiero poner en valor este dato porque en este periodo de tiempo, 2017, 2018 y el año que trascurre, la extrema derecha ha centrado en gran parte su política en la desacreditación de las mujeres que sufren violencia de género, acusándolas de presentar denuncias falsas y convirtiéndolas en sospechosas, y, a pesar de ello, las mujeres ponen sus denuncias. La extrema derecha y la derecha-derecha, donde gobiernan, han hecho desaparecer la violencia de género para convertirla en violencia intrafamiliar, restando la gravedad que tiene a esta lucha que nos ocupa desde hace muchos años para combatir un problema, el de la desigualdad entre mujeres y hombres, que tan difícil nos está resultando resolver. Esta artillería contra las mujeres, utilizada machaconamente por la extrema derecha, tiene como finalidad que éstas no se rebelen; pretende disuadirlas para que no presenten denuncias. Pero, a pesar de ello y a pesar de que el tránsito judicial de la denuncia es todavía muy difícil para las mujeres, ellas siguen esperando y confiando en el sistema para resolver su problema. Bien es cierto que la denuncia penal no es la única forma de librarse de la pareja violenta y por esa razón, afortunadamente, se han habilitado otros medios diferentes a la Orden de Protección para acceder a los recursos existentes para las mujeres víctimas de malos tratos.

Vivimos un momento de auge de la extrema derecha negacionista de la violencia de género y defensora de la subordinación de las mujeres a los hombres. En España esta extrema derecha ha obtenido peores resultados electorales que en otros países europeos. Y parece que van a la baja. Por tanto, pienso que esta situación no deja de ser un bache en una larguísima carrera, que es la que hay que cubrir para alcanzar la igualdad real entre mujeres y hombres.

Ahora que estamos a punto de comenzar un nuevo curso escolar, en la convicción de que es fundamental atacar las causas de la desigualdad entre mujeres y hombres, que están detrás de todo acto de violencia machista, creo que habría que centrar esfuerzos en la educación a todos los niveles, proporcionando una educación no sexista, entendida en el sentido más amplio: los juguetes, la ropa, los libros escolares, los cuentos, las películas, la publicidad… que se dispensa a los niños y las niñas. Es esencial transmitir seguridad a las niñas desde que nacen, por su familia y después por sus educadores. Seguridad es independencia. Y es garantía de que no serán fácilmente sometidas por nadie.

Me preocupa mucho qué formación recibe el profesorado, porque es la que va a transmitir a sus alumnos y alumnas. Mimar la educación es totalmente necesario, porque, cuando pensamos en cómo erradicar conductas violentas, inmediatamente recurrimos a la educación.

Otra cuestión que debemos trabajar para erradicar este problema es la sensibilidad social. España es un país con muy baja sensibilidad social hacia la violencia machista. Hemos avanzado mucho, es verdad, porque ya no se presume en el bar de haber pegado a la mujer. Pero, ni los vecinos, ni los amigos, ni la familia interviene generalmente cuando son conocedores de la existencia de violencia en una pareja. Este problema, que ocasiona alrededor de 70 mujeres y alrededor de 20 menores asesinados cada año por su pareja y por su padre, no forma parte de las preocupaciones de la mayoría de la población. Que haya mayor sensibilidad, es decir, que muchas personas sientan la necesidad de acabar con este problema, depende de las administraciones públicas, que, a través de sus medios de comunicación, deben convencer a la ciudadanía, como se hace frente a los accidentes de tráfico, de que hay que terminar con él. No hay un buen programa de prevención que no contemple unas buenas campañas publicitarias, imaginativas, que conmuevan las conciencias, para cambiarlas.

Sabemos qué hay que hacer y cómo tenemos que hacerlo. El periodo de gobierno del PP supuso un parón e incluso un retroceso en la lucha contra la violencia de género. Pero ya hemos recuperado y estoy convencida de que vamos a conseguir avances importantes.

El Gobierno socialista ha convertido en ley, en unos pocos meses, algunas medidas del Pacto, quizá las más importantes. Pero es necesario llevar a buen fin las 212 medidas acordadas. Porque está en juego la vida de muchas mujeres.

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