lahoradigital.com
Cayetana, Arrimadas, Vera, el arte de no escuchar... ¡y ofender!
Ampliar
(Foto: Europa Press)

Cayetana, Arrimadas, Vera, el arte de no escuchar... ¡y ofender!

sábado 31 de agosto de 2019, 00:01h

Las explicaciones de Carmen Calvo en el Congreso sobre la actuación del gobierno en el caso del Open Arms obtuvieron por respuesta críticas que, sin comentar prácticamente nada de cuanto dijo, llegaron hasta a la descalificación personal. No merecen este tipo de descalificaciones perder el tiempo discutiéndolas con argumentos, por supuesto; no son argumentos. Lo que sí merece estudiarse y argumentarse es la reacción de los políticos y de los analistas al discurso de la vicepresidenta.

Blog de Maria Mir-Rocafort para La Hora Digital

La reacción de los políticos es gravísima para la democracia, para España, para los españoles. Todos los partidos de la oposición exigieron la comparecencia de la vicepresidenta para que informase sobre el asunto de la emigración en España; asunto de vital importancia para nuestro país, para Europa, pero sobre todo para los seres humanos que se ven empujados a salvar la vida huyendo de la guerra, de la represión y de la miseria. Comparece la ministra, habla exhaustivamente del problema y detalla la actuación del gobierno cuando un barco con pabellón español se ve varado frente a la costa italiana sin poder desembarcar a los emigrantes que ha rescatado en el mar. Termina y empiezan las réplicas de los portavoces de la oposición. Primera, la del Partido Popular. No comentó, la diputada, nada interesante sobre el discurso de la ministra, pero su actuación merece párrafo aparte.

Tiesa, con la rigidez de ciertas patologías neurológicas; seria, con la seriedad de una aspirante a actriz ensayándose seria; sarcástica, como quien intenta despedir a un amante con las palabras más hirientes que se le ocurren, Cayetana Álvarez de Toledo se lució, como todos pronosticaban que se luciría, porque ya se había lucido con el mismo papel en entrevistas y debates. Con esa máscara de mala de culebrón, la portavoz del Partido Popular se atreve a decir que la vicepresidenta no ha dicho nada en su comparecencia y la acusa, encima, de insultar a la inteligencia de los españoles. ¿Dijo algo más que no fueran puyas, lanzadas desde su altura de no sé qué, contra un gobierno que en pocos meses ha trabajado por el país más de lo que la trágica trabajará en su vida? Lo que a mi personalmente me indignó, más que su exagerada actuación de understudy, fue que a la susodicha se le ocurriera que podía insultar mi inteligencia, la mía y la de todos los españoles, disfrazando de cultos sus disparates.

Confieso que todo en Cayetana me causa antipatía, la antipatía que me causaban las perfectitas marisabidillas que conquistaban a las monjas obteniendo trato preferente. En todos los colegios por los que me llevó el destino tuve la desgracia de toparme con especímenes así. El jueves, a base de voluntad, logré vencer la antipatía y la indignación que su pose y sus palabras me causaban y la aguanté hasta el final, como aguanté a las que vinieron después para poder, más tarde, comentarlas en un artículo. Por el mismo motivo estaba dispuesta a estropearme la cena oyendo noticias y tertulias, pero dos analistas políticos en dos emisoras diferentes me dieron el antídoto contra todos los males; la risa. Dos analistas políticos, dos, en dos emisoras diferentes, sentenciaron que Cayetana Álvarez de Toledo había estado brillante. Me quedé atónita unos segundos, imaginé la cara de los analistas al decirlo y de repente me salió una carcajada. Nadie puede exponerse a decir semejante burrada en público sin que se le ponga cara de cretino. Nadie debería exponerse a que le tomen por cretino sabiendo que la señora con su discurso ya estaría en Youtube. ¿O es que a esos analistas no se les ocurrió que cualquier curioso podría buscar un vídeo del discurso para comprobar su brillantez? De eso me ocuparé más adelante.

Punto y aparte merecen Arrimadas de Ciudadanos y Vera de Unidas podemos. No porque hayan dicho cosas más interesantes que comentar, sino por no alargar demasiado el párrafo anterior. Ninguna de las dos entendió o escuchó nada de lo que dijo la vicepresidenta. Llevaban un discurso redactado antes de hablara Carmen Calvo y a soltarlo de carrerilla se limitaron con estilos bastante similares. Arrimadas sube la voz y suelta las palabras como una traca, casi sin respirar. Su tono comunica inequívocamente un mensaje de seguridad en sí misma: “¿Quién me va a discutir a mi, diga lo que diga, con lo bien que hablo?” Vera parecía haberse tomado una de esas bebidas energéticas que a algunos pone a mil por hora. La velocidad de su discurso produjo un gran efecto, al menos en mis seguidores de Twitter. Algunos empezaron quejándose de que su estado de nervios les estaba poniendo nerviosos y otros dijeron haber tenido que apagar el televisor porque les estaba poniendo histéricos. Yo tampoco pude seguirla con atención hasta el final. Entre los comentarios de Twitter y los presenciales de mi hijo, me partía de risa. De todos modos, por lo que escuché, las tres portavoces seguían la misma línea: críticas falaces contra Carmen Calvo y descalificaciones insultantes.

Estas tres intervenciones y los comentarios posteriores de los analistas políticos hacen un daño a nuestro país que ni los desahogos ni las risas pueden evitar ni reparar. Eso tiene fácil explicación. Si los portavoces de los partidos en el Congreso exhiben descaradamente su incapacidad de escuchar y debatir asuntos que conciernen a la vida de los ciudadanos, la conclusión de los ciudadanos es que los políticos no están capacitados para gobernarnos. De lo que se deduce, aún inconscientemente, que nuestra democracia es un sistema que no funciona bien. A esa conclusión contribuyen los analistas políticos con su pretendida equidistancia. Entonces, ¿nuestro sistema no tiene salvación? Probablemente sí, más de lo que pueden imaginar muchos que creen saberlo todo.

Los analistas políticos de nuestro país ya no tienen la influencia que tenían. La tecnología les ha quitado la última palabra. Hace apenas unos años, el analista pontificaba en el diario, o en el programa de radio o televisión, o en los tres medios, y volvía tan ufano a sus asuntos sin dudar sobre la repercusión de sus opiniones. Sabía que ningún analista individual tenía poder suficiente para modificar decisiones del gobierno o para influir en los votantes hasta el punto de determinar su elección, pero sabía también que tenía el poder del grupo, la capacidad del grupo de analistas de sugestionar al público machacando con mensajes similares.

¿Por qué lo pongo en pretérito? Porque la aparición de las redes les ha quitado ese poder. Hoy no le hace falta a un tuitero, por ejemplo, pertenecer al endogámico mundo de los medios para gozar de voz pública. Le basta opinar sobre lo que sea en pocas palabras, para que su opinión vuele por el éter recogiendo, en muchos casos, más retuits y megustas que lectores y oyentes pueda tener un analista del montón.

El problema más grave de los analistas políticos de nuestro país es que no se han enterado. Siguen pontificando como si el oyente que les escucha en una tertulia, por ejemplo, no les pudiera discutir lo que han dicho; como si los oyentes aún fueran receptores pasivos de los mensajes que cada tertuliano, por sus propios motivos, les pretende inocular. Lo mismo vale para los analistas en prensa escrita. Todos siguen creyéndose creadores de opinión cuando los que verdaderamente acaban creando opinión hoy en día son los que opinan en Twitter, en Facebook, en Youtube, en un blog; opinan hasta de lo que han dicho o escrito los opinantes con título de analistas. Los títulos universitarios o los currículos importantes condicionan la atención del oyente o lector cuando se trata, por ejemplo, de consejos sobre dietas o sobre los derechos de los consumidores. Tratándose de política, al oyente o al lector le tienen sin cuidado los títulos y los currículos. Sabe que la política es lo que determina la calidad de su vida y a nadie reconoce el derecho a opinar sobre lo que más le conviene con más autoridad que la suya, por títulos y currículos impresionantes que tenga el que se arroga el derecho a opinar. Hoy el tuitero, el feisbuquero, el youtuber sabe que con estudios o sin ellos, desde su anonimato, que ya no es tal, tiene un poder superior al que ejercen los analistas porque puede llegar a muchos más seguidores que los oyentes y lectores con los que cualquier analista de medios convencionales puede contar.

Ayer, mientras la vicepresidenta del gobierno daba todas las explicaciones que le habían pedido los partidos de la oposición, miles de ciudadanos ya no tan anónimos la escuchaban y compartían sus opiniones con sus compañeros de red. Cuando las tres portavoces subieron a la tribuna a soltar sus monólogos, miles de ciudadanos se dieron perfecta cuenta de que mentían con toda la intención de desprestigiar al gobierno. Cuando los analistas comentaban lo bien que habían estado las tres portavoces sin mencionar siquiera a los de los partidos minoritarios que habían escuchado y entendido el discurso de Carmen Calvo, muchos ciudadanos manifestaron en las redes su indignación por esos comentarios o, simplemente, los ignoraron.

Nuestra democracia está en peligro, sí, porque son muy poderosos los que la acechan. Pero hoy, gracias a la tecnología, no son los únicos que tienen poder. Utilizando las redes, la militancia del PSOE consiguió compartir opiniones y restituir a Pedro Sánchez en la secretaría general del partido. Utilizando las redes, millones de ciudadanos fueron compartiendo opiniones que estimulaban a la reflexión y Pedro Sánchez y el PSOE ganaron las elecciones generales. Que nadie subestime el poder de los opinantes en redes, ya no tan anónimos. Es ese poder el que hoy puede defender o hundir la democracia. Esos opinantes lo sabemos y no nos vamos a olvidar si nos obligan a votar otra vez.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

Foro asociado a esta noticia:

  • Cayetana, Arrimadas, Vera, el arte de no escuchar... ¡y ofender!

    Últimos comentarios de los lectores (2)

    4182 | Angeles - 01/09/2019 @ 04:33:53 (GMT)
    Soy una twitera, solo decir que más falta os hace que vuestros afiliados os exijan ser socialistas.... poca autocritica en una actuación con la inmigración de vergüenza.
    4175 | Gabi - 31/08/2019 @ 14:40:35 (GMT)
    Dos artículos parecidos el de Maria y el de Iñaki. Echo en falta una visión contraria, pero veo que todos aquí somos de la misma cuerda. Luego nos quejamos cuando las cosas no salen según lo previsto o los nuestros meten la pata y no estuvimos ahí para recordárselo.

  • Normas de uso

    Esta es la opinión de los internautas, no de La Hora Digital

    No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

    La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

    Tu dirección de email no será publicada.

    Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.