lahoradigital.com
La era de la indecencia
Ampliar

La era de la indecencia

miércoles 14 de agosto de 2019, 23:10h

La Asamblea de Madrid escuchó ayer el discurso de investidura de Isabel Díaz Ayuso, candidata a presidir la Comunidad durante una legislatura. ¿Hay alguna institución en algún país democrático, digamos que en Europa, que se atreva a proponer como máximo dirigente de esa institución a una persona sospechosa de irregularidades y posible corrupción, caigan o no en la categoría de delitos, hayan prescrito o no?

  1. Blog de Maria Mir-Rocafort para lahoradigital

Se ampara su partido en la presunción de inocencia. ¿Hay alguna institución en algún país democrático, digamos que en Europa, que se atreva a proponer como máximo dirigente de esa institución a una persona que empezará a gobernar pendiente de que se confirme su inocencia o su culpabilidad? Son preguntas retóricas, porque imponer un gobernante cuya honestidad está en tela de juicio es una evidente falta de respeto a todos y cada uno de los ciudadanos que caen bajo el gobierno de tal persona; porque imponer un gobernante cuya honestidad está en tela de juicio es, sin duda alguna, indecente. Y hoy por hoy, en ningún país democrático se exhibe tal indecencia con el descaro con que se ventila en España.

Es indecente recurrir a falacias y retorcer el lenguaje para disfrazar la violencia de género por complacer a la extrema derecha, empeñada ésta en defender a los machos de la especie, sabiendo que de la defensa de los machos se encarga la mayor concentración de testosterona que multiplica su fuerza y les permite dominar a la mujer a lo bestia. Es indecente comprometerse a rebajar impuestos sin mencionar los servicios sociales que se eliminarán por falta de recursos. Es indecente abanderarse con la libertad cuando lo que se pretende es defender la libertad del más fuerte para someter al más débil. Es indecente prometer transparencia y honestidad en el gobierno pasando por alto un cuarto de siglo de corrupción en gobiernos del mismo partido, sin proponer medidas que eviten que la opacidad y la corrupción sigan rampantes con un gobierno del mismo partido que las instituyó. Un discurso de investidura montado con falacias y mentiras es indecente, luego el discurso de la candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid fue, sin duda alguna, indecente por más que la mayoría de los seres pensantes de este país lo piensen, pero no se atrevan a decirlo.

Hace relativamente poco, el universo patrio se escandalizó cuando Pedro Sánchez llamó indecente a Mariano Rajoy, entonces presidente del gobierno. Define la RAE a la indecencia como dicho o hecho vituperable o vergonzoso. ¿No es vituperable o vergonzosa la falta de credibilidad de Rajoy apreciada por los jueces que le interrogaron en causa por todos conocida? ¿No es vituperable o vergonzosa su falta de control del partido que presidía, descontrol que permitió una corrupción sistémica en ese partido y en varias instituciones por él gobernadas? Sin duda, pero decidieron algunos modosos y mentecatos que lo vituperable y vergonzoso no era la conducta de Rajoy; que lo vituperable y vergonzoso era calificar a Rajoy con el calificativo que su conducta merecía. Llamar a un político indecente por la indecencia de su trayectoria puede ser objetivamente indiscutible, pero no se puede decir en virtud del nuevo concepto de corrección política que decretó la presión social, convencida por la élite del poder para que presionara.

La degeneración del lenguaje ha conseguido que se llame políticamente correcto, no al acto de un político que actúe con corrección, sino a una serie de eufemismos que disfrazan la realidad rozando muchas veces la mentira. Algunos de esos eufemismos pretendían modificar conceptos y actitudes injustos con la intención de evitar la discriminación contra algunos colectivos. Nada que objetar. Pero el recurso pronto se utilizó para evitar que se llamara a las cosas por su nombre para confundir el juicio moral y evitar sentencias desfavorables contra los de la élite del poder. Durante un tiempo, esa mal llamada corrección política circunscrita al lenguaje consiguió despistar a la mayoría; consiguió cubrir con una fachada decorativa la gusanera de indecencia que bullía bajo la superficie. Recuerdo una discusión que tuve al respecto con una amiga hace algunos años. Sostenía ella que, puesto que el mundo estaba y estaría siempre lleno de mierda, convenía al menos taparla para hacer la existencia más soportable. Sostenía yo que tapar en vez de intentar limpieza a fondo perpetuaba la mierda cubierta por la hipocresía.

Tanta mierda se cubrió que reventó la cloaca. Un buen día los líderes del mundo decidieron romper la fachada ignorando toda corrección, política o de cualquier otra índole. Orban, el húngaro, empezó a escandalizar a la Unión Europea con sus discursos racistas y xenófobos. Trump escandaliza al mundo entero soltando por la boca barbaridades que atentan contra los valores humanos más elementales. Salvini y Bolsonaro le imitan. Todos juntos formarían una especie de simios monstruosos, seres de apariencia humana y sistema emocional regido por instintos y sin ningún criterio moral, como el de los animales. Su ejemplo cunde. Lo que se llama ultraderecha por corrección política, tratándose de individuos en retroceso hacia una inmoralidad salvaje, se ha extendido por Europa, por no irnos más lejos. Parecía que España se libraba de la horda monstruosa, pero pudo más el paletismo ancestral de los españoles que desde siempre les ha hecho admirar lo extranjero por encima de lo propio. Ahora también España puede presumir de su propia ultraderecha y de haber sentado a sus representantes en su Parlamento. Esa ultraderecha tiene una virtud; no falsea, no decora, no miente. Apelando a los más bajos instintos de los moralmente más bajos, les insta a derruir todos los diques para manifestar su indecencia con toda libertad. Miente la derecha con el falso apellido de moderada. Hoy por hoy, atribuir moderación a cualquiera de las tres derechas es, en Román paladino, una mentira indecente. Tanto el Partido Popular como Ciudadanos dependen de los votos de la derecha más inmoderada; gracias a esa inmoderada derecha han conseguido todas las cotas de poder que han conseguido; de esa inmoderada derecha dependerán durante toda la legislatura para conservarlas. ¿Gobernará la moderación en Andalucía, Murcia, Castilla y León y la Comunidad de Madrid? Quien diga que sí padece de ingenuidad grave o miente.

Ayer, la candidata a presidir la Comunidad de Madrid escogió tapar la mierda con falacias y mentiras. Tal vez hoy le dé la réplica su socia de la ultraderecha chapoteando sin vergüenza en el lodazal de la cloaca desbordada. Quienes las escuchen podrán elegir qué estilo les gusta más. Porque es cuestión de estilo. El fondo es el mismo. Grandes potencias mundiales iniciaron la era de la indecencia y España no se puede quedar atrás.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de La Hora Digital

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.