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La maternidad de Bowlby
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La maternidad de Bowlby

sábado 10 de agosto de 2019, 13:26h
Hemos escuchado muchas veces decir lo de “madre no hay más que una”.

Es como un adagio en el que se basan profundas creencias religiosas, incluso algunas leyes del Derecho Romano. Pero en la sociedad en la quevivimos, con avanzadas técnicas de reproducción asistida, ha quedado totalmente obsoleto. Incluso habíamos observado que en algunas sociedades no tan desarrolladas , se mantenían las ideas sociales sobre la función colectiva: la educación de la infancia depende de toda la tribu.

Y nos parecía muy loable lo de la tribu. En parte, porque no hace mucho tiempo que vivíamos en una España rural y con barrios populares, donde se jugaba en la calle y la vecina o el paisano te reprendía si hacías alguna chiquillada sin que tus padres se alteraran por ello.

Hoy la colectividad ha dado paso a la individualidad, con todos sus defectos y virtudes. Con todos sus derechos y obligaciones. Y sobre todo con los avances y derechos de las mujeres como seres individuales, con vida propia, y también ajenas a ese colectivismo basado en la anulación de ellas como personas. Hoy las mujeres tienen y ejercen sus derechos con nombres propios.

Las mujeres pueden decidir si quieren o no ser madres a través de su biología sexual y reproductiva, independientemente del sistema de fecundación o sin fecundación a través de un sistema de adopción. Pero en cualquiera de los casos la madre va a tener que aceptar, respetar, dar seguridad y amor a esa criatura porque es independiente de su madre y el niño o la niña porta derechos propios como ser humano.

Hoy las mujeres que son madres y ejercen sus trabajos profesionales saben muy bien lo que significan los servicios colectivos: guarderías y escuelas infantiles, por ejemplo. Todas las fórmulas son válidas y validadas por la experiencia; abuelas cuidadoras, hermanas, madres por horas etc.

La educación familiar, la informal de la sociedad y la formal de la escuela se transforma así en un valor único e intransferible para la criatura y su crecimiento personal.

Y entonces, a qué viene resaltar en estos días, a través de una determinada prensa, las teorías del apego del psicoanalista John Bowlby (Reino Unido 1907-1990) donde la impronta maternal de la recién parida con la cría (¿y si no tenemos mujeres paridas?) así como su cercana dedicación materna era clave para conformar la personalidad y el comportamiento futuro. Y otras tantas “teorías” anunciadas por este investigador a fin de prevenir la delincuencia en la adolescencia de esos infantes no atendidos por sus madres en sus primeros años.

¿Son acaso los vientos sociales del ensalzamiento de la pureza de la maternidad?

Yo pude observar, algunas de estas láminas y dibujos en la extinta Sección Femenina de la Falange, lo que significaba ser una buena o una mala madre, en mis primeras investigaciones sobre las influencias psicobiológicas de las guarderías infantiles para la facultad de Medicina de la Complutense. Hoy podemos disfrutar del cambio real de guarderías a verdaderas escuelas infantiles.

Hoy sabemos más que nunca que la “tribu” social puede educar.

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