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El voto de los estúpidos

El voto de los estúpidos

domingo 04 de agosto de 2019, 16:44h
Madrid ya tiene gobierno. En el Ayuntamiento vuelve a gobernar el partido que condenó a miles a la mudanza o al desahucio al vender vivienda social a fondos buitre, y no fue ese el único ejemplo de infrahumanidad de los gobiernos municipales del PP.

En la Comunidad volverá a gobernar el partido que durante veinticinco años perpetró delitos de corrupción de forma sistémica al amparo de una justicia lenta y laxa. Apoyado esta vez por un grupo que defiende valores infrahumanos, constituido en partido político por la laxitud de unas leyes que aún contemporizan con el franquismo, cabe esperar que en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, el Partido Popular siga gobernando sin respetar las directrices de la ética y sin un criterio orientado por valores humanos; esta vez con mayor convicción y tesón por exigencia de sus socios de Vox. En medio de los dos, Ciudadanos consigue colarse gracias a su desorientación y a su falta de escrúpulos para reptar hasta el poder allá donde le dejen.

Madrid, por ser la capital, es hoy la muestra más espectacular de la degeneración de una sociedad que antes de la crisis evolucionaba en convivencia y valores. Hay otras: Andalucía, Murcia, Castilla y León. Un análisis de estos fenómenos nos lleva a deducir que el Dinero está pudriendo, no solo a los españoles ni solo a los europeos. El Dinero, apertrechado en la doctrina de un liberalismo selectivo -libertad para hacer dinero como sea y a costa de quien sea-, está pudriendo la humanidad. La pudre, por un lado, exacerbando la ambición de los que lo tienen y, por el otro, aterrorizando a los que tienen poco y aplastando a los que no tienen nada. Unos y otros sufren el proceso de deshumanización que, al extenderse como una epidemia, está deshumanizando a la sociedad.

Así se explica que un ciudadano que nada tiene que ver con la élite de los adinerados vote a los partidos que defienden los privilegios de esa élite en detrimento de los que no pertenecen a ese club exclusivo. ¿Por qué vota en contra de sus propios intereses? Seguramente, por la misma razón que un medio pobre o un pobre de solemnidad se identifica con Tita Cervera viendo su mansión en la tele. Hace años me tocó vivir en un país con una mayoría mestiza. Me sorprendió un fenómeno que no lograba explicarme. Personas de dinero con color y rasgos mulatos manifestaban sin ambages un racismo contra los de su propia raza que ni los racistas blancos se atrevían a manifestar tan descaradamente. No hace tanto, una mujer evidentísimamente mulata se puso a criticar que en televisión salieran negros con papeles relevantes. No pude contenerme y le pregunté si ella era caucásica. La pobre, ni siquiera era rica. Conocí a una familia de emigrantes de primera generación que estaban perfectamente integrados y habían conseguido la ciudadanía española. No desaprovechaban oportunidad de manifestar su indignación contra los emigrantes que llegaban a España y utilizaban servicios sociales que no se les deberían proporcionar. Para quedarse atónito. ¿Cómo es posible que una persona se imponga vivir en contradicción con lo que es rechazando a los que tienen sus mismas características, rechazando a los que carecen de lo que ella misma carece, aborreciéndose a sí misma? Solo es posible utilizando el recurso del autoengaño para negar la realidad. Y a ese autoengaño, a esa negación ayudan los efectos hipnóticos de la publicidad y de la propaganda política diseñadas para dirigir la voluntad de los que son intelectualmente más débiles.

Nadie puede dudar del derecho de cualquiera a engañarse tanto como se lo permita su imaginación y su antojo. Lo grave del asunto para todos los demás es que esas personas que ignoran la realidad a su capricho tienen el mismo poder que cualquier otro ciudadano para elegir a los gobernantes de un país, para elegir a quienes tienen el poder de transformar la sociedad con su orientación moral y la vida de cada persona con sus decisiones políticas. Los votos de los resentidos que alivian su resentimiento y su fracaso repudiando a los que considera inferiores contribuyen necesariamente a la degeneración de la sociedad, a dividir la sociedad en tribus hostiles que abominan del vecino, que en la solidaridad ven una amenaza y en la humanidad un “buenismo” despreciable. Las manifestaciones del resentimiento son siempre señal de estupidez. Los votos de los que, también por pura estupidez, deciden creerse las mentiras más flagrantes que les echa la propaganda de los políticos sin escrúpulos contribuyen a lo mismo, es decir, a jorobarnos a todos. El mayor peligro que hoy se cierne sobre todos los países democráticos es que el voto estúpido se vuelva mayoría e imponga gobiernos decididos a despojar al individuo de su humanidad y a la sociedad de los valores humanos que nos permiten evolucionar; como en lo Estados Unidos, en Brasil, en Italia…

Son esos votos estúpidos los que han dado el poder en Madrid y otras autonomías y ayuntamientos a quienes se proclaman defensores de la libertad. ¿De la libertad de quién y para qué? Por ejemplo, la fiscal anticorrupción pide que se impute a Esperanza Aguirre por la financiación ilegal del PP de Madrid. Aguirre se ha declarado siempre convencida liberal. La libertad para este tipo de gente consiste en rebelarse contra las imposiciones de la ley cuando la ley les impide enriquecerse o enriquecer a su partido. Albert Rivera, otro liberal confeso, se siente libre de apoyar con sus votos al PP de Madrid, por ejemplo, ensuciado por una larga lista de delitos de corrupción, para que no pierda el poder que durante veinticinco años le permitió corromperse. Vox exige que se respete la libertad de los padres para decidir el tipo de educación que quieren para sus hijos. Esa libertad les dará derecho a decidir que sus hijos no reciban formación cívica fundada en el respeto a la libertad de cada cual de orientar su vida como le parezca. Esa libertad les permitirá impedir que sus hijos aprendan a respetar la libertad de los demás como la suya propia. Los votos estúpidos han dado el poder en ayuntamientos, autonomías y en la capital de España a los tres partidos que entienden que la libertad es de ellos y que su libertad les da derecho a negar la libertad a los demás. Solo un estúpido entregaría su libertad a otros para que le digan lo que puede y no puede hacer con ella.

Cualquier politólogo, analista, opinante al uso rechazaría cuanto dice este artículo con una sentencia lapidaria. Todos esos gobiernos de las llamadas tres derechas son legítimos, dirían. Claro que son legítimos. Los amparan millones de votos estúpidos, siendo el voto estúpido el mayor peligro que amenaza a la democracia y a la vida misma de cada habitante de nuestro país. Solo hay otro peligro, otra amenaza equiparable: la abstención, la siempre estúpida abstención.

P.S. La palabra estúpido en este artículo responde a la definición de Carlo M. Cipolla en sus Leyes fundamentales de la estupidez humana

*Puedes leer más artículos de María Mir-Rocafort en su blog: https://mariamirrocafort.wordpress.com/

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  • El voto de los estúpidos

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    3998 | David Otero - 04/08/2019 @ 19:22:08 (GMT)
    Clarificador artículo de María Mir-Rocafort. Laocoonte, sacerdote de Apolo y troyano, se desgañitaba para impedir que el Caballo de Troya entrase en la ciudad, "Timeo danados et dona ferentes" (Desconfio de los griegos anunque traigan regalos) A Laocoonte y sus hijos los deboraron enormes serpientes; el caballo entró en Troya con el resultado que todos conocemos. El artículo de María Mir me ha hecho recordar este pequeño pasaje de la Eneida de Virgilio. Los troyanos se dejaron engañar, como buenos estúpidos, por el ardid de los griego. El mundo ha cambiado muy poco desde el siglo III a.d,C. Hoy la prensa vendida al capital, los tertulianos que saben de todo, los políticos sin escrúpulos son el Caballo de Troya que hemos consentido que entre en nuestras vidas. ¿Estúpidos? yo diría que si.

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