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Elegir un Gobierno como si fuera un equipo de Masterchef
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(Foto: Europa Press)

Elegir un Gobierno como si fuera un equipo de Masterchef

lunes 15 de julio de 2019, 20:23h

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha sorprendido este lunes a casi todos al dar por rotas las negociaciones con Unidas Podemos y hacer público que las exigencias de Pablo Iglesias para dar su apoyo a un futuro Ejecutivo son inasumibles para el PSOE.

Por eso ha hecho público que sus ‘socios preferentes’ han rechazado sistemáticamente todas sus ofertas para poder conformar un Gobierno progresista y de izquierdas. Esas proposiciones han sido cinco y todas ellas no han valido para convencer a Iglesias.

Se vetó un gobierno en minoría del PSOE con apoyo externo de Podemos, que era y sigue siendo la opción preferida de los socialistas. Después, tampoco se quiso un gobierno de cooperación con personas de UP en puestos intermedios de la administración. La tercera oferta incluía la posibilidad de proponer perfiles independientes para que el presidente los incluyera en su Ejecutivo y también se echó por tierra. Ante el atoramiento de la situación, el PSOE lanzó una cuarta oferta: empezar de cero y afrontar el diálogo desde otra perspectiva, centrándose primero en el programa de Gobierno y dejando para el final la conformación de los equipos. La ultima y quinta propuesta consistía en que el presidente nombrara ministros de Podemos que mostraran cierto grado de preparación y prestigio a lo que Iglesias calificó de idiotez.

Esta ha sido la gota que ha colmado el vaso y Pedro Sánchez ha roto la baraja. El secretario general de los socialistas ha dicho de forma rotunda que todas sus propuestas decayeron este pasado viernes por culpa del encasillamiento de Pablo Iglesias. Quizás lo que ha terminado de convencer al dirigente socialista ha sido comprobar que Iglesias solo dará un ‘sí’ si se hace lo que él quiere.

Todos sospechamos que el líder de Unidas Podemos estaba empeñado en entrar a formar parte del Consejo de Ministros, pero las palabras del presidente en funciones hacen entrever que lo que quiere el señor Iglesias va mucho más allá. Las ansias de poder del profesor universitario metido a político van mucho más allá. Alguien que vino a la política española a ‘asaltar los cielos’ no se conforma con ser titular del ministerio de Vivienda, quiere más, mucho más.

Pablo Iglesias quiere que el próximo Gobierno tenga dos presidentes y que el futuro Consejo de Ministros se elija como se conforman los equipos en el popular programa televisivo de Masterchef: tú eliges a un ministro y luego yo a otro.

Por eso, Pedro Sánchez ha reclamado su derecho como futuro presidente a elegir de manera libre y sin imposiciones a todo su equipo. Así lo hizo tras la moción de Censura. En un tiempo récord configuró un Ejecutivo en el que incluyó miembros de su partido, conocidos por su prestigio y no por su militancia socialista, como Teresa Ribera o José Guirao. Y se rodeó de independientes como Pedro Duque o Dolores Delgado, personas con un currículum intachable. El resultado, en palabras del propio Sánchez, fue muy positivo, como lo demuestra la acción de Gobierno del último año.

Sabe Sánchez que el equipo de ministros es la base del éxito o del fracaso de un Gobierno. No se trata ya de que le guarden fidelidad, que eso se sobreentiende, sino que el presidente del Gobierno de España debe tener en exclusiva la decisión de formar el gabinete que considere más adecuado para los intereses generales del país.

La elección de ministros se elevó a la categoría de ‘secreto de Estado’ cuando en 1996, José María Aznar guardaba con celo el nombre de sus elegidos en su famoso cuaderno azul. Así lo hizo también en el 2000 y cuando decidió quién debía ser su sucesor al frente del partido. Las semanas previas al anuncio oficial, todos hacían quinielas para saber qué nombres había en la enigmática libreta. Y todos consideraban normal que esta tarea era encomendada en exclusividad al que estaba llamado a presidir el Consejo de Ministros.

Con la llegada de Zapatero, se rompió ese ridículo secretismo y las filtraciones hicieron que los sucesivos gabinetes del socialista se conocieran por la prensa horas antes del anuncio oficial. Pero nadie dudaba que el presidente era el que tenía la única palabra a la hora de sentar a alguien en la mesa del Gobierno.

Mariano Rajoy, tanto en su época de mayoría absoluta como cuando estuvo en minoría, recupero las costumbres de Aznar y su secreto mejor guardado era el nombramiento de su equipo.

Nadie en cuarenta años de democracia ha dudado de que así es como funcionan las reglas del juego… hasta que ha llegado Pablo Iglesias y ha decidido que España necesita un gobierno de coalición y que ya no es una tarea exclusiva del Presidente elegir a sus ministros.

Pablo Iglesias quiere usurpar ese encargo democrático al candidato propuesto por el Rey para la conformación del Gobierno. Pero Pedro Sánchez ha dado un puñetazo en la mesa y ha dicho, con toda la razón del mundo, que por ahí no pasa.

El socialista, que cosechó una amplia victoria electoral el pasado 28 de abril, reclama su derecho a rodearse de los que él considera los mejores para poner en marcha un gobierno para España. Si no se le va a permitir esto, prefiere enfrentarse por segunda vez en poco más de tres años a una sesión de Investidura fallida… a no ser que la derecha recupere su desnortada posición y en un acto de responsabilidad institucional y de Estado permita que se forme el único Gobierno posible, el que encabece Pedro Sánchez. No hay alternativa posible. O eso o se obliga a los españoles y las españolas a votar nuevamente.

Dejemos pues a Pedro Sánchez que tenga su propio cuaderno azul y digamos a Pablo Iglesias que un Consejo de Ministros no es un libro de recetas en el que cada uno puede proponer el plato que más le convenga.

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