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Odio a tumba abierta
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(Foto: Europa Press)

Odio a tumba abierta

lunes 08 de julio de 2019, 13:35h

La última e hiperbólica columna que he publicado en “La Hora digital” fue mal interpretada por un grupo de lectores que en lugar de buscar el fondo de la hipérbole la descalificaron sin analizar. El tiempo no ha tardado en darme la razón. Pocos días después de pedir de forma hiperbólica que acusaran al equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid de crímenes contra la humanidad, un juez obliga al Ayuntamiento capitalino a suspender la moratoria de Madrid Central y a poner multas de nuevo para preservar la calidad del aire que respiramos los madrileños. Es una forma, menos hiperbólica claro, de decir que el alcalde Almeida atenta contra la salud de los madrileños. Es decir, que nos está matando y él y sus socios lo saben.

De igual forma hiperbólica pedía que los fiscales acusaran al equipo de Gobierno capitalino que forman PP, Cs y VOX, sí también VOX, de un delito de odio. Una semana después Cs, por boca de sus líderes Rivera y Arrimadas, piden la dimisión del ministro Marlaska por fomentar el odio contra ellos. ¿En qué se basan para hacer afirmación tan tajante y poco hiperbólica? Pues ni más ni menos en que el colectivo LGTBI les expulsó del desfile del Orgullo sin que nadie sepa a día de hoy que Marlaska haya tenido nada que ver. Salvo que ser homosexual le haga sospechoso. Extraña que los miembros de Cs todavía no se hayan enterado de que, desde su llegada al Palacio de Cibeles, Almeida y sus socios no han hecho mas que recortar la libertad de expresión del LGTBI, de negarles con argumentos baladíes los lugares para reunirse y de descalificar a sus miembros por el mero hecho de pertenecer al colectivo. En vez de reconocer el error de su ridícula y carnavalesca actuación en el desfile, de reflexionar y analizar por qué no quieren su compañía, Cs, por boca de Rivera y de su alter ego, Arrimadas, prefieren meter la cabeza debajo del ala y culpar a los demás de sus errores. No se dan cuenta de que el domingo recogieron lo que han sembrado. Una espléndida cosecha de odios

Pero si la última columna levantó humareda, mucho me temo que a esta le va a ocurrir lo mismo. ¿Ustedes se han preguntado por qué hay una resistencia tan feroz a la exhumación del cadáver del dictador por parte de su familia, de la Iglesia y de los grupos sociales nostálgicos del franquismo? He tratado de responder a esa pregunta y he buceado en la documentación histórica, nacional e internacional para encontrar antecedentes similares. Y en esa búsqueda he encontrado una joya. El libro “A tumba abierta” (Algaida Editores, 2018) escrito por Alfonso Domingo, periodista, novelista, cineasta y buscador incansable de los misterios que jalonan nuestra Historia. Plantea Domingo una hipótesis que comienza a circular, boca a boca, por los mentideros del país. El cuerpo del dictador ya no está bajo la marmórea losa de 1.500 kilos que sella la cripta del Valle de los Caídos.

Al igual que ocurriera con el cadáver del gran Charles Chaplin, cuyo cuerpo fue exhumado por dos mecánicos en paro y trasladado a otro lugar. Agobiados por la escasez de dinero pidieron un rescate a su viuda, que se negó a pagarlo. Finalmente, los dos mecánicos fueron detenidos y el cadáver de Chaplin, encontrado en un trigal y devuelto a su tumba original. La hipótesis de Alfonso Domingo es más sutil. Quienes se llevaron el cadáver fue un equipo de profesionales liderado por el acaudalado miembro de una familia franquista que se rebela tras conocer que era un niño robado a su madre apenas recién nacido y entregado a un preboste de la época. La venganza le mueve a “robar” el cadáver del gran dictador, a quien culpa de la corrupción que hizo posible el comercio con recién nacidos.

Siguiendo el hilo de la operación Chaplin, con otros protagonistas pero con el mismo objetivo, la ficción literaria encubre la verdadera identidad de otros protagonistas con la presunta connivencia de los servicios secretos franquistas, quienes habrían decidido llevar a otro lugar el cadáver de Franco para evitar que sus enemigos intentaran profanarlo, como ya ocurriera con los restos del Cid Campeador, exhumados por los franceses durante la Guerra de la Independencia y que ahora reposan en la catedral de Burgos.

Ante el hecho cierto de que nadie quiere levantar la losa de 1.500 kilos el pueblo habla y lanza las más insospechadas teorías. Como la que circula por algunos mentideros ultracatólicos en el sentido de que la cripta está vacía porque Franco ha resucitado, deseo expresado hace poco por el Nuncio saliente, Renzo Fratini, y cuyas palabras motivaron un conflicto diplomático entre el Gobierno español y el Vaticano. En fin, especulaciones hay muchas alimentadas por la aparente imposibilidad de levantar la losa de 1.500 kilos para realizar algo que es obligatorio por ley para el resto de los españoles. Hacer sitio en la tumba familiar a los muertos más recientes. Claro que estamos en verano y con estos calores no hay más remedio que tomarse a broma incluso los temas más serios. Sin duda esta es la clásica serpiente veraniega alimentada por los periódicos faltos de noticias, aunque este verano en España puede haber escasez de casi todo menos de noticias. Y leyendo el libro de Alfonso Domingo uno no puede menos que dar vueltas al inquietante epitafio con que finaliza la historia: “Que el verdugo tenga el mismo final que las víctimas”. Traduzco. Quien siembra odio recoge una espléndida cosecha de odios.

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