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20 de junio, día de las Personas Refugiadas
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20 de junio, día de las Personas Refugiadas

miércoles 19 de junio de 2019, 23:52h
Todos nos hemos preguntado alguna vez qué nos llevaríamos a una isla desierta. Un juego que es una dolorosa realidad para las miles de personas que cada día deben elegir lo que les acompañará en la decisión más dura de su vida, la de abandonar su hogar, su vida para emprender un viaje en busca de paz, libertad y seguridad para ellas y los suyos. Elegir lo imprescindible, pues han de viajar ligeros, es probablemente la decisión más importante antes de cerrar la puerta de casa sin saber si alguna vez podrán regresar.

Según el informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para las Personas Refugiadas (ACNUR) en 2018 en el mundo casi 71 millones de personas vivían desplazadas forzosamente de sus hogares por la guerra, el conflicto o la persecución. El 85% de estas personas son acogidas por países vecinos, la mayoría en países pobres.

Siria, tras 8 años de conflicto, sigue siendo el país del que proceden la mayor parte de las personas demandantes de asilo en el mundo seguido de otros países que también arrastran conflictos armados de larga duración, Afganistán, Sudán del Sur, Myanmar y Somalia. Estos cinco países concentran dos tercios de la población refugiada del mundo.

No obstante, tanto ACNUR como la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) alertan en sus informes de 2018 sobre la situación de las personas procedentes de Centroamérica y de países como Venezuela o Colombia. Estamos ante diferentes perfiles de demandantes de protección que, sin embargo, comparten la circunstancia común a todas las personas desplazadas forzosamente: la dificultad de ejercer sus derechos humanos, su derecho a la vida, su derecho a una vida en paz, libertad y seguridad.

Hablamos de

  • las personas defensoras de derechos humanos son uno de los colectivos cuyas demandas de protección aumenta cada año al registrarse un incremento de los atentados y asesinatos de las mismas;
  • las personas que huyen de la violencia de las maras en países centroamericanos en la mayor parte de las ocasiones formando parte de las caravanas de migrantes hacia México y Estados Unidos; y
  • las personas LGTBI cuyas vidas están en peligro bien porque las leyes de sus países penalizan su identidad u orientación sexual o por la ausencia de leyes y medios que garanticen sus derechos.

Dice el filósofo esloveno Žižek que “deberíamos cortar el vínculo entre refugiados y empatía humanitaria, y dejar de fundamentar nuestra ayuda en la compasión hacia su sufrimiento”.

La atención a las personas demandantes de protección no es caridad, ni solidaridad es una cuestión de derecho internacional que la comunidad internacional se ha comprometido a cumplir.

España inició en junio de 2018 un nuevo camino, el conocido como “espíritu del Aquarius”, acogiendo a más de 500 personas que habían sido rechazadas por todos los países del Mediterráneo. Desde entonces se han tomado medidas de discurso político en el ámbito nacional e internacional y otras en la gestión como la ampliación de las plazas en los dispositivos de acogida en los principales puntos de llegada o el incremento del número de empleados públicos en la Oficina de Asilo y Refugio entre otras medidas.

Pero un año no es suficiente para desbloquear la situación resultante de años de mirar hacia otro lado. No se llegó a aprobar el desarrollo reglamentario de la Ley de asilo de 2009 (que habría que adaptar a directivas europeas), estamos pendientes de la reforma del sistema común de asilo o de la directiva de retorno. Mucho por hacer en cuanto al fondo y la forma de la política de asilo y refugio en España y Europa.

No es posible dar respuestas nacionales a un fenómeno global como es el desplazamiento internacional de personas. Es urgente abordar los desplazamientos forzosos facilitando el mayor número de opciones legales y seguras para que quienes necesiten protección puedan demandarla sin añadir más riesgos a sus ya amenazadas vidas y hacerlo de manera colectiva en el seno de la Unión Europea y en el marco del Pacto Mundial sobre los refugiados.

En diciembre de 2018 la comunidad internacional firmó mayoritariamente el Pacto Mundial sobre los refugiados con excepciones como Estados Unidos. Un acuerdo no vinculante pero que sin duda es un gran avance en la defensa y garantía del derecho de asilo y protección consagrado en la Convención de Ginebra de 1951.

Las personas refugiadas huyen de problemas, no buscan problemas ni menos crearlos. Quienes hoy viven en campos de refugiados, esperan una resolución legal o están desplazándose tenían un empleo, una vivienda, familia, amistades, una vida truncada por el terror, la guerra o la persecución.

Nadie podemos asegurar que nunca nos vayamos a ver en su situación. Los españoles y las españolas lo sabemos bien.

En tanto que las amenazas que obligan a casi 71 millones de personas a vivir lejos de su hogar no sean removidas, los desplazamientos seguirán sucediéndose. Solo esto, no las vallas y los muros, detendrá a las personas de emprender el viaje más duro con una resistencia y una fortaleza que merecen no solo nuestra solidaridad, también nuestro reconocimiento.

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