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Estamos deshumanizados
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Estamos deshumanizados

sábado 15 de junio de 2019, 20:11h
El 1 de junio de 2018 los líderes del partido destronado por la moción de censura y del partido que le había sostenido hasta entonces lanzaron un ataque brutal contra el nuevo gobierno concentrando el fuego sobre su presidente. Se dice que Pedro Sánchez ha ocupado La Moncloa ilegalmente, afirmación que cuestiona la legalidad de la Constitución. El cuestionamiento es premeditado. Para los partidos de la derecha, Pedro Sánchez es solo el bastión a derribar; el verdadero objetivo a destruir es la democracia y el modo más seguro de empezar la demolición es atacando el fundamento que la sostiene.

¿Estamos conscientes del daño gravísimo que se ha hecho a la democracia en España desde el 1 de junio de 2018? La fecha es solo un punto de partida para orientarnos porque las amenazas y el daño real a la democracia empezaron hace muchos años con sus primeros pasos. Tomemos el 1 de junio del año pasado como referencia para entender lo que está pasando ahora mismo.

El 1 de junio de 2018 los líderes del partido destronado por la moción de censura y del partido que le había sostenido hasta entonces lanzaron un ataque brutal contra el nuevo gobierno concentrando el fuego sobre su presidente. Se dice que Pedro Sánchez ha ocupado La Moncloa ilegalmente, afirmación que cuestiona la legalidad de la Constitución. El cuestionamiento es premeditado. Para los partidos de la derecha, Pedro Sánchez es solo el bastión a derribar; el verdadero objetivo a destruir es la democracia y el modo más seguro de empezar la demolición es atacando el fundamento que la sostiene.

¿Pero qué es la democracia? Según los conocimientos de cada cual, unos dirán que es la libertad, otros que es el derecho a votar, otros se sabrán la definición más sencilla y dirán que es una forma de organización del estado en la cual las decisiones son adoptadas por los ciudadanos a través de quienes han elegido para representarles. En cualquier caso, democracia es un concepto abstracto, sin sangre, como por ejemplo, humanidad. Digo “niño” y mi mente puede dar forma, es decir carne y sangre al concepto; digo “hijo” y la representación mental puede provocar una respuesta de mis emociones. Pero, ¿qué acude a mi mente si digo “humanidad”? ¿Qué acude si digo “democracia”? Una representación intelectual, sin la carne, sin la sangre de la persona concreta que cada cual percibe y siente. La democracia representa otra abstracción: la ciudadanía. Sé que formo parte de la humanidad, de la ciudadanía de mi país, pero no me veo, no me siento en esos colectivos, no me distingo en ellos, no distingo a los miembros de mi familia, al amigo, al vecino. Si alguien me dice que están haciendo daño a la democracia mi mente tendrá que hacer un trayecto con algunas paradas hasta llegar a concluir que el daño me lo están haciendo a mí.

La mayoría no tiene ni conocimientos ni tiempo ni ganas de hacer ese recorrido filosófico. Lo que en la práctica significa que la mayoría ignora el peligro que amenaza a cada uno de los individuos que se engloban en el concepto “mayoría”, es decir, el peligro que se cierne sobre la familia, el amigo, el vecino; sobre cada uno de los ciudadanos concretos de este país, sobre cada persona singular, sobre uno mismo. Y eso es precisamente lo que quieren los que detentan el poder económico y político.

Hace mucho tiempo que los dueños de casi todo el dinero del mundo y los políticos que les sirven descubrieron el modo de monopolizar el poder, de quedarse hasta con el trozo de poder que, en una democracia, corresponde a los ciudadanos el día en que, cada tanto tiempo, les corresponde elegir a sus representantes. Poder supremo que en un solo día deposita en manos de cada ciudadano, de cada persona individual, el destino de toda la sociedad incluyendo a los dueños del dinero y a los políticos a su servicio. Ese día, los poderosos que en todo momento imponen su voluntad en el mundo entero sobre todo ser viviente se ven inermes, esperando en vilo que los ciudadanos decidan si entregarán su representación a los políticos que obedecen las órdenes de los poderosos que les garantizan su propio poder o si decidirán que les representen políticos dispuestos a trabajar por los ciudadanos. Esas horas de incertidumbre y miedo resultan intolerables a quien valora a un ser humano en función de su capacidad de obtener los medios que le permitan vivir haciendo su santa voluntad, defendiendo su poder y con él, sus privilegios. El peligro amenaza su propia existencia, su propia dignidad tal como él la concibe. ¿Cómo vencerlo? ¿Cómo arrebatar el poder al ciudadano sin caer abiertamente en una dictadura, régimen siempre inestable porque tarde o temprano llama a la rebelión? ¿Cómo destruir el fondo de la democracia dejando su apariencia intacta para evitar que los ciudadanos se rebelen? Fácil; despojando al individuo de la conciencia de su individualidad, disolviéndole en una masa dúctil, deshumanizándole. ¿Y eso cómo se logra?

Un genio alemán descubrió el poder de sugestión de la propaganda. A partir de la psicología de la persona corriente, concibió unos principios básicos para manipular su pensamiento y su conducta. Así, la propaganda nazi consiguió que millones renunciaran a su identidad, responsabilidad y poder de ciudadanos disolviéndose alegremente en una masa dúctil en manos de quienes detentaban el poder. Los avances tecnológicos en el campo de la comunicación han servido para potenciar los efectos de la propaganda. La propaganda y la tecnología han acelerado la deshumanización.

Las dos últimas campañas electorales y las consecuencias de las dos últimas elecciones ofrecen a quien quiera verlo pruebas incontrovertibles de la deshumanización de la mayoría, del grado de manipulación que afecta a la mayoría deshumanizada, del estado crítico en el que se encuentra la democracia tras sufrir décadas de malos tratos.

¿Queda alguien que no se haya dado cuenta de que los políticos de las tres derechas, al servicio del poder económico, basaron su propaganda en mentiras tan burdas que parecerían insultantes a la inteligencia de cualquier adolescente? ¿Cómo se atrevieron a mentir de una forma que asombraba por su cinismo? Dice lo que se ha venido a llamar el principio de vulgarización de Goebbels: Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar. Es decir, que para esa clase de políticos, el ciudadano no cuenta. Cuenta la masa, el modo de amasarla, el modo de darle la forma que a ellos convenga. Por eso sus programas ventilan sin complejos medidas antisociales, por eso se entregan a la corrupción y se la disculpan y se la perdonan. Convencidos de la limitación de nuestra capacidad receptiva y de nuestra facilidad para olvidar, los tres de la derecha se nos han presentado como regeneradores dispuestos a sacarnos del purgatorio en el que vivíamos gobernados por sus adversarios para convertir en paraísos los territorios que fueran gobernados por ellos.

Pareció que el ciudadano español había resistido; pareció que la dureza de su cráneo no había permitido que la propaganda lo agujereara para invadirle el cerebro con tanta facilidad. El partido socialista, dispuesto a subir los impuestos a los más ricos y a poner la política al servicio de los ciudadanos, ganó las elecciones generales y las autonómicas y las municipales y las europeas. Pareció que la mayoría no había sucumbido a campañas de mentiras y de insultos adaptadas al nivel de los individuos menos inteligentes. Pero fue un espejismo. En las últimas elecciones, al partido socialista le votó una minoría muy numerosa, pero la mayoría se dispersó votando por uno de los tres partidos antisociales de modo que la victoria correspondió a la suma de los tres.

El ciudadano, otra vez reducido a la condición de súbdito, ha tenido que asistir impotente a una exhibición de cambalache político entre los tres partidos antisociales descarada, inmoral. Ha sido una exhibición de supremo desprecio por los ciudadanos, una demostración sin tapujos de que, después de votar, el ciudadano no les merece ni el más mínimo respeto, ni un mínimo esfuerzo por disimular al menos su inmoralidad.

Pronto todos empezaremos a sufrir las consecuencias de que la mayoría permitiera la suma de los antisociales y de que el cambalache diera el poder a los tres, de un modo u otro, en una gran parte del país. Sigue viva la esperanza de que el partido socialista siga gobernando España, pero también puede truncarse con los votos negativos de las tres derechas y de otros partidos cegados por sus intereses territoriales. Todos sufriremos las consecuencias cuando la doctrina mentirosamente llamada liberal de los tres antisociales empiece a afectar a los que tienen menos y a los que tienen algo más que poco. Pero la más afectada será la democracia; el poder del ciudadano. Es muy probable que tras el espectáculo de política degenerada que hemos tenido que sufrir, lo único que gane adeptos sea la abstención. Y abstenerse significa dejar el poder en manos de quienes intentan deshumanizarnos para podernos esquilmar a gusto y sin problemas.

Si hay que pasar por nuevas elecciones y gana la abstención, es posible que gane la suma de los antisociales liberales y conservadores; conservadores del poder y de los privilegios de los poderosos, de los privilegiados de siempre. Es seguro que la democracia perderá un poco más.

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    Últimos comentarios de los lectores (6)

    3592 | Gloria - 17/06/2019 @ 00:15:40 (GMT)
    María que forma más clara de describir la situación y a la vez tan descarnada, como siempre formidable análisis.
    3591 | Ana - 16/06/2019 @ 22:59:57 (GMT)
    Una descripción muy acertada de lo que está ocurriendo. Muchas gracias. Comparto el artículo.
    3590 | María Mir-Rocafort - 16/06/2019 @ 20:34:00 (GMT)
    Muchísimas gracias por vuestros comentarios. Me animan a seguir
    3589 | Carmen - 16/06/2019 @ 17:52:55 (GMT)
    Brutal! Me encanta el planteamiento. Uno de los ma les principales es q muchos y muchas se creen el ombligo del mundo y q su problema está por encima de otros problemas mayores q afectan a diversos colectivos y millones de ciudadanos.
    3587 | Teresa Echeverria - 16/06/2019 @ 10:32:42 (GMT)
    Muy didáctico. Espero lo lean muchos que están verdaderamente necesitados. Gracias laboriosa y magnifica Maria
    3586 | Javier Marcos Angulo - 16/06/2019 @ 06:03:35 (GMT)
    María, es en realidad lo que Manuela Carmena dijo en su despedida. Cuidemos la democracia. Me ha gustado mucho, pero mucho tu artículo. Muchas gracias. Un abrazote, amiga.

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