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Sudán vuelve a luchar por la democracia
(Foto: Europa Press)

Sudán vuelve a luchar por la democracia

jueves 13 de junio de 2019, 22:21h
La dura represión por parte del Consejo Militar de Transición (entre la que se cuentan violaciones, más de 100 muertos y alrededor de 400 heridos) ha impactado a Sudán, que tras la dimisión del que fuera su dictador durante 30 años, Omar Hassan al-Bashir, pide democracia a través de la desobediencia civil. Tras semanas de tensiones y muertes, ayer volvieron a negociar los militares con la oposición gracias a la mediación del país vecino, Etiopía.

De los ríos siempre ha habido leyendas ligadas a rituales. En la India, por ejemplo, se cree que el río Ganges purifica el alma de los muertos de cara a la reencarnación. El río Pance, en Cali, Colombia, es testigo de sacrificios con cada otoño. Pero la realidad del río Nilo (más el río Estigia) es que guarda la sangre de decenas de sudaneses que exigen la llegada de la democracia a su país.

Las protestas en las calles de Jartum se recrudecen y la violencia con la que responde el Consejo Militar de Transición que gobierna el país es inhumana. Durante las manifestaciones de finales de mayo y primeros de junio en Sudán, el Comité de Médicos contabilizó 101 muertos (entre ellos, 40 cuerpos sacados del Nilo) y 326 heridos. Se denunciaron, además, violaciones y robos por parte de las fuerzas paramilitares, así como el apagón de internet y las redes sociales para evitar la conexión más allá de las fronteras.

El territorio arrastra la crisis actual desde que Omar Hassan al-Bashir, dictador durante 30 años, fuera despuesto por los militares el 11 de abril. Comenzó entonces la exigencia de aperturismo y libertades políticas en las calles, mientras los propios militares conformaban el Consejo Militar de Transición para ocupar los puestos de poder.

Oman Hassan al-Bashir estaba al mando durante la Segunda Guerra Civil de Sudán, donde murieron casi dos millones de civiles. Esta empezó en 1983 y acabó en 2005 con el acuerdo de un referéndum para la independencia de Sudán del Sur en 2011. Al-Bashir está acusado de genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra por papel que jugó en el conflicto de Darfur entre 2003 y 2006.

Su dimisión ante la presión desde las calles y el ejército no ha hecho más que avivar la lucha de la gente por una nación libre. Quieren que se les escuche en todo el mundo. Se les promete a golpe de corneta elecciones en un máximo de nueve meses pero no se fían. Tienen en contra a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, y la segunda mayor inflación del mundo (la cuarta es Sudán del Sur), lo que provocó que el precio del pan se disparara en diciembre y comenzarán las revueltas.

Gracias a la mediación etíope, ayer, 12 de junio, se reiniciaron las negociaciones entre los militares y la oposición. La Alianza para la Libertad y el Cambio ha desconvocado la campaña de desobediencia civil que comenzó el pasado domingo. La junta militar, por su parte, dejó en libertad el lunes a tres líderes opositores que habían sido detenidos la semana pasada y anunció la detención de “varios miembros de las fuerzas regulares” responsables de la represión del tres de junio que dejó al menos 30 muertos. Además, se ha acordado la creación de un comité para acercar posturas.

"Esperamos que el Consejo Militar de Transición actúe de forma responsable y respete el derecho del pueblo a expresar sus preocupaciones de forma pacífica sin sufrir amenazas o el uso de la violencia contra ellos", apuntan desde la Unión Europea.

Son las primeras gotas de un recorrido que debe desembocar en la paz y la estabilidad para Sudán. Pero para que aparezca la lluvia se necesita resistencia, voluntad política y, por último, pero no menos importante; difusión mediática.

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