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Sánchez debe abrir un debate sobre el socialismo madrileño…
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Sánchez debe abrir un debate sobre el socialismo madrileño…

sábado 01 de junio de 2019, 20:24h

Apenas quince días, en el caso de lo Ayuntamientos madrileño y catalán unos días más, tienen los estrategas políticos para rematar los pactos que dan y quitan poder territorial. Y aquí poco tienen que decir los cabeza de lista de los diferentes partidos. Ni Almeyda ni Díaz Ayuso tienen la mas mínima posibilidad de cambiar las decisiones de sus partidos porque ellos nunca tuvieron el poder, solo fueron la imagen de ese poder. Ahora ya han quedado atrás los cordones sanitarios, las traiciones al país y demás descalificaciones al uso electoral. Ahora de lo que se trata es de meter en la urna particular de cada uno el máximo caudal de poder.

Descartado Unidas Podemos por su debacle electoral que los ha dejado fuera de la mesa de reparto, por mucho que Pablo Iglesias trate de agarrarse a su tabla de salvación en forma de ministerio, la partida se juega entre PSOE, Ahora Madrid y Ciudadanos. Sobre la mesa tres cartas : Villacís, Carmena y Gabilondo. Tres cartas parece que no dan para muchas variaciones, pero sí las suficientes para sorprender al ingenuo espectador si se manejan con rapidez y habilidad. Si se mueven bien dejan fuera de juego no solo a Pablo Iglesias, si que también a tres protagonistas que se las prometían muy felices la noche del 26-M. Ernest Maragall, Isabel Fernández Ayuso, Jose Antonio Almeyda, con Montesinos, el hombre de VOX, como testaferro.

Descartado que Manuela Carmena y Angel Gabilondo coincidan en la cumbre del poder político madrileno, salvo que la alcaldesa en funciones juegue muy bien sus cartas para dejar maniatados a PP y CS, aprovechando el cabreo de VOX y que Abascal rompa la baraja para castigar a sus socios andaluces : sin mi no sois nada. Es su baza para no ser un convidado de piedra. Hay otra alternativa. Que PSOE y CS acuerden dar la alcaldía a Villacís y la Comunidad a Gabilondo, sea o no representante del sanchismo, una estupidez a estas alturas de la partida y con los cordones sanitarios a punto de romperse a mordiscos. Es evidente que si Albert Rivera ha decidido no formar tripartitos ni negociar con la extrema derecha un día despues de la entrevista Macron-Sánchez en Bruselas, es por el toque de atenciónn del presidente francés. Para su imagen es mejor apoyar a un partido socialista fuerte que a una derecha contaminada por el fascismo, por muy liberal que se autodenomine.

La otra carta la ha descubierto Íñigo Errejon. El presta sus diputados a cambio de que Carmena sea alcaldesa y que la Comunidad no dependa de VOX. El problema es que daría la presidencia al PP, salvo que sacrifique a su compañera de cartel y el trueque sea otra vez Villacis-Gabilondo. Difícil. En este juego de trileros quien sale perdiendo siempre es el Partido Popular de Pablo Casado que necesita siempre a VOX. Sin la extrema derecha, sin el fascismo europeo, Pablo Casado sería el gran perdedor de las elecciones y habría echado la ultima palada de tierra sobre su tumba. En estas condiciones, dependiendo de VOX para alcanzar el poder, no se entiende muy bien su euforia ni la de sus candidatos, Martínez Almeyda y Díaz Ayuso, cuando su poder va estar condicionado durante cuatro anos por las exigencias de VOX. Prisioneros del fascismo, qué gloria tendrán como juguetes rotos en manos de los Abascal, Salvini y companía. Serán los cuatro años mas penosos de los madrileños y desde luego el fin de la derecha democrática en España.

Pablo Casado, el gran perdedor de todas las elecciones, tiene una batalla muy difÍcil de ganar. No solo tiene que salvar su imagen personal. Su gran problema, y del PP, es que desde la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de La Moncloa, él también ha tenido que realquilar en Génova y sus aledanos a un elevado número de funcionarios que llevaban años mamando de la teta de la vaca del poder absoluto, sobre todo en el ámbito autonómico. Tras el 26-M, las ubres a repartir son escasas y si pierden la Comunidad madrilena y la alcaldía capitalina el hambre va a ser grande y a la par del burro la albarda. Demasiada gente sin prebendas y sin sacar pecho por las escaleras de vecinos como para que Casado no pague con sus propias carnes la leche que ya no emana de las ubres públicas.

Son cuatro años decisivos no solo para el PP. El PSOE también se juega su futuro y el de la izquierda española. En primer lugar, sean cuales sean los pactos finales, incluso aunque Gabilonde alcance la presidencia de la Comunidad, es evidente que el fracaso en Madrid empaña el éxito en el resto de España y en Europa. La constatación de que Gabilondo es más un freno que un acelerador, no ha sumado un diputado más ni aprovechando la inercia triunfadora de la socialdemocracia española, debe hacer reflexionar a Sánchez sobre su forma de elegir candidatos. Y si Gabilondo no ha confirmado las expectativas electorales, mayor fiasco ha sido Pepu Hernández, que ha cosechado los peores resultados en la historia municipal del PSOE. Ocho menguados concejales, uno menos de los conseguidos por su antecesor, el defenestrado Carmona, han metido a Pedro Sánchez en un laberinto político que no tenían previsto ni el líder ni su equipo.

El dilema de Sánchez no es fácil. Conservar la Comunidad significa pactar con CS y ceder en las exigencias de Rivera, que no serán pocas. El generoso ofrecimiento de Errejón y el obligado préstamo de Pablo Iglesias no le permite sumar. Necesita los votos de CS a cambio, eso si, de hacer alcaldesa a Begoña Villacís. Meter en la alcaldía a Ciudadanos y compartir Gobierno autonómico con alguien tan veleta como Albert Rivera tendrá consecuencias negativas para el futuro político del partido y de su lider. Por mucho que le cueste, Sánchez debe pensar en abrir un debate en profundidad en el socialismo madrileño y abrir las troneras del partido a gente dispuesta a asumir la responsablidad, como él hizo en su momento.

Sánchez debe tener la visión política y la generosidad para no buscar a sus líderes regionales solo entre sus adeptos sino entre quienes tengan el tirón popular y el nivel político necesario para aumentar el poder nacional, europeo y territorial del partido. Es evidente que una vez acabado todo el proceso de constitución de gobiernos y alcaldías, Pepu Hernandez debe tomar la decisión de abandonar el ayuntamiento para dedicarse a otros menesteres dentro del partido, si es que quiere. En la misma tesitura esta Angel Gabilondo. Si los pactos no le permiten llegar a la presidencia debería presentar su renuncia a encabezar la oposicion socialista y retirarse a la docencia universitaria.

Si finalmente Sánchez olvida la regeneración de la política y su propia experiencia y Gabilondo se apoya en CS para gobernar debe, con tranquilidad, ejecutar sus políticas de reforma para la Comunidad, capitaneadas por Gabilondo, mientras prepara en la sombra un equipo para dar el salto para gobernar en solitario a partir de 2023, si es que las circunstancias permiten agotar la legislatura. Me rafirmo en mi artículo de la semana pasada. No es mas ni menos poder. Los pactos deben llevarnos a cerrar las puertas en España y en el resto de Europa a los fascismos. Esa debe ser la prioridad de un líder político que quiera trascender y no quedarse en una anécdota dentro de la Historia de Espana.

Por cierto, que no se me olvide. La proxima semana hablaremos del Gobierno.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    3462 | Revisar el cainiso de Madrid - 01/06/2019 @ 22:58:20 (GMT)
    Mejor dicho imposible, estoy siguiendo este periódico desde que lo descrubri hace pocos meses, y siempre veo que es crítico desde un punto de vista del sentido común. Soy votante socialista pero prefiuero no tener carnet, precisamente porque no quiero ir al dictado de nadie, pero creo que algo falla en Madrid cuando el tirón Pedro Sánchez ha funcionado en todas partes menos en Madrid y Andalucía. Tendrán que revisar cómo han hecho la campaña en esta comunidad y si hay demasiada guerra por el poder. Porque no creo que sea problema del candidato Angel Gabilondo, lo de Pepu no se puede decir lo mismo, parece buen hombre, pero zapatero a tus zapatos.

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