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Cristina Fernández de Kirchner se convierte en la 'gran electora' de Argentina
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Cristina Fernández de Kirchner se convierte en la "gran electora" de Argentina

lunes 20 de mayo de 2019, 00:04h
La expresidente argentina Cristina Fernández de Kirchner aceleró la campaña presidencial en su país anunciando que la fórmula presidencial de su sector, Unidad Ciudadana, estaría encabezada por su ex Jefe de Gabinete, Alberto Fernández y que ella solo sería la vicepresidente.

En un vídeo muy bien producido, que se difundió a las 09.00 horas del 18 de mayo, la expresidente Cristina Fernández de Kirchner (65) anunció que había decidido proponer a su ex Jefe de Gabinete, Alberto Fernández (60) que encabezara la fórmula presidencial de su sector con ella en el rol secundario de candidata a Vicepresidenta para competir en las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que se llevarán a cabo el próximo 11 de agosto.

Frente a este sorpresivo anuncio de la primera fórmula presidencial para competir en los comicios generales del 27 de octubre surgen muchos interrogantes y algunas reflexiones que queremos compartir con nuestros lectores.

Con este anuncio Cristina Fernández de Kirchner (CFK) se sitúa por encima de su propio partido, de cualquier institución y del diálogo o concertación con otros dirigentes políticos de su espacio. Dijo en el vídeo claramente: “Le he pedido a Alberto Fernández que sea nuestro candidato”. Dejando bien claro que fue una decisión en solitario, una decisión personal similar a cuando designó a Amado Boudou candidato a vicepresidente. Ella decide porque los votos son suyos, es LA GRAN ELECTORA.

La decisión de CFK sobre la composición de la fórmula presidencial de Unidad Ciudadana y el peronismo kirchnerista probablemente estaba tomada desde hace algún tiempo. Pese a las versiones difundidas por el diario Infobae, el vídeo no parece confeccionado “de apuro” a último momento. Pero, la decisión de anunciar la fórmula presidencial un mes antes del cierre de listas para las PASO, algo inusual en el proceder de la expresidente, se debe casi con certeza al deseo de neutralizar la fuerte reacción social de rechazo (con “cacerolazos” incluidos) al intento de manipulación judicial de las causas por corrupción realizada por la Corte Suprema de Justicia y al inicio del primer juicio oral en su contra el 21 de mayo.

En la designación de Alberto Fernández como candidato presidencial parece haber incidido la búsqueda de una reconciliación del kirchnerismo con el peronismo histórico. Alberto Fernández tiene un pie a cada lado de la grieta peronista. Conserva buenas relaciones y diálogo con aquellos peronistas más alejados de la expresidente: Eduardo Duhalde, Roberto Lavagna y Sergio Massa. No tiene buenas relaciones con el entorno kirchnerista (mantiene una enemistad manifiesta con Guillermo Moreno, por ejemplo) pero para superarla cuenta con el respaldo de CFK, la “jefa” para ordenar la tropa kirchnerista.

La candidatura de Alberto Fernández seguramente no aportará votos independientes (Alberto Fernández, es el mismo dirigente que amenazó, tan solo la semana pasada, con investigar a los jueces que llevan adelante casos de corrupción contra CFK). Pero, es el candidato mejor posicionado para retener la mayor cantidad de votos peronistas, incluso los provenientes de sectores ex menemistas.

Al resignar la candidatura presidencial, CFK ensaya un renunciamiento histórico (como cuando, el 31 de agosto de 1951, Eva Perón renunció a la candidatura a vicepresidente para superar cuestionamientos de las FF. AA.). Esta actitud es coherente con la tendencia de la expresidente a victimarse ante el pueblo.

Cristina Kirchner eligió, como candidato presidencial, a un político con buen nivel de diálogo con todos los sectores pero sin partido propio, carente de base territorial y prácticamente sin un “círculo íntimo” formado por políticos de nivel ministerial. En 2012, intentó fundar un nucleamiento propio, el Partido del Trabajo y la Equidad (PARTE), pero la experiencia terminó en un fracaso.

Alberto Fernández nunca ganó una elección como candidato, siempre fue un “armador”, un estratega político sin votos propios al que otros políticos situaban en cargos de importancia. Cuando dirigía el Partido Justicialista de la ciudad de Buenos Aires sus candidatos perdieron en todas las elecciones. El único cargo electivo que ejerció no fue en listas peronistas. Fue electo diputado de la ciudad de Buenos Aires (concejal) en el año 2000 por un partido de la derecha liberal “Acción por la República” que llevaba como candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad al economista Domingo Cavallo, alejado del peronismo.

Alberto Fernández es, por tanto, un candidato removible. Si después de ganar la elección presidencial el ala kirchnerista del peronismo busca su renuncia para que asuma CFK, ningún sector lo defenderá. Alberto Fernández, es la versión siglo XXI de Héctor J. Cámpora (1973), aquel presidente que solo gobernó 49 días y luego renunció para posibilitar el acceso al gobierno de Juan D. Perón.

Por lo cual, algunos han lanzado la antigua consigna de “Alberto al gobierno, Cristina al poder”, otros simplemente lo ven como un “títere” al servicio de la “Jefa”. Es que ninguno de los que conocen el auténtico temperamento de Cristina Kirchner la imaginan observando pasivamente, en un segundo plano, como Mauricio Macri le coloca la banda presidencial a Alberto Fernández. Ella, que en 2015 se negó a entregarle la banda al actual presidente, aspira a ver a Macri atravesar las horcas caudinas y recibir de sus manos la banda presidencial el próximo 10 de diciembre. Por lo que Alberto Fernández podría ganar la elección y luego ser forzado a renunciar antes de asumir para dejarle la presidencia a Cristina.

Tampoco nadie imagina a Cristina ocupando el papel protocolar de segundona que la Constitución argentina asigna a los vicepresidentes. Por último, si CFK removiera a Alberto Fernández de la presidencia, podría gobernar de la forma que más le gusta, sin vicepresidente.

La candidatura presidencial de Alberto Fernández mantiene a Cristina Kirchner es un cómodo y discreto segundo plano. En esta forma la expresidenta no estará forzada a participar de debates televisivos u otorgar molestas entrevistas de prensa con periodistas independientes.

Todo el peso de la campaña política, de recorrer el país hablando con la gente y de la continua exposición mediática recaerá sobre Alberto Fernández. En esta forma Cristina Kirchner eludirá responder preguntas incómodas sobre la corrupción en sus anteriores gobiernos. Por último, si llegase a perder en una segunda vuelta electoral, será Alberto y no ella quién habrá fracasado.

Poner su propio candidato, un hombre que le debe todo, permite a CFK tener garantías de que el peronismo, una vez en el gobierno, no la dejará sola ante sus problemas judiciales. Además, en esta forma CFK seguirá teniendo la última palabra en la confección de las listas de candidatos a legisladores nacionales y a otros cargos como los estratégicos intendentes de la provincia de Buenos Aires. De hecho Cristina designó a su hijo Máximo para “armar” las candidaturas bonaerenses. Seguramente, los dirigentes provenientes de La Cámpora (que son seguidores incondicionales de la expresidente) ocuparán posiciones importantes en esas listas.

Cristina Fernández, otra parte, cuenta con un plan económico para un futuro gobierno kirchnerista. Se trata de implementar un “Acuerdo o Pacto Social” que buscará contener la inflación y la continua devaluación del peso en base a un acuerdo entre empresarios y la CGT impuesto por el gobierno. El Acuerdo congelará por uno o dos años las tarifas de los servicios públicos y el transporte, también quedarán fijos los precios del combustible y de los productos esenciales, así como los salarios. Impondrá limitaciones a las importaciones y a la libre adquisición de dólares por los particulares y las empresas.

También buscará renegociar con el FMI los pagos de la deuda externa amenazando con el default.

A mediano plazo, este plan provocará desabastecimiento y la aparición de un “mercado negro” para productos esenciales, importados y dólares y a largo plazo provocará un brote hiperinflacionario.

Por último, la candidatura de Alberto Fernández complace a los sectores peronistas que buscan un candidato libre de acusaciones por corrupción, aunque no está totalmente libre de las mismas. CFK busca mantener unido al peronismo para vencer en las elecciones y retornar al poder. Así lo dice claramente en el vídeo: “El peronismo unido, jamás será vencido”.

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