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La agenda 2030 también se juega en las próximas elecciones

La agenda 2030 también se juega en las próximas elecciones

lunes 18 de marzo de 2019, 23:02h
El Gobierno que salga de las urnas el 28 de abril deberá dar continuidad a lo avanzado por el actual en la apropiación de la agenda 2030 como agenda de país. Es cierto que la agenda no es propiedad de una ideología pero las políticas de igualdad de oportunidades, de sostenibilidad, de consolidación y avance en derechos y libertades que harán posible los ODS sí tienen ideología.

El paso del tiempo suele poner a cada uno en su lugar y algo así sucederá con el Gobierno que preside Pedro Sánchez. Habría que navegar mucho en la historia de nuestro país para encontrar una concentración de medidas en beneficio de la ciudadanía como la que se está produciendo con este gobierno.

Los gobiernos del Partido Popular recortaron en derechos, en libertades, en igualdad de oportunidades llevando también su perverso concepto de austeridad al cumplimiento de los compromisos internacionales de España.

En 2015 se aprobaron dos grandes acuerdos internacionales llamados ambos a un cambio de modelo global que garantice la pervivencia de la humanidad de manera sostenible económica, social y ambientalmente y sin dejar a nadie atrás. Se trata de la agenda de desarrollo sostenible 2030 (en adelante agenda 2030) y el Acuerdo de París por el clima.

Si bien el gobierno anterior hizo gestos en relación a ambos acuerdos no fue hasta la llegada del gobierno socialista tras la moción de censura que se abordaron de manera seria con acciones concretas tanto en el ámbito nacional como internacionaldestacando la creación del Alto Comisionado para la agenda 2030 o del Ministerio de transición ecológica.En este artículo me centraré en la agenda 2030.

Durante décadas la comunidad internacional se ha puesto de acuerdo sobre “los deberes” que debían hacer los países en desarrollo para reducir la pobreza y mejorar las necesidades básicas de su población. Estos países debían rendir cuentas puntualmente sobre su progreso en los objetivos marcados y atender las recomendaciones que se les daba.

Al mismo tiempo estos objetivos han sido tradicionalmente cuantitativos, sin abordar una transformación real del sistema o las causas de los problemas a los que se pretendía dar respuesta que era ampliamente demandada fundamentalmente por la sociedad civil.

Estas son las cuestiones clave por las que la agenda 2030 supone un cambio de paradigma. Se trata de una agenda universal que interpela a todos los países puesto que las desigualdades, la pobreza y la exclusión no son patrimonio de ningún país sino que existen en todos coexistiendo en muchos casos, como el nuestro, con altos niveles de riqueza y bienestar en una clara muestra de que la globalización no ha sido ni justa ni inclusiva.

Del mismo modo, la agenda 2030 es una agenda transformadora, apelando al cambio de modelo. Como decía Einstein “locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes” y no podremos mejorar los datos de pobreza y desigualdad, garantizar un futuro sostenible a nuestros hijos e hijas si no se adoptan políticas públicas que aborden las causas que las generan y se cambia un modelo excluyente por otro que no deje a nadie atrás.

La crisis de la pasada década evidenció cuán frágiles eran los cimientos sobre los que se asentaba el crecimiento. Lejos de cumplirse la profecía que anunció Nicolás Sarkozi de una refundación del capitalismo, y que él mismo incumplió, las medidas para responder a la mayor crisis económica global desde 1929 abundaron en un modelo que a todas luces ya se había confirmado como excluyente y generador de desigualdades.

El mundo perdió entonces la oportunidad de reflexionar sobre lo acertado de ponderar una sociedad en función de sus cifras de crecimiento económico y explorar propuestas que recondujeran la globalización.

La dictadura del PIB sitúa en la sombra cuestiones como la ciencia y el conocimiento, las políticas sociales sometiendo el bienestar de la ciudadanía a las cifras de crecimiento económico.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y las 169 metas que conforman la agenda 2030 constituyen el contrato social global e intergeneracional del que nos hemos dotado como comunidad internacional incorporando al desarrollo las tres dimensiones de sostenibilidad la social, la económica y la ambiental. Una agenda para no dejar a nadie atrás, tampoco a las generaciones futuras.

Los objetivos se pueden agrupar en torno a las tres dimensiones de sostenibilidad necesarias para un desarrollo que no deje a nadie atrás.

La dimensión social abordando la pobreza, el hambre y la seguridad alimentaria, la salud, la educación, la igualdad de género y el derecho al agua (ODS del 1 al 6);
la dimensión económica y productiva en la que se incluyen los objetivos relativos a la energía, el trabajo decente y el crecimiento económico, la industria, innovación e infraestructuras y la reducción de las desigualdades (ODS del 7 al 10);
la dimensión ambiental con los objetivos relacionados con la sostenibilidad de las ciudades y comunidades, el modelo de producción y consumo, la acción por el clima y la protección de los ecosistemas (ODS del 11 al 15).

En torno a estas tres dimensiones se agruparían 15 de los 17 objetivos quedando como objetivos transversales el relativo a la gobernanza, a la paz, la justicia y las instituciones y el objetivo 17 sobre las alianzas necesarias para el éxito de la agenda.

Los ODS son interdependientes y, por tanto, exigen un enfoque holístico, de coherencia de políticas que guíe el conjunto de la acción de gobierno de manera que viremos de un modelo que excluye a uno que incluye y genera igualdad y sostenibilidad.

No dejar a nadie atrás exige un planteamiento desde la igualdad de oportunidades, desde el abordaje de las causas que favorecen las vulnerabilidades que sufren las personas y colectivos que han sido excluidos por una globalización injusta y definir un desarrollo que no se oriente exclusivamente por el PIB sino por el bienestar de los ciudadanos y ciudadanas.

Y en este bienestar no podemos dejar de lado la calidad de la gobernanza. Estamos siendo testigos de cómo se cuestionan los principios básicos de la democracia, se ponen en tela de juicio los tan costosamente conseguidos avances en igualdad entre mujeres y hombres o la igualdad entre seres humanos.

Sin una política del diálogo, del acuerdo, de la palabra, en definitiva, sin la política, no será posible dar cumplimiento a la agenda. Como tampoco lo será sin la conculcación del conjunto de la sociedaden una suerte de construcción de un renovado sentimiento de pertenencia y ciudadanía global.

La agenda 2030 es el tronco de la construcción de sociedades resilientes, de la recuperación de quienes han sido excluidos, de quienes se han quedado atrás.

El Gobierno que salga de las urnas el 28 de abril deberá dar continuidad a lo avanzado por el actual en la apropiación de la agenda 2030 como agenda de país. Es cierto que la agenda no es propiedad de una ideología pero las políticas de igualdad de oportunidades, de sostenibilidad, de consolidación y avance en derechos y libertades que harán posible los ODS sí tienen ideología.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    3207 | William Ruiz - 21/03/2019 @ 20:41:11 (GMT)
    Resulta triste que la única alternativa política sea un mediocre como Pedro Sánchez, pero hay que votarlo. Al frente sólo tenemos a los cavernarios de Casado, Voz y Podemos (Los del Fascismo del Siglo XXI).

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